Anthony de Mello - Reflexiones Sobre El Ser, El Amor Y Algunas Parábolas Para Interiorizar


RESUMEN ANTONY DE MELLO


MEDITACIONES - UNA LLAMADA AL AMOR



La mística de las acciones no lucrativas, indispensable para cualquiera que desee contribuir a la construcción de una sociedad más justa y humana.


Recuerde la clase de sentimiento que experimentas cuando alguien te elogia, cuando te ves aprobado, aceptado, aplaudido... Y compáralo con el sentimiento que brota en tu interior cuando contemplas la salida o la puesta del sol, o la naturaleza en general,  o cuando lees un libro o ves una película que te gusta de veras. Trata de revivir este último sentimiento y compáralo con el primero, el producido por el hecho de ser elogiado. Comprende que este primer tipo de sentimiento proviene de tu propia "glorificación" y "promoción" y es un sentimiento mundano, mientras el segundo proviene de tu propia realización y es un sentimiento anímico.


Trata de comprender la verdadera naturaleza de los sentimientos mundanos, es decir, los sentimientos de autobombo y vanagloria, que no son naturales, sino que han sido inventados por tu sociedad y tu cultura para hacer que seas productivo y poder controlarte. Dichos sentimientos no proporcionan el sustento y la felicidad que se producen cuando contemplas la naturaleza o disfrutas de la compañía de un amigo o de tu propio trabajo, sino que han sido ideados para producir ilusiones, emoción... y vacío.



La razón por la que eres infeliz es porque no dejas de pensar en lo que no tienes, en lugar de pensar más bien en lo que tienes en este momento.

Lo que te hace feliz o desdichado no es el mundo ni las personas que te rodean, sino los pensamientos que albergas en tu mente.


Si las personas desean tanto la felicidad, ¿por qué no intentan comprender sus falsas creencias? En primer lugar, porque nunca las ven como falsas, ni siquiera como creencias. De tal modo han sido "programadas" que las ven como hechos, como realidad. En segundo lugar, porque les aterra la posibilidad de perder el único mundo que conocen: el mundo de los deseos, los apegos, los miedos, las presiones sociales, las tensiones, las ambiciones, las preocupaciones, la culpabilidad..., con los instantes de placer, de consuelos y de entusiasmo que tales cosas proporcionan. Imagínate a alguien que temiera liberarse de una pesadilla, porque, a fin de cuentas, fuera ése el único mundo que conociera...: he ahí tu retrato y el de muchas otras personas.


Un apego no es un hecho. Es una creencia, una fantasía de tu mente, adquirida mediante una "programación". Si esa fantasía no existiera en tu mente, no estarías apegado. Amarías las cosas y las personas y disfrutarías de ellas; pero, al no existir la creencia, disfrutarías de ellas sin ataduras de ningún tipo. ¿Existe, de hecho, otra forma de disfrutar realmente de algo? Pasa revista a todos tus apegos y ataduras, y dile a cada persona u objeto que te venga a la mente: "En realidad no estoy apegado a ti en absoluto. Tan sólo estoy engañándome a mí mismo creyendo que sin ti no puedo ser feliz" Limítate a hacer esto con toda honradez, y verás el cambio que se produce en ti: "En realidad no estoy apegado a ti en absoluto. Tan sólo estoy engañándome a mí mismo creyendo que sin ti no puedo ser feliz".


Hay una sola cosa que origina la infelicidad: el apego. El apego te hace vulnerable al desorden emocional y amenaza constantemente con hacer añicos tu paz.

Puedes tener todos los apegos que quieras. Pero por cada uno de ellos tendrás que pagar un precio en forma de pérdida de felicidad. Fíjate bien: los apegos son de tal naturaleza que, aun cuando lograras satisfacer muchos de ellos a lo largo de un día, con que sólo hubiera uno que no pudieras satisfacer, bastaría para obsesionarte y hacerte infeliz. No hay manera de ganar la batalla de los apegos. Pretender un apego sin infelicidad es algo así como buscar agua que no sea húmeda. Jamás ha habido nadie que haya dado con la fórmula para conservar los objetos de los propios apegos sin lucha, sin preocupación, sin temor y sin caer, tarde o temprano derrotado.


En realidad, sin embargo, si hay una fórmula de ganar la batalla de los apegos: renunciar a ellos. Contrariamente a lo que suele creerse, renunciar a los apegos es fácil. Todo lo que hay que hacer es ver, pero ver realmente, las siguientes verdades. PRIMERA VERDAD; estás aferrado a una falsa creencia, a saber, la que sin una cosa o persona determinada no puedes ser feliz. Examina tus apegos uno a uno y comprobarás la falsedad de semejante creencia. Tal vez tu corazón se resista a ello; pero, en el momento en que consigas verlo, el resultado emocional se producirá de inmediato y en ese mismo instante el apego perderá su fuerza. SEGUNDA VERDAD: si te limitas a disfrutar las cosas, negándote a quedar apegado a ellas, es decir, negándote a creer que no podrás ser feliz sin ellas, te ahorrarás toda la lucha y toda la tensión emocional que supone el protegerlas y conservarlas. ¿No conoces lo que es poder conservar todos los objetos de tus distintos apegos sin renunciar a uno sólo de ellos, y poder disfrutarlos más a fin a base de no apegarte ni aferrarte a ellos, porque te encuentras pacífico y relajado y no sientes la menor amenaza en relación a su disfrute? TERCERA Y ÚLTIMA VERDAD: Si aprendes a disfrutar el aroma de un millar de flores, no te aferrarás a ninguna de ellas ni sufrirás cuando no puedas conseguirla. si tienes mil platos favoritos, la pérdida de uno de ellos te pasará inadvertida, y tu felicidad no sufrirá menoscabo.  Pero son precisamente tus apegos los que te impiden desarrollar un más amplio y más variado gusto por las cosas y las personas.


¿Quieres ser alguien especial para otra persona? Entonces has de pagar un precio en forma de pérdida de libertad.


Tal vez ahora estés ya en condiciones de decir: "Prefiero mi libertad antes que tu amor". Si tuvieras que escoger entre tener compañía en la cárcel o andar libremente por el mundo en soledad, ¿qué escogerías?  Dile ahora a esa persona: "Te dejo que seas tú mismo/a, tener tus propios pensamientos, satisfacer tus propios gustos, seguir tus propias inclinaciones, comportarte tal como decidas que quieres hacerlo... " En el momento en que digas esto, observarás una de estas dos cosas: o bien tu corazón se resistirá a pronunciar esas palabras y te revelarás como la persona posesiva y explotadora que eres (con lo que es hora que examines tu falsa creencia de que no puedes vivir o no puedes ser feliz sin esa otra persona), o bien tu corazón pronunciará dichas palabras sinceramente, y en ese mismo instante se esfumará todo tipo de control, de manipulación, de explotación, de posesividad, de envidia... "Te dejo que seas tu mismo: que tengas tus propios pensamientos, que satisfagas tus propios gustos, que sigas tus propias inclinaciones, que te comportes tal como decidas que quieres hacerlo..."


Y observarás también algo más: que la otra persona deja automáticamente de ser algo especial e importante para ti, pasando a ser importante del mismo modo en que una puesta de sol o una sinfonía son hermosas en sí mismas, del mismo modo en que un árbol es algo especial en sí mismo y no por los frutos o la sombra que pueda ofrecerte. Compruébalo diciendo de nuevo: "Te dejo que seas tú mismo..." Al decir estas palabras te has liberado a ti mismo. Ahora ya estás en condiciones de amar. Porque, cuando te aferras a alguien desesperadamente, lo que le ofreces a la otra persona no es amor, sino una cadena con la que ambos, tú y la otra persona amada, quedáis estrechamente atados.


El amor sólo puede existir en libertad. El verdadero amante busca el bien de la persona amada, lo cual requiere especialmente la liberación de ésta con respecto a aquél.

Si deseas reformar tu corazón, tienes que tomarte tiempo para pensar seriamente en cuanto a verdades libertadoras.

Primera verdad: debes escoger entre tu apego y la felicidad. No puedes tener ambas cosas. en el momento en que adquieres un apego, tu corazón deja de funcionar como es debido, y se esfuma tu capacidad de llevar una existencia alegre, despreocupada y serena. Comprueba cuán verdadero es esto si lo aplicas al apego que has elegido.


Segunda verdad: ¿de dónde te vino ese apego? No naciste con él, sino que brotó de una mentira que tu sociedad y tu cultura te han contado, o de una mentira que te has contado tú a ti mismo, a saber, que sin tal cosa o tal otra, sin esta persona o la de más allá, no puedes ser feliz. Simplemente, abre los ojos y comprueba la falsedad de semejante aserto. Hay centenares de personas que son perfectamente felices sin esa persona o esa circunstancia que tu tanto ansías y sin la cual estás convencido de que no puedes ser feliz. Así pues, elige entre tu apego y tu libertad y felicidad.


Tercera verdad: si deseas estar plenamente vivo, debes adquirir y desarrollar el sentido de la perspectiva . La vida es infinitamente más grande que esa nimiedad a la que tu corazón te ha apegado y a la que tú has dado el poder de alterarte de ese modo. Una nimiedad, si, porque si vives lo suficiente, es muy fácil que algún día esa cosa o persona dejen de importarte... y hasta puede que ni siquiera te acuerdes de ella, como podrás comprobar por tu experiencia. Hoy mismo, apenas recuerdes aquellas tremendas tonterías que tanto te inquietaron en el pasado y que ya no te afectan en lo más mínimo.


Y llegamos a la cuarta verdad, que te lleva a la inevitable conclusión de que ninguna cosa o persona que no seas tú tiene el poder de hacerte feliz o desdichado. Seas o no consciente de ello, eres tú, y nadie más que tú, quien decide ser feliz o desdichado, según te aferres o dejes de aferrarte al objeto de tu apego en una situación dada.


Si reflexionas sobre estas verdades, puede que tomes consciencia de que tu corazón se resiste a ellas o que, por el contrario, busca razones en su contra y se niega a tomarlas en consideración. Será señal de que tus apegos no te han hecho  sufrir lo bastante como para desear realmente reparar tu "radio espiritual". También es posible que tu corazón no se resista a dichas verdades; en tal caso, alégrate de ello: es señal de que el arrepentimiento, la "remodelación" de tu corazón, ha comenzado.

Si eres capaz de verlo, experimentarás el deseo de liberarte de dicho apego. El problema es: ¿cómo hacerlo? La mera renuncia o el simple alejamiento no sirven de nada, porque el hacer desaparecer el sonido de la percusión volverá a hacerte tan duro e insensible como lo eras cuando te fijabas únicamente en dicho sonido. Lo que necesitas no es renunciar, sino comprender, tomar consciencia. Si tus apegos te han ocasionado sufrimiento y aflicción, ésa es una buena ayuda para comprender. Si, al menos una vez en la vida has experimentado el dulce sabor de la libertad y la capacidad de disfrutar la vida que proporciona la falta de apegos, eso te será igualmente útil. También ayuda el percibir conscientemente el sonido de los demás instrumentos de la orquesta. Pero lo verdaderamente insustituible es tomar consciencia de la pérdida que experimentas cuando sobrevalora la percusión y te vuelves sordo al resto de la orquesta.


El día en que esto suceda y se reduzca tu apego a la percusión, ese día ya no dirás a tu amigo: "¡Qué feliz me has hecho!". Porque al decírselo, lo que haces es halagar su "ego" e inducirle a querer agradarte de nuevo, además de engañarte a ti mismo creyendo que tu felicidad depende de él. Lo que le dirás más bien será: "Cuando tú y yo nos encontramos ha brotado la felicidad". Lo cual hace que la felicidad no quede contaminada por su "ego" ni por el tuyo, porque ninguno de los dos puede atribuirse el mérito de la misma. Y ello os permitirá a ambos  separaros sin ningún tipo de apego excesivo y experimentar lo que vuestro mutuo encuentro ha producido, porque ambos habréis disfrutado, no el uno del otro, sino de la sinfonía nacida de vuestro encuentro. Y cuando tengas que pasar a la siguiente situación, persona u ocupación, lo harás sin ningún tipo de sobrecarga emocional, y experimentarás el gozo de descubrir que en esa siguiente situación, y en la siguiente, y en cualesquiera situaciones sucesivas, brota también la sinfonía, aunque la melodía sea diferente en cada caso.


Una buena acción nunca es tan buena como cuando no tienes consciencia de que lo sea; cuando estás tan enamorado de la acción que no eres consciente de su bondad y su virtud; cuando tu mano izquierda no tiene ni idea de que tu mano derecha esté haciendo algo bueno o meritorio; cuando, simplemente, lo haces porque te parece lo más natural y espontáneo del mundo.

La segunda cualidad es su facilidad, o no necesidad de realizar esfuerzo alguno.


El cambio es fruto únicamente del conocimiento y la comprensión. Comprende tu infelicidad, y ésta desaparecerá y dará paso al estado de felicidad. Comprende tu orgullo, y éste se vendrá abajo y se transformará en humildad. Comprende tus temores y éstos se disolverán, y el estado resultante será el amor. Comprende tus apegos, y éstos se desvanecerá, y la consecuencia será la libertad. El amor, la libertad y la felicidad no son cosas que tú puedas cultivar y producir.


Considera tu vida y comprueba cómo has llenado su vacío a base de personas, con lo que les has dado un absoluto dominio sobre ti. Fíjate cómo ellas, con su aprobación o su desaprobación, determinan tu comportamiento. Observa cómo tienen el poder de aliviar tu soledad con su compañía, de levantarte la moral con sus elogios, de hundirte en la miseria con sus críticas y su rechazo. Comprueba cómo tú mismo empleas la mayor parte del tiempo en tratar de aplacar y agradar a los demás ya estén vivos o muertos. Te riges por sus normas, te adaptas a sus criterios, buscas su compañía deseas su amor, temes sus burlas, anhelas un aplauso, aceptas dócilmente la culpabilidad que descargan sobre ti...


De tal manera han llegado a ser las personas parte de tu propio ser que ni siquiera te resulta imaginable vivir sin sentirte afectado o controlado por ellas. De hecho, ellas mismas te han convencido de que, si alguna vez llegas a independizarte de ellas, te convertirás en una solitaria, desierta e inhóspita isla. Sin embargo, es justamente todo lo contrario, porque ¿cómo puedes amar a alguien de quien eres esclavo? ¿Cómo puedes amar a una persona sin la cual eres incapaz de vivir? A lo mas, podrás desearla, necesitarla, depender de ella, tenerla y ser dominado por ella. Pero el amor sólo puede darse en la falta absoluta de temor y en la libertad.

¿Cómo puedes alcanzar esa libertad?. Es preciso que cultives aquellas actividades que te gustan. debes descubrir qué es aquello que haces, no por la utilidad que te reporta, sino porque quieres hacerlo.

¿Cuantas actividades hay en tu vida en las que te embarcas simplemente porque te producen gozo y te atraen irresistiblemente? trata de descubrirlas y cultívalas, porque son tu pasaporte hacia la libertad y el amor.


Si deseas que este amor exista en tu vida, debes liberarte de tu dependencia interna respecto de las personas, tomando consciencia de ella y emprendiendo actividades que te guste realizar por sí mismas.


Observa el maravilloso cambio que se produce en ti cuando dejas de ver a los demás como buenos y malos, como justos y pecadores, y empiezas a verlos como inconscientes e ignorantes. Debes renunciar a tu falsa creencia de que las personas pueden pecar conscientemente. Nadie puede pecar "a consciencia". En contra de lo que erróneamente pensamos, el pecado no es fruto de la malicia, sino de la ignorancia. "Padre perdónalos, porque no saben lo que hacen..." Comprender esto significa adquirir esa cualidad no discriminatoria que tanto admiramos en la rosa, en la lámpara, en el árbol...


La segunda cualidad del amor es su gratuidad. Al igual que el árbol, la rosa o la lámpara, el amor da sin pedir nada a cambio.

La tercera cualidad del amor es su falta absoluta de auto -consciencia, su espontaneidad.

Y la cuarta y última cualidad del amor es su libertad.                             


Y el endurecimiento mata la sensibilidad. ¿Cómo puedes llegar a poseer esta clase de amor auténtico? No puedes, porque ya está dentro de ti. Todo lo que tienes que hacer es quitar los obstáculos que tú mismo pones a la sensibilidad, y ésta saldrá a la superficie.

Cuando estás enamorado, te sorprendes a ti mismo mirando a todo el mundo con ojos distintos; te vuelves generoso, compasivo, bondadoso, donde antes tal vez eras duro y mezquino. E, inevitablemente, los demás comienzan a reaccionar para contigo de la misma manera, y no tardas en comprobar que vives en un mundo de ternura que tú mismo has creado. En cambio, cuando lo que predomina en ti es el mal humor y te irritas fácilmente y te muestras ruin, suspicaz y hasta paranoide, en seguida compruebas que todo el mundo reacciona ante ti de manera negativa, y te encuentras viviendo en un mundo hostil, creado por tu mente y tus emociones.


¿Cómo podrías intentar crear un mundo feliz, amable y pacífico? Aprendiendo el sencillo y hermoso, aunque arduo "arte de mirar". Se trata de hacer lo siguiente: cada vez que te encuentres irritado o enojado con alguien, a quien tienes que mirar es a ti, no a esa persona. Lo que tienes que preguntarte no es: "¿Qué le pasa a este individuo?", sino: "Qué pasa conmigo, que estoy tan irritado?". Intenta hacerlo ahora mismo. Piensa en alguna persona cuya sola presencia te saque de quicio y formúlate a ti mismo esta dolorosa pero liberadora frase: "La causa de mi irritación no está en esa persona sino en mí mismo". Una vez dicho esto, trata de descubrir por qué y cómo se origina esta irritación. En primer lugar, considera la posibilidad, muy real, de que la razón por la que te molestan los defectos de esa persona, o lo que tú supones que lo son, es porque tú mismo tienes esos defectos; lo que ocurre es que los has reprimido y por eso los proyectas inconscientemente en el otro. Esto sucede casi siempre, aunque casi nadie lo reconoce. Trata, pues, de descubrir los defectos de esa persona en tu propio interior, en tu mente inconsciente, y tu irritación se convertirá en agradecimiento hacia dicha persona, que con su conducta te ha ayudado a desenmascararte.


Otra cosa digna de considerar es la siguiente: ¿No será que lo que te molesta de esa persona es que sus palabras o su comportamiento ponen de relieve algo de tu vida y de ti mismo que tú te niegas a ver? Fíjate cómo nos molestan el místico y el profeta que parecen alejarse mucho de lo místico o de lo profético cuando nos sentimos cuestionados por sus palabras o por su vida.


Una tercera cosa también está muy clara: tú te irritas contra esa persona porque no responde a las expectativas  que has sido "programado" para abrigar respecto a ella. Tal vez tengas derecho a exigir que esa persona responda a tu "programación"  siendo, por ejemplo, cruel o injusta, en cuyo caso no es necesario que sigas considerando esto. Pero, si tratas de cambiar a esa persona o de poner fin a su comportamiento, ¿no serías mucho más eficaz si no estuvieras irritado? La irritación sólo conseguirá embotar tu percepción y hacer que tu acción sea menos eficaz. Todo el mundo sabe que, cuando un deportista pierde los nervios, la calidad de su juego decrece, porque la pasión y el acaloramiento le hacen perder coordinación. En la mayoría de los casos, sin embargo, no tienes derecho a exigir que la otra persona responda a tus expectativas; otras personas en tu lugar, ante dicho comportamiento, no experimentarían irritación alguna. No tienes más que pensar detenidamente en esta verdad, y tu irritación se diluirá. ¿o es absurdo por tu parte exigir que alguien viva con arreglo a los criterios y normas que tus padres te han inculcado?


Finalmente, he aquí otra verdad que deberías considerar: teniendo en cuenta la educación, la experiencia y los antecedentes de esa persona, seguramente no puede dejar de comportarse como lo hace. Alguien ha dicho, con mucho acierto, que comprender todo es perdonar todo. Si tú comprendes realmente a esa persona, la considerarás como una persona deficiente, pero no censurable, y tu irritación cesará al instante. Y en seguida comprobarás que comienzas a tratar a esa persona con amor y que ella te responde del mismo modo, y te encontrarás viviendo en un mundo de amor que tú mismo has creado.


Lo que puede alegrarte es mi compañía, no mi cumplido; mi actual interacción contigo, no mi elogio.

Si logras tener esa clase de consciencia del otro y de ti mismo, sabrás lo que es el amor, porque poseerás una mente y un corazón alerta, vigilantes, claros y sensibles; una claridad de percepción y una sensibilidad que te harán reaccionar correcta y adecuadamente en cada situación y en cada momento. Unas veces te verás irresistiblemente llamado a la acción; otras, te refrenarás y te contendrás. Unas veces te verás obligado a ignorar a los demás; otras, les prestarás la atención que solicitan. Unas veces te mostrarás amable, y complaciente; otras, duro, intransigente, enérgico y hasta violento. Y es que el amor, que brota de la sensibilidad, adopta las más inesperadas formas y responde, no a pautas y principios preconcebidos , sino a la realidad concreta del momento.

Piensa en algunas de las personas a las que aprecias y que te atraigan. Intenta ver a cada una de ellas como si fuera la primera vez, sin dejarte influenciar por el conocimiento o la experiencia, buena o mala, que tengas de ellas. Intenta descubrir en ellas algo que, debido a la familiaridad, se te haya pasado por alto, porque la familiaridad produce rutina, ceguera y aburrimiento. No puedes amar lo que no eres capaz de ver de un modo nuevo. No puedes amar lo que no eres capaz de estar constantemente descubriendo.

Examinar, observar y comprender es perdonar.

Todo lo que tenías era una cierta cordialidad y benevolencia, una cierta simpatía e interés por los demás, que erróneamente considerabas que era amor, pero que tienen tan poco en común con el amor como la mortecina luz de una vela con la luz del sol.


¿Qué es amar? Es ser sensible a cada porción de la realidad dentro y fuera de ti y, al mismo tiempo, reaccionar con entusiasmo hacia dicha realidad, unas veces para abrazarla, otras para atacarla, otras para ignorarla, y otras para prestarle toda tu atención, pero siempre respondiendo a ella, no por necesidad, sino por sensibilidad.


¿Y qué es un apego? Es una necesidad compulsiva que embota tu sensibilidad, una droga que enturbia tu percepción. Por eso, mientras tengas el más mínimo apego hacia cualquier cosa o persona, no puede nacer el amor.


Pero no hay que confundir esta libertad con la indiferencia  de quienes jamás han conocido la fase del apego. ¿Cómo vas a arrancarte un ojo o cortarte una mano que no tienes? Esa indiferencia, que tantas personas confunden con el amor (como no están apegados a nadie, piensan que aman a todo el mundo), no es sensibilidad, sino endurecimiento de corazón originado por un rechazo, por una desilusión o por la práctica de la renuncia.


¿Por qué la violencia? Porque, por sí sola, la vida jamás podría producir amor, sino solamente conducir a la atracción, de la atracción al placer, y más tarde al apego y la satisfacción, que finalmente conduce al cansancio y al aburrimiento. Viene a continuación una fase neutra o "de meseta"... Y vuelta a empezar: la atracción, el placer, el apego, la satisfacción... Todo ello mezclado de ansiedades, celos, posesividad, tristeza, dolor, etc., lo cual convierte el ciclo en una especie de "montaña rusa".


Cuando se ha repetido una y otra vez el ciclo, llega un momento en que acabas harto y quisieras poner fin a todo el proceso. Si tienes la suerte  de no topar con ninguna otra cosa o persona que atraiga tu atención, podrás al fin obtener una paz un tanto frágil y precaria. eso es lo más que la vida puede darte, aunque es posible que lo confundas con la libertad y consiguientemente, acabes muriéndote sin haber conocido jamás lo que significa ser realmente libre y amar.


No. Si deseas liberarte del ciclo y acceder al mundo del amor, deberás atacar mientras el apego siga vivito y coleando, no una vez que lo hayas superado. Y deberás atacar, no con el bisturí de la renuncia, porque esa clase de mutilación no hace más que endurecer, sino con el bisturí de la consciencia.


¿Y de qué debes ser consciente? De tres cosas: en primer lugar, debes ver el sufrimiento que esa "droga" te está ocasionando, los altibajos, los estremecimientos, las ansiedades, las decepciones y el aburrimiento a que inevitablemente te conduce. En segundo lugar, debes darte cuenta de que esa "droga" está escamoteándote algo, a saber, la libertad de amar y disfrutar de cada minuto y cada cosa de la vida. En tercer lugar, debes comprender que, debido a tu adicción y a tu programación, has atribuido al objeto de tu apego una belleza y un valor que, sencillamente, no posee: aquello de lo que estás tan enamorado tan sólo está en tu mente, no en la cosa o persona amada. Si logras ver esto, el bisturí de la consciencia deshará el hechizo.


Cuando uses el bisturí de la consciencia para pasar del apego al amor, hay algo que debes tener en cuenta: no seas severo ni impaciente ni te detestes a ti mismo.


La orquesta está dentro de ti, y la llevas consigo a donde quiera que vayas. Las cosas y las personas exteriores a ti no hacen sino determinar la melodía concreta que la orquesta debe interpretar. Y cuando no hay nada ni nadie que atraiga tu atención, la orquesta tocará su propia música, porque no necesita ningún estímulo externo. Ahora llevas en tu corazón una felicidad que nada ajeno a ti puede darte ni arrebatarte.


Mientras tu felicidad esté originada o sostenida por algo o alguien exterior a ti, seguirás en la región de los muertos. El día en que seas feliz sin razón alguna, el día que goces con todo y con nada, ese día sabrás que has descubierto ese país de la alegría interminable que llamamos "el Reino".

Lo primero que necesitas es ver con absoluta claridad esta contundente verdad: contrariamente a lo que tu cultura y tu religión te han enseñado, nada, absolutamente nada, puede hacerte feliz. En el momento en que consigas ver esto, dejarás de ir de una ocupación a otra, de un amigo a otro, de un lugar a otro, de una técnica espiritual a otra, de un gurú a otro... Ninguna de esas cosas puede proporcionarte ni un solo minuto de felicidad. Lo más que pueden ofrecerte es un estremecimiento pasajero, un placer que al principio crece en intensidad, pero que se convierte automáticamente en dolor en cuanto los pierdes, y en hastío si se prolongan indefinidamente.


Es el momento de que comprendas que no hay absolutamente nada ajeno a ti que pueda proporcionarte una alegría duradera.

Te has vuelto una persona serena, intrépida y libre.


Esta es una consideración para "gigantes" espirituales que han logrado darse cuenta de que para encontrar la verdad, lo que necesitan no son formulaciones doctrinales, sino un corazón capaz de renunciar a su "programación" y a su egoísmo cada vez que el pensamiento se pone en marcha; un corazón que no tenga nada que proteger y nada que ambicionar y que, por consiguiente, deje a la mente vagar sin trabas, libre y sin ningún temor, en busca de la verdad; un corazón que esté siempre dispuesto a aceptar nuevos datos y a cambiar de opinión. Un corazón así acaba convirtiéndose en una lámpara que disipa la oscuridad que envuelve el cuerpo entero de la humanidad. Si todos los seres humanos estuvieran dotados de un corazón semejante, ya no se verían a sí mismos como "comunistas" o "capitalistas", como "cristianos", "musulmanes" o "budistas", sino que su propia clarividencia les haría ver que todos sus pensamientos, conceptos y creencias son lámparas apagadas, signos de su ignorancia. Y, al verlo, desaparecerían los límites de sus respectivas charcas, y se verían inundados por el océano que une a todos los seres humanos en la verdad.







AUTOLIBERACIÓN INTERIOR



"Como no tengo miedo a perderte, pues no eres un objeto de propiedad de nadie, entonces puedo amarte así como eres, sin deseos, sin apegos ni condiciones, sin egoísmos ni querer poseerte." Y esta forma de amar es un gozo sin límites.

No hay pareja ni amistad que esté tan segura como la que se mantiene libre. El apego mutuo, el control, las promesas y el deseo, te conducen inexorablemente a los conflictos y al sufrimiento y, de ahí, a corto o largo plazo, a la ruptura. Porque los lazos que se basan en los deseos son muy frágiles. Sólo es eterno lo que se basa en un amor libre. Los deseos te hacen siempre vulnerable.

Hay dos tipos de deseos o de dependencias: el deseo de cuyo cumplimiento depende mi felicidad y el deseo de cuyo cumplimiento no depende mi felicidad.

El primero es una esclavitud, una cárcel, pues hago depender de su cumplimiento, o no, mi felicidad o mi sufrimiento. El segundo deja abierta otra alternativa: si se cumple me alegro y, si no, busco otras compensaciones. Este deseo te deja más o menos satisfecho, pero no te lo juegas todo a una carta.

Pero existe una tercera opción, hay otra manera de vivir los deseos: como estímulos para la sorpresa, como un juego en el que lo que más importa no es ganar o perder, sino jugar.


La persona libre es la que es capaz de decir sí o no con la misma sencillez en cualquier circunstancia. Si a veces dices sí por no desilusionar a la gente, eso no es amor, es cobardía. Un gran ejercicio para el amor es saber decir no.


El secreto de la liberación te llegará cuando te hartes de sufrir. Necesitas encontrar el tesoro escondido que sólo está dentro de ti.


El amor incondicional es el que te ama así como eres, hagas lo que hagas.




DESPIERTA – CHARLAS SOBRE ESPIRITUALIDAD


El amor perfecto expulsa el temor. En donde hay amor no hay exigencias, no hay expectativas, no hay dependencia. Yo no exijo que usted me haga feliz; mi felicidad no está en usted. Si usted me dejara, no me condolería de mí mismo; yo disfruto enormemente de su compañía, pero no me aferro.


Yo disfruto sin aferrarme. Lo que realmente disfruto no es usted; es algo más grande que usted y yo. Es algo que descubrí, una especie de sinfonía, una especie de orquesta que interpreta una melodía en su presencia, pero cuando usted se va, la orquesta no se detiene. Cuando me encuentro con otra persona, la orquesta interpreta otra melodía, la cual también es agradable. Y cuando estoy solo, continúa tocando. Tiene un gran repertorio y nunca deja de tocar.


La soledad no se cura con la compañía humana. La soledad se cura con el contacto con la realidad.

Piense en su soledad. ¿Desaparecería por la compañía humana? Ésta sólo servirá de distracción. Adentro hay un vacío ¿no es así? Y cuando el vacío sale a la superficie, ¿qué hace usted? Huye, enciende el televisor, enciende el radio, lee un libro,  busca compañía humana, busca entretenimiento, busca distracción. Todo el mundo hace eso. Actualmente esto es un gran negocio, una industria organizada para distraernos o entretenernos.


Algunos dicen que solamente hay dos cosas en el mundo: Dios y el miedo; el amor y el miedo son las únicas dos cosas. Solamente hay un mal en el mundo: el miedo. Solamente hay un bien en el mundo: el amor. A veces le dan otros nombres. A veces lo denominan felicidad o libertad o paz o gozo o Dios o lo que sea. Pero el rótulo realmente no importa. Y no hay un solo mal en el mundo que no se origine en el miedo. Ni uno solo.


La ignorancia y el miedo, la ignorancia causada por el miedo, de ahí viene todo el mal, de ahí viene la violencia. La persona que realmente no es violenta, la que es incapaz de la violencia, es la persona que no tiene miedo. Usted se enoja solamente cuando tiene miedo. Piense en la última vez que se enojó y busque el miedo subyacente. ¿Qué temía perder? ¿Qué temía que le quitaran? De ahí viene la ira. Piense en una persona furiosa, tal vez en alguien a quien usted teme. ¿Puede ver todo el miedo de esa persona? Tiene mucho miedo, realmente lo tiene. Está muy asustada o no estaría furiosa. En el último análisis solamente hay dos cosas, el amor y el miedo.


Los sentimientos negativos están en usted, no en la realidad. Entonces, deje de tratar cambiar la realidad. ¡Eso es una locura! Deje de tratar de cambiar a la otra persona. Gastamos todo nuestro tiempo y nuestras energías tratando de cambiar las circunstancias externas, tratando de cambiar a nuestro cónyuge, a nuestro jefe, a nuestros amigos, a nuestros enemigos, y a todos los demás. No necesitamos cambiar nada. Los sentimientos negativos están en usted. En la tierra no existe nadie que tenga el poder de hacerlo a usted desgraciado. En la tierra no hay ningún acontecimiento que tenga el poder de alterarlo o herirlo. Ningún acontecimiento, condición, situación o persona. Nadie le dijo esto; le dijeron lo contrario. Por eso está en el enredo en que se encuentra. Por eso está dormido.


Pero usted no necesita pertenecer a nadie o a nada o a ningún grupo. Ni siquiera necesita estar enamorado. ¿Quién le dijo que lo necesitaba? Lo que necesita es ser libre. Lo que necesita es amar. Eso es; ésa es su naturaleza. Pero lo que realmente me está diciendo  es que quiere ser deseado. Quiere ser aplaudido, ser atractivo, que todos los micos corran detrás de usted. Está desperdiciando su vida. ¡DESPIERTE! Usted no necesita eso. Puede ser plenamente feliz sin eso.


Piense en algunas personas con las que usted vive a quienes le gustaría hacer cambiar. Las encuentra de mal humor, desconsideradas, poco fiables, traicioneras, o lo que sea. Pero cuando usted sea diferente, ellas serán diferentes. Ésa es una cura infalible y milagrosa. El día que usted sea diferente, ellas serán diferentes y usted las verá de manera diferente. Alguien que antes era temible, ahora parecerá asustado. Alguien que antes era ofensivo ahora parecerá asustado. De repente nadie tendrá poder para herirlo. Nadie tiene el poder para presionarlo.


Ponga en acción este programa MIL VECES:

a) Identifique sus sentimientos negativos

b) Comprenda que ellos están en usted, no en el mundo, no en la realidad externa

c) No los vea como parte esencial del "yo"; estas cosas van y vienen

d) Comprenda que cuando usted cambia, todo cambia.


No supriman el deseo, porque entonces no tendrían vida. Perderían energía, y eso sería terrible. En el sentido saludable de la palabra, el deseo es energía, y cuanta más energía tengamos, mejor. Pero no supriman el deseo, compréndanlo; véanlo en su verdadera luz. Véanlos como lo que realmente son. Porque si ustedes simplemente suprimen su deseo, e intentan renunciar al objeto de su deseo, probablemente se verán atados a él. En cambio, si lo miran y lo ven en su verdadero valor, si comprenden que están preparando el camino para la desdicha, la decepción y la depresión, su deseo se transformará en lo que yo llamo una preferencia.


Todas las cosas nos han cegado de tal manera que no hemos descubierto la verdad elemental de que los apegos perjudican las relaciones en lugar de ayudarlas. Recuerdo cuánto temía decirle a la persona que es íntima amiga "Realmente no te necesito. Puedo ser perfectamente feliz sin ti. Y al decirle esto encuentro que puedo gozar plenamente de tu compañía; no más ansiedad, no más celos, no más posesividad, no más aferrarse. Es una dicha estar contigo cuando lo disfruto sin aferrarme. Tú eres libre; yo también".


Pero estoy seguro de que para muchos de ustedes esto es como si les hablara en un idioma desconocido. Yo necesité muchos, muchos meses para comprender esto plenamente, a pesar de que soy jesuita, y todos mis ejercicios espirituales son exactamente sobre esto, aunque no entendí de qué se trataba porque mi cultura y mi sociedad en general, me han enseñado a ver a las personas en función de mis apegos.

¿Quién puede hacer que amanezca?

Por Anthony de Mello

¿Existe eso que se llama "Un minuto de sabiduría"?.
Por supuesto que existe, replicó el maestro.
Pero un minuto ¿no es demasiado breve?.
No, es cincuenta y nueve segundos demasiado largo.

Milagros
Un hombre recorrió medio mundo para comprobar por sí mismo la extraordinaria fama de que gozaba el Maestro.
"¿Qué milagros ha realizado tu Maestro?", le preguntó a un discípulo.
"Bueno, verás... , hay milagros y milagros. En tu país se considera un milagro el que Dios haga la voluntad de alguien. Entre nosotros se considera un milagro el que alguien haga la voluntad de Dios".

Sensibilidad
¿Cómo puedo yo experimentar mi unidad con la creación?

Escuchando, respondió el Maestro.
¿Y cómo he de escuchar?

Siendo un oído que presta atención a la cosa más mínima que el universo nunca deja de decir.

En el momento que oigas algo que tú mismo estás diciendo, detente.

Vigilancia

¿Hay algo que yo pueda hacer para llegar a la iluminación?

Tan poco como lo que puedes hacer para que amanezca por las mañanas.
Entonces, ¿para qué valen los ejercicios espirituales que tú mismo recomiendas?

Para estar seguro de que no estáis dormidos cuando el sol comienza a salir.

Presencia

¿Dónde debo buscar la iluminación?.

Aquí.

¿Y cuándo tendrá lugar?.

Está teniendo lugar ahora mismo.

Entonces, ¿por qué no la siento?.

Porque no miras.

¿Y en que debo fijarme?.

En nada. Simplemente mira.

Mirar ¿qué?.

Cualquier cosa en la que se posen tus ojos.

¿Y debo mirar de alguna manera especial?.

No. Bastará con que mires normalmente.

Pero ¿es que no miro siempre normalmente?.

No.

¿Por qué demonios...?

Porque para mirar tienes que estar aquí, y casi siempre no lo estás.

Interioridad
El discípulo quería un sabio consejo

Ve, siéntate en tu celda, y tu celda te enseñará la sabiduría, le dijo el Maestro
Pero si yo no tengo ninguna celda... Si yo no soy monje...

Naturalmente que tienes una celda. Mira dentro de ti.

Carisma
El discípulo era judío. ¿Qué es lo que debo hacer para ser aceptable a Dios?, preguntó.

¿Y cómo voy a saberlo yo? Respondió el Maestro. Tú Biblia dice que Abraham practicaba la hospitalidad y que Dios estaba con él. Que a Elías le encantaba orar y que Dios estaba con él. Que David gobernaba un reino y que Dios también estaba con él.
¿Y tengo yo alguna forma de saber cuál es la tarea que se me ha asignado?
Sí. Trata de averiguar cuál es la más profunda inclinación de tu corazón, y síguela.

Armonía
A pesar de su tradicional proceder, el Maestro no sentía un excesivo respeto por las normas y las tradiciones.

En cierta ocasión surgió una disputa entre un discípulo y su hija, porque aquél insistía en que ésta se ajustara a las normas de su religión para elegir a su futuro marido.
El maestro se puso inequívocamente del lado de la muchacha.
Cuando el discípulo le manifestó la sorpresa que le producía el que un santo actuara de aquella manera, el Maestro le dijo:

Debes comprender que, al igual que la música, la vida está hecha de sentimiento y de instinto, más que de normas.

Ofuscación
¿Cómo alcanzaré la vida eterna?

Ya es la vida eterna. Entra en el presente.
Pero ya estoy en el presente... ¿o no?.

No
¿Por qué no?

Porque no has renunciado al pasado
¿Y por qué iba a renunciar a mi pasado?. No todo el pasado es malo...
No hay que renunciar al pasado porque sea malo, sino porque está muerto.

Ignorancia
El joven discípulo era tan prodigioso que acudían a solicitar su consejo intelectuales de todas partes, los cuales quedaban maravillados de su erudición.
Cuando el Gobernador andaba buscando un consejero, fue a ver al Maestro y le dijo: Dime, ¿es verdad que ese joven sabe tanto como dicen?

A decir verdad, replicó el Maestro con ironía, el tipo lee tanto que yo no sé cómo puede encontrar tiempo para saber algo.

Mitos
El Maestro impartía su doctrina en forma de parábolas y de cuentos que sus discípulos escuchaban con verdadero deleite, aunque a veces también con frustración, porque sentían necesidad de algo más profundo.
Esto le traía sin cuidado al Maestro, que a todas las objeciones respondía: Todavía tenéis que comprender, queridos, que la distancia más corta entre el hombre y la verdad es un cuento.

Hablar
El discípulo no podía reprimir las ganas que tenía de contarle al Maestro el rumor que había oído en el mercado.
Aguarda un minuto, dijo el Maestro. Lo que piensas contarnos ¿es verdad?
No lo creo...
¿Es útil?

No, no lo es.
¿Es divertido?

No
Entonces, ¿por qué tenemos que oírlo?.

Movimiento
A unos discípulos que no dejaban de insistirle en que les dijera palabras de sabiduría, el Maestro les dijo: La sabiduría no se expresa en palabras, sino que se revela en la acción.
Pero cuando les vio metidos en la actividad hasta las cejas soltó una carcajada y dijo: Eso no es acción. Es movimiento.

Veneración
A un discípulo que se mostraba excesivamente respetuoso le dijo el Maestro: Si la luz se refleja en la pared, ¿por qué veneras la pared?. Intenta prestar atención a la luz.

Transformación
A un discípulo que siempre estaba quejándose de los demás le dijo el Maestro: Si es paz lo que buscas, trata de cambiarte a ti mismo, no a los demás. Es más fácil calzarse unas zapatillas que alfombrar toda la tierra.

Reacción
Le preguntaron al Maestro qué criterio seguía para escoger a sus discípulos.

Y el Maestro dijo: Me comporto de una manera sumisa y humilde. A los que reaccionan con arrogancia ante mi humildad los rechazo inmediatamente. Y a los que me veneran por mi comportamiento humilde los rechazo con la misma rapidez.

Discipulado
A un visitante que solicitaba hacerse discípulo suyo le dijo el Maestro:

Puedes vivir conmigo, pero no hacerte seguidor mío.

¿Y a quién he de seguir, entonces?.
A nadie. El día en que sigas a alguien habrás dejado de seguir a la Verdad.

Ceguera
¿Puedo ser tu discípulo?

Tan sólo eres discípulo porque tus ojos están cerrados. El día que los abras verás que no hay nada que puedas aprender de mí ni de ningún otro.
Entonces, ¿para qué necesito un Maestro?

Para hacerte ver la inutilidad de tenerlo.

Llegada
¿Es difícil o fácil el camino hacia la iluminación?

Ni difícil ni fácil.
¿Cómo es eso?

No existe tal camino.

Entonces, ¿cómo se va hacia la meta?.

No se va. Se trata de un viaje sin distancia. Deja de viajar y habrás llegado.
Retirada
¿Cómo puedo ayudar al mundo?

Comprendiéndolo, replicó el Maestro.

¿Y cómo puedo comprenderlo?

Apartándote de él.
Pero, entonces, ¿cómo voy a servir a la humanidad?

Comprendiéndote a ti mismo.

Cálculo
El Maestro solía reírse abiertamente de aquellos de sus discípulos que deliberaban interminablemente antes de decidirse a hacer algo.
Él lo expresaba del siguiente modo: Las personas que deliberan exhaustivamente antes de dar un paso se pasan la vida sobre una sola pierna.

Revolución
En el monasterio había una serie de reglas, pero el Maestro no dejaba de prevenir contra la tiranía de la ley.

La obediencia observa las reglas, solía decir el Maestro, pero el amor sabe muy bien cuando debe romperlas.

Anteojeras
Si te empeñas en que yo tenga autoridad sobre ti, le decía el Maestro a un candoroso discípulo, te haces daño a ti mismo, porque te niegas a ver las cosas por ti mismo.
Y, tras una pausa, añadió apaciblemente: Y también me haces daño a mí, porque té niegas a verme como soy.

Humildad
A un visitante que a sí mismo se definía como "buscador de la Verdad" le dijo el Maestro: Si lo que buscas es la Verdad, hay algo que es preciso que tengas por encima de todo.
Ya lo sé: una irresistible pasión por ella.

No. Una incesante disposición a reconocer que puedes estar equivocado.

Aceptación
¿Cómo podría ser yo un gran hombre...como tú?

¿Y por qué ser un gran hombre?, dijo el Maestro. Ser simplemente un hombre ya es un logro bastante grande.

Incongruencia
Todas las preguntas que se suscitaron aquel día en la reunión pública estaban referidas a la vida más allá de la muerte.

El Maestro se limitaba a sonreír sin dar una sola respuesta.
Cuando, más tarde. Los discípulos le preguntaron por qué se había mostrado tan evasivo, él replico: ¿no habéis observado que los que no saben qué hacer con esta vida son precisamente los que más desean otra vida que dure eternamente?.
Pero ¿hay vida después de la muerte o no la hay?, insistió un discípulo.

¿Hay vida antes de la muerte? ¡Esta es la cuestión!. Replico enigmáticamente el Maestro.

Inversión
¿Cómo puedo librarme del miedo?

¿Cómo puedes librarte de aquello a lo que te aferras?
¿Pretendes acaso insinuar que en realidad me aferro a mis propios miedos?.

No puedo estar de acuerdo con eso.

Piensa qué es aquello de lo que tu miedo te protege y estarás de acuerdo. Y podrás ver además tu insensatez.

Entusiasmo
A una mujer que se quejaba de que las riquezas no habían conseguido hacerla feliz le dijo el Maestro:

Hablas como si el lujo y el confort fueran ingredientes de la felicidad, cuando, de hecho, lo único que necesitas para ser realmente feliz, querida, es algo por lo que entusiasmarse.

Liberación
¿Cómo puedo alcanzar la liberación?

Intenta descubrir quién te tiene atado, respondió el Maestro.

El discípulo regresó al cabo de una semana y dijo: Nadie me tiene atado.
Este fue el momento de iluminación para el discípulo, que de pronto quedó libre.

Doctrina
A un visitante que aseguraba no tener necesidad de buscar la Verdad, por que ya la tenía en las creencias de su religión, le dijo el Maestro:
Había una vez un estudiante que nunca llegó a convertirse en un matemático, porque creía ciegamente en las respuestas que aparecían en las últimas páginas de su texto de matemáticas; ... y aunque parezca paradójico, las respuestas eran las correctas.

Creencia
El Maestro había citado a Aristóteles: En la búsqueda de la verdad, parece mejor, y hasta necesario, renunciar a lo que nos es más querido. El Maestro sustituyó la palabra "verdad" por la palabra "Dios".
Más tarde le dijo un discípulo: En mí búsqueda de Dios estoy dispuesto a renunciar a todo: A la riqueza, a los amigos, a la familia, a mi país y hasta a mi propia vida. ¿Puede una persona renunciar a algo más? .
El Maestro respondió con toda calma: Sí. A sus creencias sobre Dios.
El discípulo se marchó entristecido, porque estaba muy apegado a sus convicciones.
Tenía más miedo a la "ignorancia" que a la muerte.

Inadoctrinamiento
¿Qué es lo que enseña vuestro Maestro?, preguntaba un visitante.

Nada, respondió el discípulo
Entonces, ¿por qué pronuncia discursos?

Lo único que hace es indicar el camino, pero no enseña nada.
Al visitante, aquello le resultaba incomprensible, de modo que el discípulo se lo explicó: Si el Maestro enseñara, nosotros convertiríamos sus enseñanzas en creencias. Pero al Maestro no le interesa lo que creemos, sino únicamente lo que vemos.

Desvelamiento
Un día preguntó el Maestro: En vuestra opinión, ¿cuál es la pregunta religiosa más importante?

A modo de respuesta, escuchó muchas preguntas:

¿Existe Dios?, ¿Quién es Dios?, ¿Cuál es el camino hacia Dios?,

¿Hay vida después de la muerte?
No; dijo el Maestro, la pregunta más importante es: ¿Quién soy yo?
Los discípulos se hicieron alguna idea de lo que el Maestro quería insinuar cuando, le oyeron hablar con un predicador.
Maestro: Así pues, según tú, cuando hayas muerto tu alma estará en el cielo, ¿no es así?

Predicador: Si, así es.

Maestro: ¿Y tu cuerpo estará en la tumba... ?

Predicador: Exactamente.

Maestro: ¿Y dónde, si me permites la pregunta, estarás tú?.

 

Vacío

En ocasiones los ruidosos visitantes ocasionaban un verdadero alboroto que acababa con el silencio del monasterio.

Aquello molestaba bastante a los discípulos; no así al Maestro, que parecía estar tan contento con el ruido como con el silencio.
Un día, ante las protestas de los discípulos, les dijo:

El silencio no es la ausencia de sonido, sino la ausencia de ego.

Empobrecimiento
A un discípulo que venía de un lejano país le preguntó el Maestro: ¿Qué andas buscando?.

La iluminación.

Tú ya tienes tu propio tesoro. ¿Por qué buscas en otra parte?
¿Dónde está mi tesoro?

En esa misma búsqueda que ha florecido en ti.
En aquel momento el discípulo quedó iluminado. Años más tarde diría a sus amigos: Abrid vuestro tesoro y disfrutad de sus riquezas

Palabras
Los discípulos estaban enzarzados en una discusión sobre la sentencia de Lao Tse:
Los que saben no hablan;
Los que hablan no saben.
Cuando el Maestro entró donde aquellos estaban, le preguntaron cuál era el significado exacto de aquellas palabras.

El Maestro les dijo: ¿Quién de vosotros conoce la fragancia de la rosa?
Todos la conocían.

Entonces les dijo: Expresadlo con palabras.
Y todos guardaron silencio
.

Disciplina
A los discípulos que deseaban saber que clase de meditación practicaba él todas las mañanas en el jardín les dijo el Maestro:
Si observo con atención, veo el rosal en plena floración.
¿Y por qué hay que observar con atención para ver el rosal?, preguntaron ellos.
Para ver el rosal, dijo el Maestro, y no la idea preconcebida que uno tiene del rosal.

Juzgar
¿Qué he de hacer para perdonar a otros?
Si no condenaras a nadie,

Nunca tendrías necesidad de perdonar.

Experiencia
Convencido de la experiencia mística del Maestro, el rector de una prestigiosa Universidad quiso hacerle jefe del Departamento de Teología.
Para ello entró en contacto con el más destacado de los discípulos del Maestro, el cual le dijo: El maestro insiste en la necesidad de ser iluminado, no en enseñar la iluminación.
¿Y qué es lo que puede impedirle ser jefe del Departamento de Teología?.

Lo mismo que le impediría a un elefante ser jefe del Departamento de Zoología.

Publicidad
A no ser que estuviera uno dotado de una especial perspicacia, no había nada en el Maestro que pudiera considerarse fuera de lo ordinario. Si las circunstancias no eran para menos, el Maestro podía asustarse y deprimirse. Podía reír, llorar y encolerizarse. Disfrutaba con la buena comida, no le hacía ascos a un par de copas en incluso se sabía que era capaz de volver la cabeza al paso de una mujer bonita.
En cierta ocasión, un visitante se lamentaba que el Maestro no era un "hombre santo" a lo cual un discípulo replicó:
"Una cosa es que un hombre sea santo, y otra muy distinta que a ti te parezca santo".

Cultivo
Un forastero que andaba en busca de las cosas divinas le preguntó al Maestro cómo podría, cuando regresara a su país, distinguir entre un verdadero Maestro y uno falso.

El Maestro le dijo: el bueno propone prácticas, el mal maestro propone teorías.
Pero ¿cómo podré distinguir entre una práctica buena y una mala?
Del mismo modo que un agricultor distingue entre un cultivo bueno y un cultivo malo.

Transitoriedad
El Maestro sentía alergia hacia aquellas personas que prolongaban excesivamente su estancia en el monasterio. Más tarde o más temprano, todos los discípulos oían de sus labios las temidas palabras: Ha llegado el momento de que te vayas. Si no lo haces el espíritu no vendrá a ti.
Un discípulo especialmente reacio a marchar quiso saber qué era ese "Espíritu".
Y el Maestro le dijo: El agua sólo se mantiene viva y libre si fluye. Tú sólo permanecerás vivo y libre si te marchas. Si no huyes de mí, te estancaras y morirás... contaminado.

Engaño
¿Cómo podemos distinguir entre el verdadero y el falso místico?, preguntaron unos discípulos desmedidamente interesados por lo misterioso y lo oculto.
¿Cómo podéis distinguir entre el que duerme de verdad y el que finge dormir?, replicó el Maestro.

No hay manera de distinguirlos. Sólo el durmiente sabe cuándo está fingiendo, dijeron los discípulos.
El Maestro sonrió.

Más tarde dijo: El que finge dormir puede engañar a otros, pero no a sí mismo. Desgraciadamente, el falso místico puede engañar tanto a los demás como a sí mismo.

Evasión
Un visitante refería la historia de un santo que quería ir a visitar a un amigo suyo que estaba agonizando; pero, como le daba miedo viajar de noche, le dijo al sol: En nombre de Dios te ordeno que permanezcas en el cielo hasta que llegue yo a la aldea donde mi amigo agoniza. Y el sol se detuvo en el cielo hasta que el santo llegó a la aldea.
El maestro sonrió y dijo: ¿No habría sido mejor que el santo hubiera vencido su miedo a viajar de noche?.

Serenidad

¿Existe alguna forma de medir las propias fuerzas espirituales?
Muchas.

Dinos tan sólo una.

Tratad de averiguar con que frecuencia perdéis la calma a lo largo de un solo día.

Imbecilidad
Cuando se le preguntaba por su iluminación, el Maestro siempre se mostraba reservado, aunque los discípulos intentaban por todos los medios hacerle hablar.

Todo lo que sabían al respecto era lo que en cierta ocasión dijo el Maestro a su hijo más joven, el cual quería saber cómo se había sentido su padre cuando obtuvo la iluminación. La respuesta fue:
"Como un imbécil".
Cuando el muchacho quiso saber por que, el Maestro le respondió: Bueno, veras..., fue algo así como hacer grandes esfuerzos por penetrar en una casa escalando un muro y rompiendo una ventana... y darse cuenta después de que estaba abierta la puerta.

 

Desarrollo

A un discípulo que se lamentaba de sus limitaciones le dijo el maestro: Naturalmente que eres limitado. Pero ¿no has caído en la cuenta de que hoy puedes hacer cosas que hace quince años te habrían sido imposibles? ¿Qué es lo que ha cambiado?.

Han cambiado mis talentos.

No. Has cambiado tú.
¿Y no es lo mismo?

No. Tú eres lo que tú piensas que eres. Cuando cambia tu forma de pensar, cambias tú.

Distancia
El propietario del parque de atracciones hablaba de la ironía que suponía el hecho de que, mientras los niños lo pasaban en grande en su parque, él solía estar, por lo general, deprimido.

¿Qué preferirías: ser un propietario de parque o divertirte?, le pregunto el Maestro.
Ambas cosas respondió.
El Maestro no dijo una palabra más.

Cuando, más tarde, le preguntaron a este respecto, el Maestro se limitó a citar las palabras que un vagabundo le había dirigido a un rico terrateniente: Tú posee la propiedad. Otros disfrutan del paisaje.

Oposición
A un individuo dotado de auténtico espíritu emprendedor, pero al que desalentaban las frecuentes críticas que se le hacían, le dijo el Maestro: Escucha las palabras del crítico, que te revelarán lo que tus amigos tratan de ocultarte.
Y añadió: Pero no te dejes abrumar por lo que el crítico diga.

Nunca se ha erigido una estatua en homenaje a un crítico. Las estatuas son para los criticados.

Definiciones
El Maestro sentía una fascinación casi pueril por los inventos modernos. Y el día en que por primera vez vio una calculadora de bolsillo apenas podía reponerse de su asombro.

Más tarde, y en un tono muy afable, dijo: Parece que hay mucha gente que posee una de esas calculadoras, pero que no tiene en sus bolsillos nada que merezca la pena calcular.
Cuando, unas semanas más tarde, un visitante preguntó al Maestro qué era lo que enseñaba a sus discípulos, el Maestro le respondió: Les enseño a establecer correctamente el orden de prioridades: es mejor tener dinero que calcularlo; es mejor tener la experiencia que definirla.

Opresión
El Maestro siempre permitía que cada cual creciera a su propio ritmo. Que se sepa, nunca pretendió "presionar" a nadie. Y él mismo lo explicaba con la siguiente parábola.
"Una vez, al observar un hombre como una mariposa
luchaba por salir de su capullo, con demasiada lentitud
para su gusto, trató de ayudarla soplando delicadamente.
Y en efecto, el calor de su aliento sirvió para acelerar el proceso.
Pero lo que salió del capullo no fue una mariposa,
sino una criatura con las alas destrozadas.
Cuando se trata de crecer, concluyó el Maestro, no se puede acelerar el proceso, porque lo único que puede conseguirse es abortarlo.

Grandeza
Lo malo de este mundo, dijo el Maestro tras suspirar hondamente, es que los seres humanos se resisten a crecer.

¿Cuándo puede decirse de una persona que ha crecido?, preguntó un discípulo.

El día en que no haga falta mentirle acerca de nada en absoluto.

Extravagancia
Cierto día, los discípulos quisieron saber cuál era la clase de persona más indicada para el discipulado.
Y el Maestro les dijo: Aquella persona que, poseyendo únicamente dos camisas, vende una y con el dinero que adquiere compra una flor.

Manifestación
Cuando llegaba un nuevo discípulo, este era el "catecismo" a que solía someterle el Maestro.
¿Sabes quién es la única persona que no habrá de abandonarte jamás en tu vida?

¿Quién?

Tú.
¿Y sabes quién tiene la respuesta a cualquier pregunta que puedas hacerte?.

¿Quién?

Tú.
¿Y puedes adivinar quién tiene la solución a todos y cada uno de tus problemas?

Me rindo...

Tú.

Inocencia
Durante una excursión dijo el maestro ¿Queréis saber como es la vida iluminada?.

Fijaos en aquellos pájaros que vuelan sobre el lago.
Y mientras todos miraban hacia donde él había indicado, exclamó el Maestro:

Los pájaros proyectan sobre el agua un reflejo del que ellos no tienen conciencia alguna... y que el lago no trata de retener.

Arte
¿Para que sirve un Maestro?, preguntó alguien

Y un discípulo respondió: Para enseñarte lo que siempre has sabido; para mostrarte lo que siempre has estado mirando.
Y como la respuesta dejó perplejo al visitante, añadió el discípulo. :

Con sus pinturas, un artista me enseñó a ver la puesta del sol. Con sus enseñanzas, el Maestro me ha enseñado a ver la realidad de cada momento.

Sospecha
A un viajero que preguntaba como podría distinguir entre un maestro verdadero y uno falso, le respondió lacónicamente el Maestro: Si tú mismo no eres engañoso, no serás engañado.
Más tarde les dijo el Maestro a los discípulados: ¿Por qué será que los que buscan dan por supuesto que ellos son sinceros y que lo único que necesitan es el modo de detectar el fraude en los Maestros?.

Proporción
A un visitante que había acudido esperando encontrarse con algo fuera de lo normal le defraudaron las triviales palabras que el Maestro le había dirigido.
Había venido aquí buscando a un Maestro, le dijo a un discípulo, y todo lo que he encontrado ha sido un ser humano que no se diferencia de los demás.

Y el discípulo le replicó: El Maestro es un zapatero con unas infinitas provisiones de cuero. Pero lo corta y lo cose de acuerdo con las dimensiones de tu pie.

Exhibición
Cuando uno de los discípulos anunció su propósito de enseñar a otros la Verdad, el Maestro le propuso una prueba: Pronuncia un discurso en mi presencia para que yo pueda juzgar si estas preparado.


El discurso fue realmente inspirado, y al acabar se acercó un mendigo al orador, que se puso en pie y regaló su capa al mendigo para edificación de la asamblea.
Más tarde le dijo el Maestro: Tus palabras estuvieron llenas de unción, hijo mío, pero aún no estás preparado.

¿Por qué?, preguntó desilusionado el discípulo.
Por dos razones: porque no has dado al mendigo la oportunidad de expresar sus necesidades y porque no has superado el deseo de impresionar a los demás con tu virtud.

Superioridad
Un discípulo oriental que se sentía orgulloso de lo que él consideraba que era espiritualidad de Oriente, fue al Maestro y le dijo: ¿A qué se debe el que Occidente disfrute del progreso material y Oriente posea la espiritualidad?.
Se debe, respondió lacónicamente el Maestro, a que, cuando, al comienzo de los tiempos, llegó el momento de repartir las provisiones para este mundo, a Occidente le tocó elegir primero.

Alegría
De acuerdo con su doctrina de que nada debía ser tomado demasiado en serio, ni siquiera sus propias enseñanzas, al Maestro le gustaba contar la siguiente anécdota acerca de sí mismo:
Mi primer discípulo era tan débil que los ejercicios acabaron con su vida. Mi segundo discípulo se volvió loco por el fervor con que practicaba los ejercicios que yo le enseñaba. Mi tercer discípulo vio cómo se le embota el entendimiento por el exceso de contemplación.
Pero el cuarto discípulo consiguió conservar la cordura.
¿Y cómo lo logró?, solía preguntar alguien invariablemente.

Posiblemente porque fue el único que se negó a realizar los ejercicios. Y una unánime carcajada solía acoger las palabras del Maestro.

Intrepidez
¿Qué es el amor?

La ausencia total de miedo, le dijo el Maestro.

¿Y qué es a lo que tenemos miedo?

Al amor, respondió el Maestro.

Humanidad
La conferencia que el Maestro iba a pronunciar sobre LA DESTRUCCION DEL MUNDO había sido profusamente anunciada, y fue mucha la gente que acudió a los jardines del monasterio para escucharle.

La conferencia concluyó en menos de un minuto. Todo lo que el Maestro dijo fue:
Estas son las cosas que acabarán con la raza humana:
La política sin principios.
El progreso sin compasión.
La riqueza sin esfuerzo.
La erudición sin silencio.
La religión sin riesgo.
el culto sin consciencia".

Datos de libro:
Titulo original: One minute wisdom
Año de 1º edición: 1985
Autor: Anthony de Mello, S.J.
Lonavla (India)
Traducción al Castellano: Jesús García Abril S.J.
Título en castellano: ¿Quién puede hacer que amanezca?
Año de edición: 1993
Editorial: Sal Terrae (Cantabria)
I.S.B.N. 84-293-0724-9

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