WingMakers - Proyecto Flecha Antigua (Ancient Arrow Project) en español

El Proyecto de la Flecha Antigua consiste de más de mil de páginas de contenido multimedia estimulante que invita a la reflexión, en el cual se introduce una visión nueva y comprensiva de nuestro universo y de nuestro propósito aquí. Con seguridad expandirá la mente de aquel que invierta tiempo en examinar esta colección asombrosa de filosofía, arte, poesía, metafísica, música, e historia multi-nivel.

El origen de todo este extraordinario material sigue siendo un misterio. Fue hecho público anónimamente por una fuente simplemente conocida como James. El Proyecto de la Flecha Antigua es tanto una revelación espiritual como una aventura que expande la mente dentro de los descubrimientos profundos que esperan a la humanidad en los campos de la metafísica, cosmología, psicología, y genética.

El Proyecto de la Flecha Antigua – como es presentado en esta sección — es un extracto de un libro electrónico que consiste de 8 capítulos, sin embargo, la novela completa son 17 captílos.
Si quieres familiarizarte más con el descubrimiento de la Flecha Antigua, por favor lee la página de introducción del sitio. O visita la web de wingmakers.com para adquirir el libro completo (17 capítulos y sólo está en inglés).

El Proyecto de la Flecha Antigua, mientras que parece estar más cerca de la ciencia ficción que de la realidad, está basado en eventos y personas reales. Los nombres y los lugares han sido modificados, pero el contexto, los eventos, las personalidades, las tecnologías, motivaciones, conflictos, y más importantemente, la identidad de los Creadores-de-Alas, es bastante auténtica. La información es obtenida por medio de un proceso llamado Bi-Localización Sensorial (BLS) usada por James. Esto es mencionado en mayor detalle en la sección del Creador de este sitio.

Una versión ilustrada de los extractos de este libro está disponible para ser descargado gratuitamente en la sección de Descargas. La Versión completa está disponible en el disco de la Primera Fuente, el cual incluye también más de 60 minutos de música original de las primeras nueve cámaras del sitio de la Flecha Antigua y cierta variedad de contenido adicional multimedia.



Prólogo
CRISOL 826 D.C.

Viajera del Cielo entró al cañón escarpado rodeada de una neblina de ensueño, atraída por una alta estructura rocosa que parecía tocar el cielo. Nunca antes alguien de su tribu se había aventurado tanto en las montañas. Ella era de la tribu Chakobsa, cuyos orígenes genéticos fueron mayas y a sus descendientes se les conocería después como los indios Anasazi del norte de Nuevo México. Su cuerpo delgado y moreno llevaba los tatuajes rituales que la identificaban como líder de los Auto-Conocedores.

Los auto-conocedores se enfocaban en el desarrollo espiritual de la tribu Chakobsa. Crearon varios rituales, ritos de pasaje, cámaras de meditación o kivas y eran responsables de guardar los registros referentes a los orígenes, historia y sistemas de creencias de la tribu.

Viajera del Cielo tenía 34 años, vestía una piel de venado que le llegaba debajo de las rodillas, collares de turquesa que le adornaban el cuello y piernas. Sobre su corazón estaba la impresión de su mano derecha en tinta violeta, con pequeñas cuentas blancas amarradas que significaban el cielo estrellado (una referencia de su nombre). Su pelo lacio y negro le llegaba debajo del hombro, amarrado con una banda hecha de piel de conejo. La juventud en su cara enmarcaba los ojos de una persona mayor de gran sabiduría.

Ella continuó su descenso deliberado hacia el cañón donde, desde las profundas sombras, una estructura rocosa en forma de obelisco, semejante a una aguja se enrollaba en el pálido cielo azul, como un impertinente dedo bañado en pintura roja, apuntando hacia las estrellas ocultas. Ésta le había llamado la atención el día anterior.

Al caminar hacia la torre roja de arenisca, un destello de luz la inquietó. El sol recién había coronado la cresta del cañón y había provocado un reflejo seductor de un objeto a solo dos metros de ella. De pronto se sintió como una intrusa. Su cuerpo se paralizó, sus ojos no se despegaron del objeto brillante, no más grande que una cabeza humana, medio enterrado entre dos nudosos árboles que semejaban a dos firmes guardianes.

Primero pensó que era una piedra de plata, pero conforme se acercó se dio cuenta de que estaba cubierta de marcas raras, similares a paralizadas serpientes delgadas torciéndose en su superficie, incrustadas como si fueran marcas de garras de oso. Mientras se agachaba para acercarse, se dio cuenta de que su color era tanto dorado como plateado, algo que nunca antes había visto. Se acercó más a la superficie brillante; no era un objeto natural, de eso estaba segura. No era de la naturaleza y no era de su tribu.

Intrigada por su raro color, por varios minutos empezó a decidir cómo acercarse o si debía hacerlo. Si era sobrenatural, era su tarea darlo a conocer a su gente. Si era una amenaza, era su tarea expulsarlo de su tierra. Como Chamán en su tierra ancestral, era su trabajo ser curiosa e incluso enérgica.
Viajera de cielo extendió su mano sobre el objeto como si lo bendijera. Sus delgados labios recitaron un viejo verso de su gente, “En el gran misterio yo te conozco. Estoy honrada en tu presencia”. Su mano empezó a temblar y su cuerpo se estremeció como si un maremoto de corriente eléctrica fluyera a través de ella. Su mano fue atraída por el objeto e involuntariamente lo agarró como si fuera un poderoso imán. Sus dedos apretaban con un reflejo irreprimible, asió el objeto y lo acercó hacia su pecho, lo acunó en sus brazos como si fuera a un bebé. Todo su cuerpo vibró incontrolablemente mientras lo sostenía.


Todo lo que ella sabía –toda experiencia que había tenido— fue extraída. 


Su mente se vació como un saco de mariposas liberado al viento y se sintió completamente libre de su pasado y futuro. Solamente había la breve inmensidad del ahora. 


Pasaron los minutos sosteniendo el objeto en su pecho, completamente ignorante de sus acciones. Gradualmente se percató del peso que sostenía. Era pesado, como un niño joven, a pesar de su pequeño tamaño.

Con un poco de esfuerzo, lo colocó de vuelta en el suelo. Cuando lo hizo, el objeto vibró casi imperceptiblemente. Las líneas distintivas de la superficie empezaron a desvanecerse. Viajera del Cielo se talló los ojos por lo que veía. Hizo un gesto de confusión y temor, pero no se podía mover. Todo se volvió como un sueño y sintió que había caído en una neblina, en el Gran Misterio de sus antepasados.

La luz del cañón brilló y palpitó con un ritmo inconfundible de danza hipnótica. Ante sus ojos había tres hombres altos, de apariencia rara, pero bien parecidos. Sus ojos de color entre azul, verde y violeta, eran serenos pero radiantes. Sus largas barbas de un blanco puro llegaban a sus pechos. 
Portaban vestimentas de color esmeralda extrañamente transparentes y estaban parados frente a ella como árboles majestuosos. Ella no sintió miedo porque sabía que no le quedaba otra: rendirse.
“Somos tu futuro, no sólo tu pasado, como ahora crees”, dijo el ser del centro. Ella asintió con la cabeza, tratando de dar a conocer que les había entendido, pero su cuerpo estaba en otra parte, en algún otro mundo que ella de un modo rápido había olvidado.

Se dio cuenta de que aunque escuchó las palabras que dijo, sus labios no se movieron. Él le hablaba directamente a su mente. Y le habló en un perfecto idioma Chakobsano, algo desconocido para un extranjero.

“Has sido seleccionada. Ha llegado la hora de que quites tu mirada del resplandor del fuego y que proyectes tus propias sombras. Tú eres nuestra mensajera en tu mundo. Puesto que tú eres la Viajera del Cielo, nosotros somos los Creadores de Tus Alas. Juntos redefinimos lo que ha sido enseñado. Reformulamos lo que se ha vuelto verdad. Defendemos lo que siempre ha sido y siempre será, tuyo”.
Ella solo podía observar. Sin dificultad, su corazón se llenó de respeto hacia estos Creadores de Alas. Con su mera presencia ellos se habían ganado su veneración. “No hay una cosa más divina que otra”, dijo el ser. “No hay sendero a la Primera Fuente o Gran Misterio. ¡Todos los seres están conectados con la Primera Fuente en este preciso momento!”

Ella sintió que su voluntad regresó desde alguna lejana parte. “¿Quiénes son ustedes?”, la frase se formó en su mente.

“Yo soy de la Tribu de la Luz, como tú. Sólo nuestros cuerpos son diferentes. Todo lo demás se mantiene en la clara luz de la permanencia. Has venido a este planeta olvidando quién eres y por qué estás aquí. Ahora, te acordarás. Ahora nos ayudarás ya que estás de acuerdo. Ahora tomarás conciencia de la razón de tu ser.”

Un sonido zumbante sonó sobre su cabeza como el golpeteo de mil pares de alas sin forma y una espiral de luz descendió del cielo. Dentro de la luz, se torcieron, unieron y separaron formas similares a las que había visto en el objeto. Líneas inteligentes –un lenguaje de luz. La luz penetró lentamente en ella y pudo sentir el incremento de energía, paralizante, y a la vez profundo; eso le quito su envoltura, como el cincel de un escultor. Sin impedimentos que vencer. Y después, ella lo vio.

Dentro de su interior una cacofonía de imágenes se liberó y le revelaron su futuro. Ella era uno de ellos, los creadores de este objeto. Ella no era de la tribu Chakobsa, esa era una máscara que usaba; su verdadero linaje era de las estrellas. De un lugar tan lejano que su luz jamás tocaría la Tierra.

Cuando ella volvió en sí, su visión empezó a evaporarse rápidamente, como si su mente fuera un colador y no pudo mantener las imágenes de su futuro. Ella recogió el objeto, acariciándolo con la mano, sabiendo que era su protectora; consciente de que la guiaría a algo que aún no estaba listo para ser encontrado. Pero ella sabía que su hora había llegado. Un tiempo en el que usaría una máscara diferente, la máscara de una mujer con pelo rojo y una curiosa piel blanca. Fue la última imagen que desapareció.


Introducción

En 1940, la recuperación de varios OVNIS estrellados justificó un presupuesto especial del gobierno para crear una nueva organización dentro del súper secreto Laboratorio de Proyectos y Servicios Especiales del gobierno (SPL- Special Proyect Laboratory), responsable del aseguramiento, protección y análisis de tecnologías recuperadas de naves extraterrestres. Tuvo el cuestionable honor de ser el más secreto de todos los laboratorios de investigación del gobierno de los EE.UU.

Establecido en el alto desierto cerca de Palm Springs, California, este recinto secreto fuertemente fortificado, albergaba a científicos de laboratorios gubernamentales con permisos de seguridad pre-existentes.

El Imperativo ET, como se le llamó en la década de los 50's, se consideró de vasta importancia para la seguridad nacional de los EE.UU. y de hecho para el planeta. La Organización de Inteligencia de Contacto Avanzado (ACIO – Advance Contact Inteligence Organization) estaba encargada de analizar la tecnología alienígena —en cualquier forma en que fuera encontrada— y descubrir formas de aplicarla en tecnología de misiles, sistemas de dirección, radar, aviones de guerra, supervivencia y comunicaciones, a fin de dominar las áreas de guerra y espionaje.

A mediados de los 50's, se recuperaron varias naves espaciales con alienígenas en su interior, aún vivos. Estos incidentes ocurrieron no solo en los Estados Unidos, sino también en la Unión Soviética y en Sudamérica. En uno de esos incidentes en Bolivia, un brillante experto en electrónica, Paulo Neruda, extrajo equipo de navegación de un OVNI estrellado y negoció exitosamente su unión a la ACIO a cambio de la devolución de ese equipo y el uso de sus servicios.

Paulo Neruda y su hijo de cuatro años, Jamisson, se volvieron ciudadanos americanos en 1955. El Neruda mayor se convirtió en director de alto nivel de la ACIO antes de morir en 1977. Su hijo, Jamisson, se unió a la ACIO poco después de la muerte de su padre y se volvió su principal experto en tecnologías de lingüística y decodificación.

El joven Neruda era un genio de los idiomas –fueran de informática, de alienígenas, de humanos, no importaba cual fuera. Su don se consideró esencial para la ACIO en su interacción con la inteligencia extraterrestre.

La recuperación de alienígenas vivos en los 50's había creado una nueva agenda para la ACIO. De la recuperación de extraterrestres de 2 razas distintas conocidas como Zeta Reticulli y Corteum, surgió un Programa de Transferencia de Tecnología (TTP – Transfer Technology Program). Tecnologías seleccionadas de estas razas fueron proporcionadas a la ACIO en intercambio de diversos servicios y privilegios otorgados por el gobierno de los EEUU y por otros gobiernos.

La ACIO fue el depósito y almacén para las tecnologías que surgieron del PTT con los Zetas y los Corteum. La agenda de la ACIO se amplió para desarrollar estas tecnologías hacia tecnologías útiles no militares, que se sembraron tanto en el sector público como privado. Los circuitos integrados y el láser son ejemplos de las tecnologías “antes de su tiempo” que fueron resultado del PTT de la ACIO con los Zetas y Corteum.



Capítulo 1

DESCUBRIMIENTO EN EL DESIERTO


Las teorías de evolución de ustedes están simplemente estratificadas sobre un paradigma existencial de un universo mecánico que está compuesto de máquinas moleculares que operan en una realidad objetiva que es conocible con los instrumentos correctos. Decimos una verdad del universo al decir que la realidad es incognoscible con cualquier instrumento excepto con tus propios sentidos de unidad y totalidad. Tu percepción de la totalidad está desarrollándose porque la cultura del universo multidimensional tiene sus raíces en la unidad. Conforme tu navegador de la totalidad se revele a sí mismo en el próximo cambio, ustedes desmantelarán y reestructurarán sus percepciones acerca de quiénes son, y en este proceso, la humanidad emergerá como un río de luz a partir de lo que antes era una niebla impenetrable.

Extracto del Navegador de Totalidad, decodificado de la Cámara 12.
Creadores de Alas

Había veces que Jamisson Neruda se sorprendía de su trabajo. Debajo del cono de luz de la lámpara de su escritorio yacía un misterio certificado. Había sido encontrado una semana antes en el desierto alto cerca del Cañón Chaco al norte de Nuevo México y ahora, después de tres días exhaustivos de investigación, estaba convencido de que el artefacto no era de la Tierra.

Neruda ya había reunido notas sobre el inusual artefacto. La característica principal, de acuerdo a los estudiantes que lo encontraron, era que inducía imágenes alucinógenas cuando se le cargaba o tocaba. Pero sin importar cuánto se esforzara, él no se podía inducir a algo parecido a una alucinación. Tal vez, pensó, los dos estudiantes habían estado bajo la influencia de las drogas. Eso explicaría la propiedad alucinógena. Sin embargo, nadie podía negar que el artefacto proyectaba una presencia exótica, de otro mundo.

Eran las dos de la mañana y los ojos de Neruda se privaban de sueño. Después de comparar las marcas jeroglíficas del objeto del Cañón Chaco con marcas similares de la escritura Linear B y sumeria, nada concordaba. Luego de tres días de análisis comparativo, solo podía concluir una cosa: no era de este planeta.

Su reporte llevaba las mismas palabras en la página del título.
Neruda se talló los ojos y miró otra vez por el microscopio, examinando la superficie metálica de la cubierta plateada texturizada y las marcas color cobrizo. El objeto contenía miles de rizos, pequeñas médulas espinales que se unían, como ganglio nervioso, cada 8 o 10 centímetros dentro de los 23 distintos glifos en el objeto.

Aunque era del tamaño de una caja de zapatos de niño, el artefacto pesaba más que un melón y tenía una densidad similar al plomo. Pero, a diferencia del plomo, la superficie fue completamente impenetrable a toda prueba que Neruda o sus colegas emplearon.

Tal vez fue la calidad de escultura de los glifos lo que lo fascinaron. O tal vez fueron las sutiles variaciones en las líneas. Nunca antes había visto descripciones tan sofisticadas de un alfabeto criptográfico. De alguna manera el problema se agravaba por la ironía que el artefacto se mantenía en silencio.

“Creo que encontramos algo.”

Emily Dawson asomó la cabeza a la oficina de Neruda, sosteniendo una taza de café para evitar que se le congelaran las manos. Su cabello largo y castaño, normalmente arreglado con un moño, le caía sobre los hombros, pareciendo más cansada que sus ojos tristes y expresivos.

“¿Aquí nunca duerme nadie?” Preguntó Neruda con una sonrisa infantil.

“Claro, si no te interesa lo que encontramos...” su voz disminuyó a un murmullo.
Neruda sonrió astutamente. Le gustaba la irresistible seriedad de ella. Le encantaba su discreción.

“Bien, ¿qué encontraron exactamente?”

“Tendrás que venir conmigo. Andrews aún está comprobando sus cálculos, pero mi instinto me dice que confirmará nuestros descubrimientos originales.”

“¿Y cuáles son?”

“Andrews me dijo que no te dijera hasta que estés en el laboratorio...”

“Andrews olvida que soy su supervisor. También que son las dos de la mañana y que me enojo inusualmente cuando estoy cansado y tengo hambre.”

“Solo tomará unos minutos, vamos. Te daré una taza de café”. Ella dejó colgando su irresistible oferta en la quietud de la oficina. Neruda solo pudo sonreír y se echó atrás sobre su escritorio desordenado.
“Ah, y trae el artefacto, Andrews lo necesita,” dijo ella.

El cabello de Neruda casi cubría su ojo derecho cuando se inclinó y metió con cuidado el objeto bajo su brazo como un balón. Se tambaleó un poco hasta que el peso del objeto encontró un punto de balance.

Neruda era boliviano y tenía la enorme fortuna de poseer uno de los rostros de apariencia más distinguida que puede tener un cuerpo humano. Todo en él era intenso. Su pelo era lacio y negro. Sus ojos parecían misteriosos manantiales a la luz de la luna, evadiendo la pregunta qué tan profundos o llenos estaban. Su nariz y labios estaban hechos por el cincel de Miguel Ángel.

Los pasillos de la ACIO eran tranquilos y antisépticamente limpios a esa alta hora de la madrugada. Paredes de estuco blanco y pisos de mármol blanco brillaban bajo las luces de halógeno. El olor de varias fórmulas de limpieza esterilizaba el aire. En el silencio del pasillo, Neruda escuchó rugir su estómago, el cual también estaba estéril. Había olvidado cenar. Otra vez.

“¡Por fin! Esta porquería es increíble.” Dijo Andrews cuando entró Neruda. Tenía el desconcertante hábito de nunca ver a los ojos a su contraparte humana. A Neruda le agradaba eso; le hacía sentir confortable en cierta forma. “Esta cosa es increíble.”

“¿Y a qué te refieres exactamente?” Preguntó Neruda.

Andrews mantuvo la mirada en los gráficos frente a él. “Me refiero a la forma en que la analítica de la superficie muestra la precisión con que fue diseñada esta cosa. Lo que parece caos es en realidad un patrón ejecutado de manera precisa. ¿Ves estas sutiles variaciones? No son arbitrarias. Nos equivocamos, no construimos los diagramas de planos con suficiente granularidad para ver el patrón anterior”.

“¿Y cuál es ese patrón exactamente?”, la voz de Neruda emitía un grado de impaciencia.
Andrews puso un largo gráfico en la mesa frente a ellos. Parecía un mapa topográfico de una cadena montañosa. Neruda vio instantáneamente el patrón. “¿Esta es la superficie completa del objeto?”

“Sí.”

“¿Estás seguro?”

“He vuelto a revisar todo y mis resultados son exactamente iguales”.

Neruda puso de golpe el artefacto en la mesa a un lado de la gráfica de Andrews.

“¿No hay forma en que esto pueda ser una anomalía?”

“No”.

“¿Y cuál es la granularidad del plano?”

“.0025 micrones”

“¿Es visible a otra granularidad?”

“No estoy seguro. Por eso te pedí que trajeras aquí el pequeño monstruo. Haré unas pruebas más, y veremos qué más aparece.”

“¿Alguna idea de lo qué es?”

“Sí, no es de por aquí”, rió Andrews y forcejeó con el objeto para ponerlo sobre una plataforma para estudio.

El dispositivo de medida se llamaba Topógrafo de Mapeo Superficial (SMT – Surface Mapping Topographer) y hacía un mapa topográfico extremadamente detallado de la superficie de los objetos. Similar al análisis de las huellas digitales, la versión de la ACIO era tridimensional y se podía usar microscópicamente.

Neruda se acercó más a la gráfica del tamaño de un póster mientras que Andrews posicionaba el objeto exactamente a sus requerimientos.

“Definitivamente no es Zeta o Corteum.”

“Y definitivamente no es del pasado del ser humano ni corresponde al presente”, dijo Andrews.

“Pero este patrón... es inconfundible. Debe... debe ser un mapa topográfico. Podría incluso representar el sitio del descubrimiento”.

“Bueno, digamos que es ET, pero no de los ET's a los que les enviamos tarjetas de Navidad, y estos ETs nos visitaron en nuestro pasado distante. Supongamos que eran cartógrafos y decidieron hacer un mapa de su asentamiento en la Tierra. Luego se aburrieron de Nuevo México -algo fácil de lograr- y ya no necesitaron más el mapa, así que lo dejaron ahí.”

“Este artefacto fue encontrado sobre el suelo”, le recordó Neruda. “Alguien o algo lo puso ahí y lo hizo recientemente, de otra manera, hubiera estado enterrado.”

“Tal vez se desenterró a sí mismo” dijo Andrews en voz baja.

Neruda retrocedió, de pronto se sintió agotado. Se desplomó en una silla, recorrió sus manos por el pelo, y se estiró suspirando profundamente. Sobándose el cuello dijo: “tal vez tienen sentido del humor”.

“O les gusta torturar a sus víctimas con indirectas” propuso Andrews. “¿Recuerdas nuestra experiencia con los Zetas?”

“Esto es completamente diferente. La estructura lingüística de esta raza es tan dimensional que debe carecer de habilidades telepáticas. ¿Entonces por qué construirían un lenguaje tan complejo?”

“Tal vez no es un lenguaje ni un mapa. Tal vez es algún tipo de expresión artística”.

“No. Es más probable que hayan creado un lenguaje multi-dimensional que integrara sus matemáticas con su alfabeto como una forma de comunicar un significado más profundo. No es una indirecta. Puedo sentir las indirectas en los huesos.”

“Sí, pero somos muy tontos para darnos cuenta”.

“Solo hemos tenido tres días”.

“Bueno, pero estamos sin pistas, casi como en el primer día”.
La puerta del laboratorio se abrió y Emily entró con una bandeja con tazas de café. “¿Necesitan algo más, caballeros, antes de retirarme?”

“Mil gracias”, contestó Neruda.

“De nada. Entonces, ¿qué piensas del dibujo?”

“Todo se volvió más complicado”.

“Entonces estás contento”, dijo Emily sarcásticamente.

“Ellos tienen una estructura matemática codificada en su alfabeto o este objeto porta un mapa topográfico muy detallado”.

Emily puso la bandeja junto al artefacto con cuidado de no tocarlo. “Prefiero la hipótesis del mapa. Nunca fui muy buena con las matemáticas”. Mostró su sonrisa más inocente. Por un instante, Neruda la vio como una niña, con trenzas, su primer sostén y frenillo dental.

Emily era relativamente nueva en la ACIO. A Neruda le llamó la atención después de leer su libro de la cultura Sumeria, el cual escribió cuando era Profesora Asociada en la Universidad de Cambridge. Forzada a dejar su domicilio en Cambridge debido a una enfermedad que creía que era una forma de cáncer, cayó en una gran depresión durante la convalecencia que había dejado destrozado su cuerpo y espíritu. Dos años atrás, la ACIO la reclutó y Neruda la tomó bajo su ala como su mentor.

“Estás contento por esto, ¿verdad?” preguntó Emily medio seria.

“Vamos, jefe” interrumpió Andrews, “tomar café y comer donas en cada comida, nunca tener que usar lentes de sol... ¿qué más quieres?”

Andrews era el prototipo de ingeniero nerd. La agudeza mental antes que la apariencia física. No es que fuera feo, sino que prefería analizar problemas complejos y resolverlos, en vez de trabajar con tareas que consumían tiempo, como cepillarse los dientes o peinarse.

Neruda sorbió el café y miró en silencio la gráfica. Había algo en el patrón que le inquietaba. Era demasiado perfecto. Si alguien quisiera codificar un lenguaje dentro de un lenguaje, lo hubiera hecho menos obvio. De otra forma ¿cuál es el propósito de la codificación?

“Creo que deberíamos disminuir los planos de granularidad de variación .001 a .0005 micrones. También pregúntale a Henderson si nos puede conseguir un juego de 20 mapas topográficos del sitio del descubrimiento de un radio de 100 kilómetros a incrementos de 5 Kilómetros, ¿puedes, Andrews?

“No hay problema, pero al menos dime qué piensas encontrar”.

“No sé,” dijo, mirando con sospecha la gráfica. “No sé, pero tal vez sea un mapa, más que un lenguaje”.

“Esto puede esperar hasta mañana, ¿verdad?”

“¿Qué, y perderme con eso una buena taza de café?”, Neruda sonrió ampliamente y le dio las buenas noches. Él también ya se iba a dormir.

A su salida, Neruda vio una línea de luz que salía debajo de la puerta de la oficina de Quince. Al Director Ejecutivo de la ACIO se le consideraba un búho nocturno y adicto al trabajo, pero las 3:00 a.m. era una alta hora, incluso para sus estándares.

Neruda tocó despacio la puerta y la abrió. Quince estaba en su computadora, perdido en sus pensamientos. Absorto, le hizo una señal a Neruda para que pasara pero luego le indicó que esperara antes de hablar. Unas tecleadas más y Quince se volteó a ver a Neruda.

A principio de sus 60, Quince había sido el líder venerado por más de 30 años. Los científicos privilegiados de trabajar en la ACIO lo consideraban la mente más brillante dentro y fuera del planeta.

Quince obtuvo su nombre en virtud de su margen de seguridad. La ACIO tenía 15 distintos niveles de distribución de información y él estaba en la cima de la cadena de información.

La ACIO había desarrollado la dirección de conocimiento y sistemas de información más poderosos. Y debido a su acceso único a las tecnologías más poderosas del mundo, sus bases de datos de información estaban más asegurados que el oro en el Fuerte Knox. Quince era la única persona en el mundo que tenía un nivel 15 de margen de seguridad, lo cual le daba libre acceso a todos los sectores del almacén de datos de la ACIO.

Neruda se sentó en una silla de piel frente a Quince, esperando alguna señal para hablar. Quince tomó un trago de té, cerró los ojos por un momento como para aclarar su mente, y miró a Neruda. “Quieres ir a Nuevo México ¿verdad?”

“Sí, pero quería decirte la razón...”

“¿Crees que no la sé ya?”

“Tal vez, pero quiero decírtelo con mis propias palabras”.

Quince se recargó en su silla, como si su espalda le doliera. A Neruda, Quince le recordaba a Pablo Picasso, con largo cabello canoso. Era de descendencia española. Tenía el mismo tipo de cuerpo robusto que Picasso pero quizás un poco más alto.

“Entonces dime”.

“Este artefacto es más sofisticado que los Zeta o Corteum. No se le puede hacer pruebas. Está completamente liso. Y esta noche confirmamos que tiene un multi-alfabeto que va de una clave criptográfica bi-dimensional a un patrón tri­dimensional que se parece mucho a un mapa topográfico. Combina estos factores con el reporte de los chicos que lo descubrieron, que el artefacto proyecta una forma de alucinación cuando se le sostiene y creo que hay evidencia probable de que esta cosa no sea un artefacto aislado”.

Quince suspiró profundamente. “Estás enterado de que ya envié un equipo al área donde se encontró el objeto. Usamos nuestra mejor gente en la búsqueda y recuperación y no encontraron escombros adicionales...”

“¡Así es! No es de un sitio de estrellamiento. El artefacto está perfectamente intacto. Solo hay marcas microscópicas…”

“Entonces explica cómo esta sofisticada tecnología extraterrestres fue hallada por dos chicos sobre el suelo. Ambos leímos el reporte de Collin que estimó que un objeto de ese peso y tamaño se hubiera enterrado al menos parcialmente en ese medio ambiente en 6 u 8 meses”.

“Posiblemente haya sido dejado ahí recientemente”.

“¿Sugieres que una raza extraterrestre lo dejó como su tarjeta de presentación?”

“Quizás”.

“Especula. ¿Por qué?” preguntó Quince.

“¿Qué tal si ellos dejaron algo importante en el área y quisieron asegurarse de poder regresar exactamente al mismo lugar años después?”

“¿Como un faro?”

“Sí.”

“¿Estás enterado de que no ha habido absolutamente ninguna actividad radar anormal en esa área en los últimos doce meses?”

“No”.

Quince giró sobre su silla, oprimió unas teclas en el teclado y empezó a leer: “ZONA NM1257 TUVO 3 INCIDENTES DE SOBRE-VUELOS ZETA DURANTE EL PERIODO DE ANÁLISIS SOLICITADO. ESTOS FUERON: 0311 HRS, 7 DE MAYO; 0445 HRS, 10 DE MAYO; Y 0332 HRS, 2 DE MAYO. LAS TRAYECTORIAS DE VUELO SE ESTIMARON A VELOCIDADES MAYORES DE 1,800 KPH —SIN VARIACIONES SIGNIFICATIVAS DE VELOCIDAD”.

La impresión implacable en el rostro de Quince se suavizó ligeramente al voltearse a Neruda. “¿Ves? Este objeto no fue dejado ahí, se desenterró solo”.

Neruda se estremeció al reconocer que ya había oído eso dos veces en la última hora. “O fue dejado por viajeros del tiempo”, dijo.

Quince hizo una pausa para reflexionar en la conversación. Tomó un trago de té y se recargó en la silla, esta vez haciendo una mueca. “¿Mencionaste un patrón tri­dimensional que parecía un mapa?”
“Sí”, dijo Neruda, su voz ganaba intensidad. “Y la precisión es al menos de .0025 en los cuadros de granularidad. Podrían ser mayores. Lo averiguaremos mañana”.

Con voz algo irritada, Quince preguntó, “¿entonces, qué propones?”

“Quisiera organizar un pequeño grupo mañana en la mañana y llevar el artefacto con nosotros. Este puede ser un compás o un mapa de algún tipo que sólo opera en el ambiente local en que fue encontrado. Es mejor una prueba antes de poner esta cosa en almacenamiento”.

“¿Y crees que sea más sofisticado que los Corteum?”

“No tengo la menor duda”.

“Tienes mi aprobación, pero si el artefacto va contigo, también se va Evans y cualquiera que él crea que sea pertinente. ¿Entendido?”

“Sí, pero esta es mi misión y supongo que yo guiaré todas las operaciones”. Esperó que su voz sonara como una afirmación más que una pregunta.

“Y las gráficas de cuadro del objeto, ¿tienen alguna marca como alguna posición estratégica?”

“Así es, cuando los 23 glifos están expuestos en el análogo del SMT, con un poco de imaginación uno puede definir al menos 2 o 3 posiciones estratégicas. Estoy ordenando mapas topográficos de toda la región dentro de 100 kilómetros del punto del descubrimiento. Veremos si hay alguna correlación cuando hagamos un análisis de sobreposición”.

Quince se puso de pie y miró su reloj. “Antes de que te vayas mañana quisiera una sesión de información para los directores. La programaré a las 1400 horas en mi oficina. Supongo que vendrás preparado para mostrar los resultados del SMT, las correlaciones del mapa topográfico, asumiendo que existen, y cualquier otro descubrimiento en relación a los glifos”.

Neruda se puso de pie y asintió afirmativamente. Agradeció a Quince por su tiempo y abandonó la oficina con un peculiar sentido de aprehensión. ¿Por qué también tenía que venir Evans? Quince debe sentir algo peculiar.

James Evans, director de Seguridad de la ACIO había sido comandante Navy Seal por seis años antes de que sus métodos de entrenamiento se volvieran un poco extremos, aún para el programa Navy Seal. Fue cambiado de domicilio luego de un grupo de circunstancias conspiracionales que terminaron en un honorable despido. Más tarde la ACIO lo reclutó en secreto. Trabajó ahí por 3 años hasta que Quince se interesó en él a través de un proyecto de colaboración entre la NSA y la ACIO cuyo nombre clave era AdamSon. Para los científicos de la ACIO, Evans y su departamento de Seguridad eran un mal necesario, pero un mal al fin y al cabo. Sus tácticas introducían al núcleo científico, un sentido de paranoia del que Quince no se percataba.

Evans era una persona tratable. Su posición era de gran prestigio: Director de Seguridad y Admisiones de la ACIO. En su papel gozaba de un rango de seguridad de nivel 14, junto con otros seis directores. Estas siete personas eran el equipo más elitista alrededor de Quince, quien los consultaba en cada decisión importante.

Para Neruda, Evans era un pillo bien entrenado. Su inteligencia era superior a una persona promedio solo debido a la tecnología de incremento mental que la ACIO obtuvo de los Corteum. Sin la ayuda de la Tecnología Minyaur, como se le llamaba, Neruda con frecuencia pensaba que Evans hubiera sido un buen Representante del Estado para Wyoming.

Desde su llegada, hace 12 años, y su rápido ascenso en los rangos de la ACIO, Evans había implementado muchas tecnologías de seguridad nuevas, tal como el faro rastreador subcutáneo que se había implantado en el cuello a todo el personal de la ACIO. Para el crédito de Evans, no había faltas de seguridad o defectos durante su ejercicio, pero Neruda detestaba la existencia de seguridad interna y Evans era un objetivo fácil para su desprecio.

Neruda entró al elevador, poniendo especial atención a los reportes de estatus y estado del tiempo desplegados en el monitor instalado arriba de las puertas. Eran las 03:17 hrs, sin viento, la luna al 12% de luminosidad, 120 km. de visibilidad, constante de presión barométrica a 29.98 y humedad de 16.4 %.

Las puertas del elevador se abrieron antes de que él pudiera percibir el estado del tiempo, pero sabía que estaría bajo tierra todo el día de mañana. Además, el clima no era exactamente volátil al sur de California.

El lugar superior de la ACIO estaba a 45 metros, o 12 pisos sobre las oficinas ejecutivas y laboratorios de la ACIO. El lugar superior era también una fachada completamente diferente: un solo largo suelo, construido con estuco con salientes similares a antenas y discos parabólicos en el techo. En el acceso de la entrada, una señal sencilla que decía, CENTRO DE CLIMA EXPERIMENTAL DEL GOBIERNO DE LOS ESTADOS UNIDOS. ACCESO RESTRINGIDO.

La ACIO era, para quien se pudiera preguntar, un centro de clima gubernamental responsable de desarrollar instrumentos sofisticados para ayudar al ejército de Estados Unidos y comunidades de inteligencia, a predecir mejor, e incluso a controlar las condiciones climatológicas de todo el globo. Esta era parte de la misión de la ACIO. Pero solo una parte de su presupuesto y plan de proyecto iban a estos objetivos.

De sus 226 científicos, once se especializaron en el desarrollo de tecnologías relacionadas con el clima. La mayoría se relacionaron en el desarrollo de tecnologías complejas, dedicadas a la manipulación de mercado financiero y tecnologías de encriptación que permitían a los algoritmos operar sin detección.

La ACIO tenía una larga trayectoria trabajando con los poderes secretos detrás del trono. Los altos poderes dentro de la comunidad de inteligencia e industria privada veneraban la capacidad intelectual e innovaciones de la ACIO. Dentro de la comunidad de inteligencia se rumoraba fuertemente que una organización así existía para invertir tecnologías extraterrestres, pero solo un puñado de los más elitistas sabían de la ACIO.

Neruda llegó a la parte superior con el estómago alimentado de mucha cafeína.
Pensó que un vaso de leche tibia y un plátano antes de dormir lo tranquilizarían. Nunca se había casado y hoy, a los 46, los prospectos se veían lejos. Toda su vida adulta la había absorbido la ACIO. Desde que tenía 16, cuando empezó a trabajar como interno con su papá, la ACIO fue su refugio y santuario, lugar de trabajo y campo social.

La luz de las estrellas lo tomaba siempre por sorpresa cuando dejaba el recinto. El aire de la noche aterciopelada, suave de verdad, era limpio. Condujo 6 kilómetros a su casa en una nueva subdivisión de personal principalmente de la ACIO.

Su cabeza cayó a la almohada antes de tomarse su vaso de leche tibia. El plátano sin pelar se quedó a su lado en la mesa. Tan cansado como estaba, el ojo de su mente se quedó mirando las extrañas marcas que circulaban la tapa exterior del artefacto. En 30 años de estudiar escrituras antiguas, nunca había visto glifos grabados tan intrincadamente.

De pronto se percató de una luz suave y difusa que penetró sus párpados. Sus ojos se abrieron como si fueran impulsados por muelles en alta tensión. El cuarto estaba silencioso y oscuro. Cerró los ojos de nuevo, imaginando que debió haber caído en un sueño lúcido de algún tipo. Se volteó sobre su costado y ajustó el cobertor fuertemente sobre su cuello y exhaló un largo y cansado suspiro.

En un momento la luz regresó. Esta vez mantuvo los ojos cerrados mirando asombrado como la luz empezó a tomar la forma de los mismos glifos que había visto en el artefacto. Flotaron sobre su cabeza como un espejismo de luz brillante y dorada: serpentina y escultural. Las miró con toda su intensidad y para su sorpresa, empezaron a moverse, no los glifos, sino algo adentro de los glifos. Algo circulaba dentro de ellos como la sangre que circula dentro de una arteria.

Fuera lo que fuese, empezó a acelerar. Cada vez más rápido y luego Neruda se percató de un sonido zumbante, similar al zumbido de electricidad pero infinitamente más suave. Comenzó como un sonido bajo y luego empezó a crecer en tono a un estado casi inaudible y cuando Neruda pensó que lo había perdido, empezó a oscilar. Primero, el sonido era una onda de pulsaciones rítmicas eléctricas como un latido masivo a un millón de kilómetros de distancia, pero luego algo cambió y pudo escuchar palabras formándose. Nada entendible, se dijo a sí mismo, pero definitivamente era un patrón lingüístico. Todo su cuerpo y mente se enfocaron hacia el sonido, tratando desesperadamente de distinguir palabras.

Entonces sucedió. Inglés. Palabras que podía entender. “Estás entre amigos. No tengas miedo. Relájate y solo escucha nuestras palabras”. Las palabras eran pronunciadas con perfecta dicción articuladas como un actor de Shakespeare. “Lo que te impartimos, se almacenará en tu mente para posterior recolección. Cuando despiertes no recordarás nuestro encuentro. Lamentamos esto, pero es necesario en este momento”.

Neruda pudo sentir que su mente formaba una protesta pero se disolvió antes de poder darle voz.
“Lo que deseas es activar nuestra tecnología”, entonó la voz. “Pero aun no entiendes el contexto en el que nuestra tecnología está colocada en tu planeta. Esta idea vendrá, pero tomará tiempo. Descansa con la seguridad de que estamos observando, esperando e incluso vigilando para proteger tus intereses y los de nuestra misión”.

Neruda podía sentir su cuerpo, pero era incapaz de mover sus miembros o incluso abrir los ojos. Estaba completamente en trance por la voz. Trató de hablar – no estaba seguro de si hacerlo con su mente o cuerdas vocales. “¿Quiénes son ustedes?”

“Nosotros somos en lo que te convertirás. Eres lo que hemos sido. Juntos, somos lo que define el alma humana. Nuestro nombre, traducido a tu idioma, es Creadores de Alas. Estamos impregnados de la luz de la Primera Fuente. Tú vives en la luz más débil que ha sido disminuida para contenerte. Nosotros aportamos el Lenguaje de Unidad al interior de esta débil luz para que puedas ver cómo llegarás a estar unido a una nueva estructura cosmológica, una arquitectura y grandeza que no puedes siquiera imaginar”.

La mente de Neruda recordó la voz de su padre: “…la nueva espiritualidad tendrá como base un substrato cosmológico tan profundo que la mente no podrá contenerlo”.
Sonrió para sus adentros al recuerdo de la voz de su padre. “¿Por qué? ¿Por qué no podemos imaginarlo?”

“No has sido capaz de entender el Lenguaje de Unidad porque no entiendes la Totalidad. Tú no entiendes el gran universo en el que vives y respiras.

“Las plantas de ustedes tienen sistemas de raíces que penetran la tierra y beben de su sustancia. De esta forma, todas las plantas están ligadas. Ahora, imagina que cada planta tuviera una raíz secreta que fuera invisible pero está no obstante, conectada al centro del planeta. En este punto de convergencia, toda planta está unificada y consciente de que su verdadera identidad es este sistema central de raíces interconectadas y que esta raíz secreta es el cordón umbilical a través del cual la expresión individual se trajo a la superficie terrestre y se liberaron sus conciencias unificadas. De esta misma forma, la humanidad tiene una raíz secreta que se mueve en espiral en la realidad inexplorada del Universo Central de la Primer Fuente. Es como un cordón umbilical que conecta la entidad humana con la esencia alimentadora de su creador. La raíz secreta es la poseedora del Lenguaje de Unidad. Y es este lenguaje el que hemos venido a enseñar.

“Toda vida está incrustada en lo que llamaremos un Navegador de la Totalidad. Éste es tu núcleo de sabiduría. Éste te atrae para que percibas la existencia fragmentaria como un pasaje hacia la totalidad y unidad. Éste es eterno y sabe que la raíz secreta existe aunque parece intangible a tus sentidos humanos. El Navegador de la Totalidad es el motor incansable que conduce la experiencia de vida fragmentaria hacia la expresión de vida unificada. Es el puente inmutable sobre el cual pasará toda vida.

“La Era de la Iluminación es la época de vivir en el universo multidimensional y apreciar su totalidad, estructura y perfección y luego expresar esta apreciación a través de tu cuerpo y mente en el mundo del tiempo y espacio. Estamos aquí para ayudar a seres como tú a primero conceptuar y luego experimentar el universo multidimensional como realmente es... no sólo a través del lenguaje de tu mundo, sino a través del Lenguaje de Unidad; como lo ves en los glifos. Conforme esta experiencia fluya a través de ti, te transformarás. El Navegador de la Totalidad será capaz de depositar una nueva percepción de ti mismo que está alineada con la imagen de la Primera Fuente. Es esta nueva imagen, emergiendo a través de tu Navegador de la Totalidad, la que cambiará el curso de este sistema planetario. Estamos aquí para acelerar la transformación de esta imagen en la mente de la humanidad”.

Neruda continuó escuchando. Una parte de él trató de explicar que lo que estaba sucediendo era una construcción mental, un sueño y nada más. Pero en alguna parte muy dentro de él, debajo de todas las etapas de su educación, un recuerdo vago se despertó. Un sentimiento de que la realidad estaba sobre él con la intensidad de un jaguar capturando a su presa. Un sentimiento de que todo el universo estaba enfocado a este evento. Todos los ojos estaban observando.

Sintió surgir una pregunta a la superficie. “¿Por qué les interesa que los humanos alcancen esta experiencia... ya sea yo o cualquier otro? ¿Por qué es tan importante que esta nueva imagen, como ustedes la llaman, se acelere en la humanidad?”

“Si la humanidad entiende que existe esta raíz secreta y que es la poseedora del Lenguaje de Unidad, entonces la humanidad puede volverse un organizador responsable más allá de la Tierra, su sistema solar, su galaxia y su universo. La humanidad puede ser administradora del alma humana y transformarse en lo que somos. Todos nosotros estamos, a pesar de nuestra posición en la línea de tiempo evolutiva, codificados para re-ascender los escalones del universo. Es nuestro camino migratorio. Unos inician y terminan antes que otros, pero todos harán el viaje”.

“Entonces, ¿ahora qué?” preguntó Neruda.

“Sigue lo que has descubierto. Te guiará a nosotros”.

La voz se desvaneció hacia el sonido pulsante de los glifos. El bajo zumbido regresó y su mente se relajó en un profundo sueño.



Capítulo 2

RECONOCIMIENTO


“No hay súplica que me conmueva. No hay oración que me invite a adentrarme más a tu mundo a menos que se acompañe con el sentimiento de unidad y totalidad. No hay templo u objeto sagrado que me toque. Nunca se te ha llevado, ni te han traído más cerca de mi mano extendida. Mi presencia en tu mundo es inalterable, ya que yo soy el santuario tanto del cosmos como del alma de tu interior”.

Extracto de la Primera Fuente, decodificado de la Cámara 23.
 Creadores de Alas

Neruda siempre se ponía un poco nervioso cuando tenía que hacer una presentación a los Directores, especialmente cuando llegaba tarde. Los resultados del laboratorio habían tardado más de lo esperado, como siempre. Malditos datos de réplica, pensó. Sin embargo estaba complacido con los resultados y apenas podía esperar para presentarles sus hallazgos. Andrews tenía razón: esta porquería era increíble.

Su estómago estaba tanto hambriento como revuelto. Se tomó un trago de agua de la fuente del pasillo afuera del laboratorio y se dirigió a la oficina de Quince. Se recordó a sí mismo que era miembro del Grupo Laberinto, tal como ellos. No eran más inteligentes que él; de hecho, en materia de lenguaje, él era la autoridad mundial, a pesar de que nadie excepto la ACIO lo supiera.

El Grupo Laberinto era un subgrupo secreto de la ACIO. Cuando Quince tomó el control de la ACIO en 1967, sintió que la Agencia de Seguridad Nacional (NSA – National Security Agency) estaba trivializando la agenda de la ACIO. Quiso aprovechar las tecnologías que resultaron del PTT con los Zetas y Corteum y aplicarlas en el desarrollo de la TPB, Tecnología de la Pizarra en Blanco (BST – Blank Slate Technology), una elaborada tecnología para alterar eventos basados en el tiempo sin ser detectados. Quince quiso desarrollar la última arma defensiva, o Llave de la Libertad, como le llamaba, en el caso de una invasión extraterrestre largamente profetizada. Él estaba convencido de que la ACIO se debería enfocar en esta búsqueda científica.

En parte para lograr esta misión y en parte como una consecuencia de nuevas tecnologías de la ACIO, Quince estableció una organización secreta dentro de la misma, compuesta por solo su círculo más íntimo de leales asociados. Establecido en 1969, este grupo elite se hizo llamar Grupo Laberinto. Todo el personal con un rango de seguridad de 12 o más, fue incorporado a esta pequeña pero poderosa organización.

Con solo 66 miembros, todos habían experimentado una variedad de mejoras que amplificaron su inteligencia natural y habilidades innatas -incluyendo habilidades psíquicas— y fue eso exactamente lo que había revuelto el estómago a Neruda.

“Buenos días”, dijo Neruda al grupo de Directores reunidos. “Disculpen por retrasarme un poco, pero los datos de réplica y los análisis de correlación tomaron más tiempo de lo que pensamos”. Sonrió amablemente, se cepilló el pelo hacia atrás, se sentó y miró a Quince, que estaba parado al final de la larga mesa de conferencia hecha de palisandro; como los espasmos de espalda le habían empezado a dar hacía meses, raramente se sentaba por mucho tiempo.

Alrededor de la mesa de conferencia estaban los subordinados directos de Quince: Li-Ching, Directora de Comunicaciones y Protocolo; James Louden, Director de Operaciones; William Branson, Director de Sistemas de Información; Leonard Ortmann, Director de Investigación y Desarrollo; Lee Whitman, que dirigió todas las relaciones de PTT, tanto de y para la ACIO; y James Evans, quien dirigía Seguridad; Jeremy Sauthers, el supervisor de Neruda y Director de Proyectos Especiales, estaba de vacaciones y ausente en la junta.

Con este grupo era imposible tener una junta, sin importar qué tan corta fuera y no cometer ningún error. La única pregunta era qué tan grande sería el error. Neruda sabía esto mejor que nada y se pasó nervioso en su silla, preguntándose si se le pasaba algo por alto. Él hubiera deseado pedir más tiempo para prepararse.

“Le pedí a Jamisson que presentara estos descubrimientos”, dijo Quince, “porque parece que tenemos ante nosotros una tecnología a la que no le podemos hacer pruebas, usando nuestra mejor tecnología. Tenemos una aleación que es indudablemente extraterrestre o posiblemente, de otro tiempo, no estamos seguros”. Se volteó a ver a Neruda, “¿verdad?”

“Probablemente sea que no es de este mundo pero debido a que no somos capaces de comprobarlo, no, no estamos seguros”

“Neruda vino conmigo anoche, o creo que fue esta mañana y me preguntó si podía guiar un grupo de exploración a Nuevo México llevándose el artefacto. Dio un argumento razonable y yo simplemente quise que cada uno de ustedes estuviera informado.”

“Sabemos que el objeto estaba sobre el suelo cuando se descubrió. También sabemos que no se dejó abandonado en los últimos 12 meses por ninguna fuente extraterrestre. De acuerdo a Jamisson, el objeto posiblemente es un mapa o dispositivo guía. Él está aquí para explicar la hipótesis. Yo ya le di permiso de ir al lugar, pero quise que ustedes tuvieran la oportunidad de hacer preguntas y formular sus opiniones”.

Quince señaló a Neruda con la cabeza y se sentó cautelosamente.
Neruda caminó hacia la larga pizarra adyacente a la mesa. Agarró un marcador rojo y escribió la palabra MAPA. Después escribió DISPOSITIVO RASTREADOR. Luego hizo una línea vertical entre los dos términos. Sobre las palabras, en medio, escribió EVIDENCIA, en letras mayúsculas.
Se volteó y miró al austero grupo, quienes observaban con interés. Sabían que Neruda no tendía a precipitarse con pronunciamientos o retórica excesiva.

“Estamos convencidos de que el objeto es una de estas cosas o probablemente ambas” dijo, señalando detrás de él con el pulgar. “Lo cual significa que probablemente no es un objeto aislado. También está claro que esta es una tecnología, no una forma de arte inerte u objeto orgánico. La tecnología es superior a todo lo que he investigado hasta hoy. Es completamente discreto. Liso y silencioso en todos los aspectos”.

Fue a su silla y distribuyó copias de un documento escaneado tamaño póster. “Excepto en uno”, dijo. “En este análisis SMT verán la similitud a un mapa topográfico de algo que se parece a un ambiente montañoso. Estas líneas son invisibles al ojo humano, pero con un plano de granularidad a .0025, las líneas se hacen visibles y lo más importante, revelan un patrón.

“También bajamos imágenes satelitales del sitio del descubrimiento y las reducimos a simples mapas topográficos tridimensionales. Llevamos a cabo un análisis de correlación esta mañana y concluimos que la superficie del objeto es en efecto un mapa”.

Neruda distribuyó otro largo documento a cada uno de los directores. “Una vez que nuestras computadoras compararon escala y orientación, encontramos un 96.5% de correlación. Claramente, en la superficie del objeto está un mapa...”

“¿Y este mapa es del sitio del descubrimiento?” preguntó Evans.

“En realidad, el sitio del descubrimiento está en la periferia del mapa”.

“Diles sobre el punto de referencia”, recomendó Quince.

“Como pueden ver, hay 23 glifos que rodean la periferia del mapa. Estos glifos pueden apuntar a un área central justo aquí”. Neruda puso su marcador en la posición aproximadamente equidistante a los 23 glifos.

“¿Qué tan grande es el área a la que hace referencia este mapa?” preguntó Ortmann.

“Aproximadamente 20 kilómetros cuadrados”.

“¿Por qué una raza extraterrestre abandonaría un objeto así e incluiría un mapa si no fuera para identificar un punto de referencia específico? Parece improbable ¿no?” Ortmann se cruzó de brazos y se inclinó aún más en su silla como si enfatizara su frustración de perder su tiempo en especulaciones.

“No, si el objeto fuera tanto un mapa como un dispositivo guía”, contestó Quince. “Quizás el mapa está diseñado para guiarlo al área general que activa el dispositivo guía. Desde ese punto, el dispositivo suplanta la función del mapa”.

“Si no podemos hacer pruebas al objeto, ¿qué evidencia tenemos de que sea un dispositivo guía?” Ortmann apuntó a la pizarra donde la palabra EVIDENCIA estaba sola como una isla.

“No tenemos realmente alguna evidencia contundente”, contestó Neruda, “de cualquier modo, los estudiantes que encontraron esto...”

“Si va a mencionar el estado alucinatorio de estos estudiantes, como evidencia de que este objeto es un dispositivo rastreador, entonces usted puede ser un poco ingenuo al creer a los estudiantes de universidad y su inclinación por estados alterados y la experimentación con drogas”, dijo Ortmann.

“Yo personalmente sometí a estos estudiantes a un interrogatorio completo. En mi opinión, no mentían sobre las alucinaciones. Eran chicos decentes; no drogadictos”, dijo Evans.

Evans raramente era tan franco en presencia de Quince a menos que estuviera seguro de sus convicciones. Todos sabían eso. Para Ortmann eso fue suficiente para detener su línea de preguntas.

“Permitamos a Neruda un poco de libertad”, se interpuso Quince. “Digamos que tengo mi propia hipótesis, basada más que nada en intuición actualizada. Estoy seguro de que ustedes también. Pero nadie está mejor informado que Neruda de estos puntos en particular, así que démosle una oportunidad de mostrarnos su hipótesis.”

Los directores aceptaron apoyar la sugestión de Quince y voltearon a ver a Neruda con precisión robótica. Él prefería que otros hablaran y deseaba que Quince explicara su hipótesis.

“Escribí las palabras en la pizarra porque quise que supieran las verdades de este descubrimiento”, empezó Neruda. “Hay muy poco en el aspecto de evidencia física para apoyar mi hipótesis”.

Se dirigió a la pizarra y escribió debajo de la palabra MAPA: DESCUBRIMIENTO SMT (.0025) CORRELACIONES TOPOGRÁFICAS 96%. Debajo de DISPOSITIVO RASTREADOR escribió ALUCINACIONES ESPECIFICAS REPORTADAS POR FUENTES CONFIABLES.

“Este es el alcance de la evidencia, como hoy la conocemos, eso explica el probable propósito de este artefacto. Por otra parte, sabemos por nuestro análisis de lenguaje que los glifos no están referenciados en la base de datos Cyrus. Son en su mayoría únicos y significativamente más intrincados que cualquier cosa que hayamos visto antes”.

“Lo que probablemente es inquietante es el hecho de que el objeto se encontró sobre el suelo, como si alguien o algo lo hubiera puesto ahí para que lo encontraran. No hubo intento de esconderlo, más que el hecho de que estaba en una parte muy remota al norte de Nuevo México.”

“Nuestra hipótesis es que el propósito principal del objeto es servir de dispositivo guía. El mapa es una función secundaria que podría usarse por alguien si se moviera de su sitio de colocación intencional. El objeto es sensible al sitio y cuando se le sostiene dentro de cierta proximidad, que creemos que es el área descrita en el mapa, de alguna manera proyecta una imagen de su base en la mente del portador...”

“¿Y sugieres que su base es un lugar en el centro de este mapa?” preguntó Evans.

“Sí”.

“¿Y que esta base es un antiguo asentamiento extraterrestre abandonado, o un sitio activo?”

“Más lo primero que lo último”.

“¿Por qué?” preguntó Branson.

“Aunque hemos sido incapaces de fechar con carbono al objeto o usar la prueba Geon, hemos analizado las correlaciones del mapa. Las pequeñas variaciones en las correlaciones señalaron consistentemente factores de erosión y habiendo hecho análisis de regresión de los probables patrones de erosión del área en el mapa, concluimos que el objeto tiene al menos 600 años de antigüedad. Podría ser el doble”. Neruda hizo una pausa, esperando que alguien interviniera; no hubo respuesta.

“Creemos que el mejor curso de acción es llevar el artefacto a la región central descrita en el mapa y probar la hipótesis”. Neruda hizo una pausa de nuevo, esperando preguntas.

“Vamos a retroceder”, dijo Li-Ching, “sabemos que el objeto es auténtico, ¿verdad?”

“Sí. No hay engaño”, dijo Neruda.

“También sabemos que es extraterrestre”.

“O de otro tiempo”, agregó Neruda.

“Para mí, el punto más molesto es que el objeto tiene como 600 años de antigüedad y un día solo apareció sin rastro alguno”.

“La probabilidad es baja, de acuerdo a ZEMI. Menos del 10%”.

“Tenemos enemigos”, Li-Ching le recordó al grupo, “y este tipo de objeto encontraría de forma natural su camino a la ACIO. ¿Cómo sabemos si no es algún tipo de arma, si no le podemos hacer pruebas? ¿Recuerdan las pruebas dimensionales con las que se encontraron nuestros Observadores Remotos (RV - Remote Viewer) el año pasado, cortesía de los Zeta Rogue Doce? Nuestra tecnología tampoco podía hacer pruebas en aquellas.”

“Hablando de ORs, ¿alguien ya realizó una OR (Observación Remota) en este objeto?” preguntó Ortmann.

“Sí, pero de nuevo, sin resultados... más que confirmar la increíble resistencia del objeto a las pruebas” contestó Neruda.

“¿Planeó usted incluir ORs en su equipo de exploración?”

Neruda suspiró para sus adentros, sabiendo que eso era lo que había pasado por alto. “No, pero es una idea excelente”. Neruda no podía mentirle a este grupo. Sus detectores de basura eran tan sensibles que podían detectar una mentira, sin importar lo pequeña o benigna.

“Por cierto, ¿tenemos nuevos reportes del profesor Stevens?” le preguntó Ortmann a Evans.

“Hemos monitoreado al buen profesor desde que aseguramos el artefacto. Ha enviado unos e-mails a sus colegas y unas llamadas telefónicas, pero ha seguido nuestra historia al pie de la letra...”

“No me refería a su obediencia”, dijo Ortmann. “Me interesa el contenido de sus e-mails o llamadas. ¿Tiene él alguna hipótesis?”

El profesor Stevens enseñó arqueología en la Universidad de Nuevo México. Cuando los estudiantes de la universidad se toparon con el artefacto durante un viaje de excursión, se lo llevaron a Stevens para que lo identificara. Este inmediatamente lo consideró un tipo de artefacto extraterrestre y envió varios e-mails a sus colegas, mismos que fueron detectados por Echelon, una unidad secreta de inteligencia de la NSA. Como la palabra “extraterrestre” era una de las palabras clave que ocasionaron que los mails fueran detectados, los e-mails se reenviaron a la ACIO.

Cuando la ACIO llegó a la oficina de Stevens, 36 horas después de que se descubrió el artefacto, le dieron un poderoso mensaje: el artefacto era un arma experimental robada, altamente confidencial. Podría ser peligrosa en otras manos. El profesor Stevens, bajo estas circunstancias, estuvo sólo un poco indispuesto y se sintió aliviado, de entregar el objeto a Evans, quien se hizo pasar por un agente de la NSA.

Evans presionó en un teclado empotrado en la mesa y se elevó una pantalla en el proyector aéreo. Oscureció ligeramente la habitación y presionó unas teclas. “Pusimos un Dispositivo de Audición Nivel Cinco cerca de Stevens” le dijo Evans al grupo. “Nuestro análisis post-operaciones es que este tipo pensaba que el objeto era extraterrestre y que era un arma. También creía que la NSA era más apropiada para darle disposición y cuidado”.

“En este archivo”, Evans hizo clic en un objeto, “están todos los e-mails y llamadas telefónicas relevantes transcritas desde el martes, a las novecientas horas. Si ustedes buscan, en las palabras, hipótesis, teorías, suposiciones o conjeturas encontrarán solo un contexto”.

Evans terminó de escribir las palabras y presionó la tecla Enter. Instantáneamente apareció un texto de una transcripción telefónica, titulado 602-355-6217 SALIENTE / TRANSMISIÓN SENCILLA / OFICINA / 0722 / 1207 / 12.478 MINUTOS. Seleccionó 30% en una ventana titulada CUADRO DE CONTEXTO, seleccionó el botón de AUDIO Y TEXTO y volvió a presionar Enter. En la habitación se oyó la grabación de una conversación telefónica entre Stevens y su colega. Conforme se reproducía el audio, el texto se desplegaba sincronizadamente:

Stevens: Sabía que esto era importante. Por Dios, la maldita NSA estaba sobre mí.

Jordan: ¿Por qué permitiste que sucediera? Se llevaron todo ¿verdad? Sabes que el gobierno no puede entrar a tu oficina y robarse tus malditos derechos, mucho menos tu propiedad personal o la propiedad de la universidad.

Stevens: No tenía opción. Esta cosa podría ser un arma.

Jordan: ¿Por qué? ¿Porque un agente te lo dijo?

Stevens: Mira, conozco a uno de los estudiantes que encontró esta cosa y afirmaron que inducía a una especie de experiencia alucinante cuando lo sostenían o incluso al aproximarse mucho a ella.

Jordan: ¿Y estaba a la intemperie, a plena vista?

Stevens: Sí.

Jordan: ¿Cuál fue la explicación de la NSA de que esta arma súper secreta estuviera tirada en medio del desierto?

Stevens: Dijeron que uno de sus detectives privados había desertado y se robó un arma hacía meses atrás y aún estaba perdida. Dijeron que el arma era un dispositivo de control mental diseñado para irrumpir en la mente de uno hasta volverse loco. Ellos suponen que el desertor se volvió loco y dejó abandonado el artefacto.

Jordan: Maldición, probablemente sea un arma experimental. Pero entonces ¿por qué los extraños jeroglíficos? ¿Por qué no diría “Gobierno de los Estados Unidos”?

Stevens: Mi teoría es que esta cosa era tan secreta que la quisieron hacer parecer extraterrestre. De nuevo te recuerdo, fue la maldita NSA la que vino a tocarme la puerta. No la policía local ni el FBI. Solo les tomó 24 horas encontrarme y no fue porque los estudiantes les informaran. Ellos supieron porque esta cosa, esta maldita arma, tenía una señal rastreadora que los guió hacia mí.

Jordan: Vaya. Si esta cosa tiene una señal rastreadora ¿por qué no la encontraron antes? Si estaba a la intemperie en medio del Cañón Chaco, debería ser más fácil encontrarlo ahí que en tu oficina que está toda desordenada.

Stevens: Muy gracioso. Aparentemente los estudiantes activaron la señal rastreadora.

Jordan: ¿Entonces es todo? ¿Eso es todo lo que puedes hacer?

Stevens: ¿Es todo lo que puedo hacer? ¿Qué más puedo hacer? (gritando)

Jordan: Habla con tu presidente a cargo. Diles exactamente lo que sucedió y pídeles que se acerquen a la NSA.

Stevens: No me estás oyendo. Firmé papeles del maldito gobierno diciendo que yo no haría nada que pudiera incitar el interés en esta cosa. Si lo hacía, me meterían a la cárcel por espionaje o terrorismo.

Jordan: Está bien, está bien. Al diablo con el gobierno y sus armas. Cálmate, tal vez tengas razón. No me gustaría perder mi precioso tiempo visitándote en la cárcel (risa). Tal vez deberías tomarte libre el fin de semana; o sea, salte de la oficina, tonto y vete a pescar o algo. Veamos que pasa en los próximos días; si nada ocurre, tal vez tengas razón. Déjalo pasar.

Evans presionó unas teclas más, las luces volvieron y la pantalla proyectora desapareció hacia el techo. “Hasta ahí llegan sus teorías”, dijo Evans.

Neruda observó con algo de admiración; Evans se reclinó en su silla y cruzó la pierna como un caballero inglés. Su cuerpo no era el estereotipo musculoso y dobla-barras de un Navy Seal. Sin embargo, en su ropa se apreciaba su composición atlética e impresionante presencia, de 1.90m de estatura.

Quince se incorporó lentamente. Su cabello canoso a la altura del hombro, estaba sujeto con una meticulosa cola de caballo, sin duda por obra de Li-Ching. Había fuertes rumores de que él y Li-Ching sostenían un romance, aunque nadie tenía la absoluta certeza. Si los rumores fueran ciertos, eran asombrosamente discretos. Nadie había preguntado y Quince o Li-Ching jamás dijeron o hicieron algo que confirmara o negara definitivamente el chisme.

“Creo que todos apoyamos tu viaje de exploración” dijo Quince “y todos entendemos la urgencia de probar tu hipótesis. Quizás sería útil si discutimos por unos minutos la agenda de tu misión. ¿Ya tuviste oportunidad de definirla?”

Neruda tomó la firme decisión de no tragar saliva. Quería minimizar su segundo descuido. Recibir un golpe directo fue suficiente. Ahora tenía que admitir delicadamente que no había definido la agenda de su misión. ¡Maldición!

“He estado tan ocupado trabajando en el análisis de SMT, correlaciones de mapa y planeación de la misión”, dijo “que he pasado por alto la agenda de la misión al menos en términos de escribirla en un formato de presentación...”

“Bueno, por ahora, ¿por qué no nos dices lo que planeas hacer cuando llegues al Cañón Chaco? Agregaremos algunas ideas si pensamos en algo ¿de acuerdo?”

Quince era muy civil, era el mejor psicólogo que Neruda había conocido, pero normalmente perdía su caballerosidad después de dos errores.

“Sí, está bien”, dijo Neruda con una sonrisa de nervios. “Hemos elegido seis sitios para probar y consideramos estos sitios en orden de prioridad basado en nuestras correlaciones de mapa y en las mejores estimaciones de dónde creemos que los glifos indican preferencia en el sitio, como dije anteriormente, sobre todo en esta sección central del mapa. En cada sitio tendremos la prueba inicial de OR sobre los efectos alucinógenos del artefacto y determinaremos su base. Asumiendo que tendremos éxito en activar el dispositivo guía, seguiremos la señal a la base. Ahí, primero aseguraremos el área, evaluaremos suministros y requerimientos de mano de obra, y luego regresar por suministros y planeación de la misión”.

Miró de reojo su reloj, esperando enviar el mensaje no tan sutil que había terminado a tiempo.

“¿Comentarios? Preguntó Quince.

“¿Quién está en el equipo de exploración?”

“Dawson, Collin, Andrews, Evans y yo”.

“¿Y entonces quién es el OR?” preguntó Ortmann.

“Sí, pues, no he tenido oportunidad de revisar eso. ¿Alguien tiene alguna recomendación?”

Los Observadores Remotos eran personal muy especializado dentro de la ACIO que estaban entrenados para poder ver un medio ambiente a través de la distancia, e incluso del tiempo. Pero a diferencia de otras organizaciones de inteligencia que usaban OR, la ACIO también usaba una tecnología para incrementar sus habilidades psíquicas naturales. La tecnología, llamada Reproducción, permitía a los ORs capturar sus observaciones de manera más exacta.

Los OR con frecuencia se unían a las misiones de reconocimiento de la ACIO con el propósito de localizar un objeto, persona o coordenada específica del tiempo/espacio. Su exactitud era sorprendente. Podían “ver” el lugar en donde estaba un sujeto y si había marcas, podían determinar la localización exacta.

Branson se preparó para hablar. “Dada la naturaleza de la misión, recomendaría a Samanta Folten. Ella es relativamente nueva pero su enfoque es el mejor que he visto en ambientes externos e impredecibles. Walt Andersen también es un buen candidato, pero preferiría a Samanta por su enfoque inusual. Si estas alucinaciones probaron ser poderosas, su concentración podría ser una verdadera ventaja”. “¿Cuál es el rango de Samanta?” preguntó Evans.

“SL-Cinco, desde junio pasado”.

“Creo que deberíamos limitar el personal a SL-Nueve en esta misión”, dijo Neruda. “No sabemos aún lo que encontraremos y la reestructuración de memoria con ORs rara vez es efectiva”.

“Entonces, Walt es tu hombre. Él es SL-Diez”.

“Estoy de acuerdo con Evans”, dijo Quince. “Llévense a Andersen y háganle saber lo que necesita para estar listo para partir a las 18:00 horas. Hablando de partir, tendré que despedirme, tengo otra junta esperándome. Gracias a Neruda y su equipo por su progreso en las correlaciones del mapa. Es lo primero que hemos encontrado que puede revelar el misterio. Buena suerte para tu equipo”.

Neruda y los directores se pusieron de pie al unísono y con paso acelerado se enfilaron fuera de la oficina de Quince. Li-Ching se quedó atrás, posiblemente esperando la “junta” a la que refirió Quince.

Neruda tenía exactamente tres horas antes de que volaran los pájaros. Los helicópteros Q-11 eran el sistema de transporte preferido para la ACIO, especialmente para misiones confidenciales.

Él y su equipo estarían durmiendo esa noche en Nuevo México. No quería esperar a ver las estrellas; el trabajar bajo tierra por tantos años hizo más emocionante esta misión particular. Su apetito por el trabajo de campo nunca había sido tan fuerte, pero ahora las cosas se habían puesto más interesantes en el Cañón Chaco.

Capítulo 3

EL ARTEFACTO


Todas las creencias tienen sistemas de energía que actúan como cámaras de nacimiento para la manifestación de la creencia. Dentro de estos sistemas de energía hay corrientes que dirigen tu experiencia de vida. Tú te percatas de estas corrientes tanto consciente como subconscientemente y les permites que te lleven al terreno de experiencia que mejor ejemplifica tu verdadero sistema de creencias. Cuando tú crees “Yo soy un fragmento de la Primera Fuente empapado con SUS capacidades”, éstas empleando la energía inherente al sentimiento de conectividad. Estás atrayendo al interior de tu realidad un sentido de conexión a tu Fuente y todos los atributos de su seno. La creencia es inseparable de ti porque su sistema de energía se asimila dentro de tu propio sistema de energía y está tejido dentro de tu espíritu como un hilo de luz.

Extracto de Creencias y sus Sistemas de Energía, decodificado de la Cámara 4.
Creadores de Alas

El desierto de noche era un mundo mágico impregnado de silencio y claridad. Neruda se acordó de esto cuando él y Andrews armaban su tienda de campaña.

Neruda necesitaba una noche de buen dormir. Durante el vuelo de dos horas en helicóptero había aprovechado unos minutos para dormitar, pero la mayor parte del tiempo la pasó revisando la agenda de la misión con Evans; seleccionando un sitio para acampar y hablando sobre Samanta Folten para acelerar los objetivos de la misión y el artefacto.

Walt Andersen no estuvo disponible para el viaje, debido a que alguien de su familia se enfermó. Evans accedió permitirle a Samanta unirse al equipo de exploración a pesar de su rango de seguridad relativamente bajo. Neruda estaba encantado, en parte porque Samanta era nueva y en parte porque estaba muy recomendada por Branson.

“Ya sabes que mañana será un día para joderse, jefe”.

Neruda sonrió por las palabras poco convencionales de Andrews. Entre el núcleo científico, Andrews era el único que hablaba con esa espontaneidad gutural. Con los años, se había vuelto cómodo para Neruda. Por extraño que pareciera, incluso era una fuente de admiración; Neruda deseaba con frecuencia poder recitar esas mismas palabras con la facilidad natural de Andrews.

“Mientras estés presente para decir comentarios coloridos, seguro que lo será”. Cuando Neruda estaba solo con Andrews, le salía el sarcasmo como reflejo involuntario.

Emily asomó la cabeza en la tienda inclinada. “¿Aún juegan con su tienda, chicos?” bromeó alegremente.

Neruda y Andrews contestaron al unísono, “¡fuera!”

“Son un poco sensibles ¿verdad?” Incluso en la débil luz de la lámpara, su sonrisa era contagiosa.

“Samanta y yo terminamos de instalarnos, preparamos un poco de café descafeinado, y estamos casi listas para caminar un poco antes de dormir. Pensamos que tal vez nos quisieran acompañar, caballeros”. Le puso suficiente acento inglés a la palabra “caballeros” para recordarles de su educación en Cambridge.

“Sí, sí, sí, adelante y alardeen todo lo que quieran de su rápida instalación pero no tienen que escuchar al jefe explicando cada tedioso detalle, todo sobre los planes de contingencia”.

Neruda solo pudo gruñir en desacuerdo y se enfocó en atar la cuerda final y atar cabos flojos.

“¿Samanta está contigo?” preguntó.

“Está un poco tímida alrededor de ustedes los SL-Doce”, dijo Emily sarcásticamente.

“Tal vez oyó de cómo leen mentes y detectan pretextos. Todos los ORs tienen cuidado con ustedes. Todos los demás piensan que son solo un puñado de gatitos”, dijo Andrews un poco serio.

“¿Escuché bien? ¿Tienen hecho café o solo intentan que nosotros los viejos caballeros nos sintamos mal?” preguntó Neruda.

“Sí.”

“¿Sí, qué?”

“Ambas cosas”.

“¿Y pensaban compartir ese café?”

“Déjame consultar con mi nueva compañera de cuarto”. Emily asomó la cabeza fuera de la tienda por un momento. Se oyeron unos cuchicheos.

Neruda se detuvo, tratando de sentir su reacción en vez de pensar. “Está bien”, contestó instintivamente. “Sé que es difícil de creer, pero ya casi acabamos. Te veremos en tu tienda en unos minutos. Traeré el artefacto y haré las debidas presentaciones”.

“¿Tendrán ustedes, entrometidas, suficiente tiempo para cocinar unas galletas antes de que lleguemos?” sonrió Neruda mientras hablaba, recorriendo sus ojos traviesos entre Emily y la silueta de Samanta fuera de la tienda.

“Tal vez” dijo Emily.

“Sabes jefe, no estoy seguro de que sea una buena idea dejar que Samanta vea esta cosa”, dijo Andrews señalando la caja de aluminio, diseñada para el artefacto.

“¿Por qué no?”

“Ella es una OR” contestó Andrews.

“Me doy cuenta de que no confías en los OR, pero trata de ser un poco menos paranoico”.

“Mira, soy paranoico porque tenemos a Evans y una OR en la misión. Esa combinación apesta, lo sabes. Cualquier cosa que ocurra fuera de lo ordinario, se te saldrá de las manos inmediatamente”. Andrews susurraba de nuevo.

Bueno, entonces asegurémonos de mantener todo tan ordinario como sea posible”, contestó Neruda.

“Y podríamos empezar por instalar tu maldita tienda”.

“Cálmate, jefe. Ya acabamos, ta… daaaa…”, se incorporó y puso los brazos como los magos cuando terminan un gran acto de ilusión.

* * * *

“¿Tu tienda aún está de pie?” preguntó Emily sonriendo. Estaba sirviendo el café en la calentadora y acomodaba unas galletas que había traído para el viaje.

“Lo estaba cuando me fui”.

“Por suerte esta noche no hace viento”.

“Por suerte hay café”. El amor de Neruda por el café solo era superado por su ansia por descubrir.

“¿Se nos va a unir Andrews?”

“Creo que quiso mantenerse alejado de la combinación de OR y artefacto”, murmuró Neruda acercándose al oído de Emily. “Cuando descubres su apariencia de macho, debajo es un cachorrito asustado”.

Emily se rió y llamó a Samanta a que saliera de su tienda.

Samanta era joven para los estándares de la ACIO. Tenía treinta y tantos años, ligeramente pasada de peso, con una sonrisa tímida y unos lindos ojos de un color llamativamente esmeralda que dominaban su cara. Parecía céltica con pelo rojo ondulado que le llegaba casi a la cintura. Era el tipo de persona que parecía mitad encantadora y mitad pensadora e introvertida.

Neruda le mostró su sonrisa más tranquila. Puso la caja en el suelo. “Creo que verás fascinante esto”, comenzó. “Como te dije en el helicóptero, el objeto fue encontrado como a unos nueve kilómetros de aquí. Quiero esperar hasta mañana para proceder con un OR y Reproducción completos, pero puedes echar un vistazo rápido ahora”.

Mientras él abría los seguros y levantaba la tapa del contenedor de aluminio, el artefacto, medio sumergido en la goma espuma, inmediatamente comenzó a zumbar de una manera pulsante y misteriosa. Samanta miró sobre la orilla del contenedor. La luz del fuego y la lámpara cercana parecieron unirse en su cara.

Una mirada de preocupación reemplazó su emoción. Sus ojos se limitaron a enfocarse al objeto y sus labios se apretaron como si hubieran olvidado el habla.

Presintiendo que algo andaba mal, Neruda cerró rápidamente la tapa sobre el artefacto. Samanta se desplomó al suelo, cayendo su cabeza directamente sobre la caja. Emily gritó. Neruda tomó a Samanta y sostuvo su cabeza, le dio palmaditas ligeramente en sus mejillas con su mano. “Samanta. Samanta. Está bien. Está bien”.

Samanta abrió los ojos casi instantáneamente. Miró a Neruda que le sostenía la cabeza en sus rodillas. “Está vivo”, murmuró, como si tuviera miedo de que la escuchara el objeto. “Es una inteligencia… no una tecnología”.

“Vamos a levantarte”, dijo Neruda mientras le ayudó a incorporarse lentamente.

“¿Estás bien?” imploró Emily.

“Sí, estoy bien, solo un poco conmocionada por esto…”

“¿Qué diablos pasó?” preguntó Evans cuando irrumpió en la escena, seguido de Collin.
Por un momento, Neruda no supo qué decir.

“¿Qué pasó?” preguntó Evans otra vez, ahora más insistente.

“Cálmense todos”, contestó suavemente Neruda. “¿Hay suficiente café para todos, Emily?”

“Sí, sí, claro”.

“Entonces sentémonos, tomemos una taza de café y te diremos lo que sabemos. Me interesa oírlo de Samanta, como a todos”.

Samanta estaba visiblemente agitada y Neruda le ayudó a tranquilizarse en una de las sillas acomodadas alrededor del fuego. Evans y Collin juntaron el círculo de sillas acomodadas cómodamente alrededor de la fogata.

Rápidamente empezó a servir café. Neruda le dio la primera taza; la brisa nocturna empezaba a enfriarse y la taza caliente le recordó a Neruda que el calor almacenado del desierto estaba dando paso a la fría oscuridad.

“¿Segura de que estás bien?” preguntó de nuevo Neruda, se acuclilló frente a Samanta. Ella tomó un largo trago de café.

“Sí, estoy bien, gracias”. “¿Qué experimentaste? ¿Nos puedes decir?” Neruda se puso de pié solo para sentarse frente a Samanta en una silla que Evans había armado. “Escuché zumbar a esta cosa… inmediatamente entró a mi mente. Era un efecto hipnótico increíblemente poderoso. Me indujo a una imagen…”

“¿Y qué era la imagen? dijo bruscamente Evans…

“Era algún tipo de cueva o estructura rocosa”.

“¿En la Tierra?”

“No lo sé… tal vez. Estaba construida, pero disfrazada como una estructura natural.”

“¿Por quién?” preguntaron a la vez Evans y Neruda.

“No sé”.

“Samanta, dijiste hace un rato que el artefacto tenía vida. Que no era una tecnología, sino más bien una inteligencia. ¿A qué te referías exactamente?”

“Puede que me equivoque, pero el objeto parecía proyectarse a sí mismo”. Su voz era temblorosa y su respiración rápida. Tragó saliva, con cierto atolondramiento. “Estaba leyendo mi mente. Pude sentir que me exploraba. Era un poco como que me comía viva –sólo que eran mis pensamientos los que se comía”.

“Sin embargo, podría ser una tecnología lo que hizo esto, ¿verdad?” Evans miró brevemente a Neruda y luego a Collin.

“No puedo imaginar cómo este objeto puede tener inteligencia orgánica”, afirmó Collin. “No es práctico que algo hecho de mezclas metálicas…”

“Creo que debemos asumir que esta cosa es peligrosa.” Evans se puso de pie y guardó silencio. Claramente estaba pensando en alternativas.

“Supongamos que no sabemos nada de este objeto”, dijo Neruda. “La imagen que viste, Samanta, ¿era una entrada?”

“Sí, eso creo”.

“¿Y todo lo que viste fue un tipo de estructura oscura?”

“Sí”.

“¿Tuviste algún sentimiento de distancia o dirección desde nuestro campamento?”

“No. En realidad no. Aunque, ahora que lo pregunta, parece que estaba cerca. No estoy segura. Todo pasó en unos segundos. Estaba sumergida, era un sentimiento de… de violación mental”. Ella empezó a llorar, sus ojos soltaron lágrimas a cada parpadeo.

Emily tomó su mano apoyándola y Evans, pasando alrededor de las sillas, de pronto se detuvo. “Esto podría ser una sonda. No sé por qué no lo consideraste antes. Dispositivo de rastreo, compás, mapa. Pensaste en todo menos en una sonda. ¿Por qué?”

“Antes de concluir nuestra investigación, hay que empezarla”, dijo Neruda con una indirecta sarcástica. “Con todo el debido respeto para Samanta, ella puede estar interpretando mal las verdaderas intenciones del artefacto”.

“¿Cómo?” preguntó Evans.

“Es posible que el artefacto se haya activado por sus habilidades psíquicas. Quizás por las mías, no sé. Pero el dispositivo se activó de alguna forma y puede ser que su acción primaria fuera tratar de conectarse con lo que lo haya activado y devolver un mensaje o imagen”.

Neruda se volteó de nuevo a Samanta. “¿Escuchaste lo que acabo de decir?”
Ella asintió afirmativamente.

“¿Es posible que el artefacto solo tratara de conectarse contigo? Que no trataba de lastimarte”.
Samanta no movió la cabeza, su cara estaba perdida. Sus ojos se cerraron como
puertas pesadas y todos esperaron.

“Samanta, ¿me escuchas?”

Ella permaneció inmóvil, como si estuviera dormida.

Neruda presintió que el artefacto la estaba explorando otra vez, o de alguna manera estaba tratando de conectarse.

“Creo que se está comunicando con el objeto en este momento”.

“¿No deberíamos despertarla?” demandó Evans.

“Podría estar en peligro”.

“Se ve serena, incluso pacífica”, murmuró Neruda. “Observemos por un momento”. Quitó los seguros al contenedor de aluminio y abrió la tapa. El objeto emitía una vibración inequívoca. No era el zumbido de un dispositivo eléctrico. Este zumbido era muy sutil, casi imperceptible, aún en el silencio del desierto. Se sentía más de lo que se escuchaba.

Samanta seguía perdida, como en trance, en compenetración total con el artefacto. Neruda se acercó más a ella y le tocó la frente con la palma de la mano, como si tratara de detectar fiebre. Revisó su pulso. Quedó complacido de que ella estuviera bien.

Al sentarse, Neruda mareó un poco y se sintió desorientado.

“¿Estás bien?” preguntó Emily.
Neruda asintió lentamente, pero había incertidumbre en sus ojos.

“Me siento como si me estuviera arrastrando hacia la inconsciencia”, dijo débilmente Neruda. “No es fácil resistirse a ésta cosa…”

Evans preguntó “¿Alguien más siente esta… esta hipnosis?”
Collin y Emily dijeron entre dientes “no”, moviendo la cabeza.

“Maldición, pensé que habíamos acordado esperar hasta mañana para empezar esta investigación”. La voz de Evans subía en intensidad.

“Olvidé decirle al objeto que íbamos a esperar hasta la mañana”, dijo Neruda, mostrando que su sentido del humor estaba intacto.

“No te preocupes, no siento ningún peligro. Solo está tratando de conectarse a su base y a mi mente al mismo tiempo. Es como si esta cosa estuviera haciendo una introducción.” Neruda pronunció las palabras como si estuviera hablando dormido. Se talló la orilla de los ojos con su dedo índice. Todo movimiento era deformado como si la gravedad se hubiera intensificado de pronto y el tiempo se hubiera alargado en cámara lenta.

“Entiendo”. Todo el cuerpo de Samanta se disparó de la silla y se arrodilló frente al artefacto. Lo recogió con gran tensión en su cara, sus brazos levantándolo con dificultad. Tocó ciertos glifos con sus dedos en un orden específico y el zumbido cesó.

“Está diseñado para evitar intrusos” explicó Samanta. “Se protege a sí mismo. Examina tus intenciones, y mientras examina, deshabilita tus pensamientos. Esencialmente te deja indefenso mientras evalúa tus intenciones”.

Neruda regresó a la realidad cuando Samanta apagó el dispositivo. “¿Viste el sitio?”

“Sí”, dijo ella con emoción. “Está cerca. Está bien escondido, pero creo que lo podemos encontrar”.

“¿Qué sitio? ¿Dónde?” preguntó Evans, un poco desconcertado.

“Yo también vi algo” dijo Neruda. “Creo que lo reconocería si lo volviera a ver”.

“Bien, pero ¿sabes dónde empezar a buscar?”

“No”, contestó Neruda como si algo le distrajera.

“Creo que podemos localizarlo por una marca que vi”. Samanta regresó el objeto a su nido de espuma dentro del contenedor, estiró sus pies un poco y se desplomó en su silla con un largo suspiro.

“Ibas a decirnos de la marca”, le recordó Evans.

“Es una formación delgada, una roca puntiaguda, como fuste de chimenea. Tiene tal vez 30 metros de alto, 10 de circunferencia en su base, pero solo unos 5 en la cima. No debe haber muchas de esas formaciones rocosas cerca de aquí ¿verdad?”

“¿También viste eso?”, Evans se volteó a Neruda ignorando la pregunta de Samanta.

“Por algún motivo yo no vi nada que pudiera identificar como marca, era más un conjunto de imágenes, como un mosaico. Y la mayoría de estas eran de una caverna o algo subterráneo.

“Entonces, ¿qué es esto, tecnología o una inteligencia viviente?”, preguntó Emily.

“Quizás ambas cosas” sonrió Neruda, “sea lo que sea, nos conoce mejor que nosotros a él”.

“No sé cómo puede ser una inteligencia viviente”, dijo Samanta, “pero cada hueso de mi cuerpo grita que está vivo. No es una tecnología inanimada o programada. Es una inteligencia vital que está de alguna forma almacenada dentro o protegida por este objeto”.

Luego, frustrada, agregó, “Oh, no sé de qué estoy hablando. Estoy hablando con lenguaje confuso esta noche. Perdónenme”.

“Dadas las circunstancias, la única opción de lenguaje puede ser el lenguaje confuso”. Neruda sonrió y se sorbió otra taza de café.

“Sabes, si no fuera por tu café, Emily, me pude haber arrastrado a la inconsciencia por esa cosa”. Se rió y señaló al artefacto con su mano libre. Parecía tranquilo como un pajarillo dormido en su nido.

“Es descafeinado”, contestó Emily inexpresivamente.

“Entonces eres la culpable de mi lapso de concentración…”

“Quisiera que tomaran esto con un poco más de seriedad”, intervino Evans.

“Acabamos de ver una tecnología que los dejó indefensos a ustedes dos, violó mentalmente a Samanta y ustedes bromean acerca del café”.

Neruda se volteó con calma a Emily. “¿Puedes traerme la gráfica SMT… número 2507?” Volteándose a Samanta, “¿en cuánto tiempo puedes preparar y operar la Reproducción?”

“Diez minutos”, contestó.

“Bien, adelante y prepárala”. Neruda se dirigió a Evans con una impaciencia súbita grabada en su cara. “¿Y tú qué querías hacer?”

“Solo observar… por ahora”. Evans dirigió su vista hacia el fuego, despreocupado de la mirada autoritaria de Neruda. Evans sabía que su presencia en misiones de exploración siempre era tomada a mal. Sabía que había puesto en el extremo a sus colegas, pero también sabía que era su trabajo hacerlo.

Emily regresó de su tienda con una larga hoja de papel y una lámpara de mano. Se las dio a Neruda que extendió la gráfica en el suelo a dos metros del fuego.

La linterna iluminó el centro de la gráfica que estaba cubierta de líneas de varios colores. Evans, Collin y Emily se pusieron detrás de él, y se pusieron agachados sobre sus manos y rodillas. Neruda se acuclilló con una rodilla al suelo.

“Aquí está la marca de Samanta”, apuntó Neruda con el rayo de la lámpara y su dedo índice. Había un punto pequeño de círculos, casi concéntricos, en un arco iris de colores casi en el centro del mapa topográfico. “Está aislado, las proporciones correctas y cerca de 30 metros de alto y está a unos tres kilómetros al Este de nuestro campamento”.

Esperemos a la Reproducción hasta mañana”, dijo Evans. “Es tarde, ya sabemos que tenemos que ir, vamos a descansar”. Su voz sonaba cortada.

Samanta salió de la tienda con su monitor y un yelmo que parecía una caja de cables para su cabeza. No importaba cuántas veces lo hubiera visto Neruda, siempre pensó que parecía la tecnología más absurda que jamás vio. La mayoría de las tecnologías que se han desarrollado en la ACIO nunca fueron desarrolladas para la producción en masa ni se diseñaron con una perspectiva de consumidor. Fueron hechas a mano, una a la vez. La apariencia nunca se consideraba importante.

“Esperaremos hasta la mañana, Samanta”, dijo Neruda. “Perdón por hacerte perder el tiempo preparándote. Pero creo que Jim tiene razón, todos debemos descansar y concentrar nuestras energías en encontrar el sitio durante el día”.

Samanta estuvo de acuerdo y se sintió aliviada de no tener que hacer mayor contacto con el artefacto esa noche. Se sentía sin energía y dormir era la prescripción perfecta.

“Por cierto”, Neruda se dirigió a Samanta, “¿cómo sabías cómo apagar el artefacto?”

“¿A qué se refiere?” contestó ella.

“¿No te acuerdas que te levantaste y callaste a esta cosa?”

“No…” los ojos de Samanta se redujeron a una línea de pestañas agitadas. Concentraba su mente como un láser y Neruda pudo ver por qué le gustaba tanto a Branson.

“No recuerdo nada de haberme levantado y apagar algo. ¿Estás seguro?” miró a Neruda y a Emily.

“Yo también lo vi” confirmó Emily. “Te levantaste de tu silla tan rápido como si se te quemaran los pantalones. Levantaste el artefacto y lo sostuviste con tu… tu mano izquierda mientras tu mano derecha tocaba los grifos en lo que parecía al menos un orden específico. Parecía que sabías exactamente lo que hacías”.

“Si lo hice, no lo recuerdo”.

“Tal vez tu mente estaba un poco traumatizada y tuviste un ligero caso de amnesia”, propuso Emily.

“Eso no explica el cómo ella sabía desactivar el artefacto”. Neruda miró a Emily. “El artefacto sembró este conocimiento dentro de ti sin que lo recuerdes. Actuaste sin saber tus acciones.”

“Entonces ¿qué quiere decir?” preguntó Samanta. Una sonrisa nerviosa cimbró su cara y su concentración se dispersó como humo en el viento.

“Creo que debemos dejar de especular”, Neruda cerró el contenedor y abrochó los seguros de un golpe fuerte y sincronizado. “De lo único que estoy seguro es que esta cosa no es un niño solitario. Tiene hermanos y hermanas que andan cerca. Y estoy ansioso por encontrarlos”.

Neruda recogió la caja y se despidió. Podía oír las voces de Samanta y Emily cuando se dirigía a su tienda a unos veinte metros de ahí. No había movimiento en el aire del desierto. Permanecía perfectamente inmóvil; Neruda sentía su presencia aún más.

Andrews estaba dormido. Sus audífonos aún estaban encendidos y un libro estaba caído sobre su pecho, hacia abajo, extendido como un ave de presa herida. Por el sonido de su respiración, Neruda supo que estaba profundamente dormido. Tal como él también quería estar, pero sabía mucho sobre los eventos de los días que les esperaban. No podía dormir. Al menos todavía no.



Capítulo 4

CONTACTO INICIAL


El diseño de exploración tiene una intención central; tú no eres destinatario de la labor divina y entrenamiento meticuloso solamente para asegurar que puedas disfrutar de felicidad sin fin y tranquilidad eterna. Hay un trascendente propósito de servicio oculto más allá del horizonte de la actual era del universo. Si los hubiera diseñado para que hicieran una excursión eterna en el nirvana, no construiría su universo como una vasta e intrincada escuela de entrenamiento, no requeriría de una rama sustancial de mi creación como maestros e instructores y luego pasar eras y eras guiándolos, uno por uno, a través de esta enorme escuela universal de aprendizaje experimental. La promoción del sistema de la progresión humana es fomentado por el propósito explícito de mi voluntad de unir las especies humanas con otras especies de universos diferentes.

Extracto de Las Zonas Afluentes, Decodificado de la Cámara 22.
Creadores de Alas

Aunque Neruda carecía del equipo infrarrojo, tenía el compás. Aún era bastante temprano para sus estándares –cerca de las 23:00 horas. Se llevó unos cuantos suministros en una mochila, escogió una chaqueta tipo estándar que decía Centro de Investigación Climatológico DoD en pequeñas letras de molde y empezó a caminar en dirección al este.

Tomó otro camino alrededor del campamento cuidando evitar que lo detectara Evans. Neruda codiciaba su privacidad tal como era. Sabía bien que Evans o cualquier asociado al grupo de seguridad podría rastrear su paradero. Todo el personal de la ACIO tenía implantados dispositivos que podía seguir la red satelital de la organización. A nadie le gustaba eso, pero el Grupo Laberinto reconoció que era necesario cuando se desarrolló la tecnología a mediados de los 60's. Provocaba paranoia, como explicaba Quince.

Los implantes eran del tamaño de un grano de arroz y estaban insertados justo debajo del cuello, a la derecha de la columna vertebral. Transmitían una frecuencia corporal única del individuo. La ACIO descubrió en 1959 que todas las personas emitían un patrón vibratorio relativamente estable y completamente único. La huella corporal, como se le llamó en la ACIO, era tan confiable como una huella digital. Este descubrimiento condujo a una tecnología que aislaba la firma corporal de una persona y la transmitía a una red satelital que era poseída y operada conjuntamente por la NSA y la ACIO.

Las deserciones dentro de la ACIO se consideraban el mayor riesgo para su éxito actual y futuro. La tecnología del implante de la huella corporal era el método principal por el que los empleados de la ACIO se abstenían de desertar. Había otras tecnologías –tanto en desarrollocomo terminadas- que también minimizaban el riesgo. Era la única cosa de la ACIO que Neruda nunca fue capaz de aceptar.
El aullido lúgubre de un lobo hizo a Neruda detenerse para orientarse.

Había salido del campamento y estaba eligiendo su camino a través de los dispersos árboles de piñón y artemisa. La luna era una hoz delgada y fluorescente, su luz tan tenue como un leve murmuro a pesar del limpio aire nocturno. En contraste, las estrellas casi deslumbraban en el horizonte del desierto y permitían revelar suficiente flora desértica y rocas para que Neruda tomara camino a paso confortable.

Se sintió más seguro conforme salía del campo visual del campamento, entonces encendió la lámpara y emprendió su camino. La luz se veía incómodamente fuerte contra el oscuro desierto, y sintió como si se introdujera a un mundo restringido.

Llegó hasta la cima de la loma que le había señalado a Emily solo hacía quince minutos. Podía verlo, incluso sin infrarrojo. Se veía tal como dijo Samanta. Una formación arenisca en forma fálica que surgía sobre el conjunto de árboles nudosos, artemisa intrincada, y afloramientos de roca.

Cuando retiró los binoculares de sus ojos pudo calcular el sitio a menos de dos kilómetros de distancia. Neruda evaluó su situación. No estaba particularmente cansado. Tal vez jadeaba un poco por la subida, pero su cuerpo y mente estaban muy alerta. La temperatura del aire era fresca, pero la subida a la loma lo dejó acalorado.

Sin dudarlo, se dirigió a la estructura rocosa como si fuera su casa.

* * * *

El olor a café y tocino despertó a Andrews antes de que la luz de la mañana penetrara por la manta verde y oscura de la tienda. Se enrolló en su bolsa de dormir y escuchó como el libro cayó al rocoso suelo rojizo. Hizo que abriera sus ojos con sobresalto. Neruda no estaba. Su bolsa de dormir estaba vacía e intacta.

“¿Ya se levantaron, amigos?” Era Emily emitiendo su alegre voz afuera de la tienda.

“Sí, ya”, contestó Andrews con un abierto bostezo, “pero no he visto a Neruda. Debe haberse levantado temprano.”

“Es temprano. Son las seis”, replicó Emily, su voz menos alegre.

“Bueno, si no lo has visto y no está aquí, entonces tal vez esté con Collin o Evans.”

“No, ellos están comiendo su desayuno y no mencionaron haber visto a Neruda.”
Andrews abrió su bolsa y se paró. “Tal vez le gustó tanto la caminata de anoche que tomó otra esta mañana. Maldición, no lo sé.”

“Nunca fuimos a caminar anoche.”

“Bueno, seguro aparecerá pronto.”

“Si lo ves, dile que tenemos huevos, tocino y café listos.”

Andrews oyó sus pasos alejarse cuando se retiró.

Evans revisaba los mapas cuando se volteó, “¿alguna señal de Jamisson?” Tomó un trago de café.
“No que yo sepa”, contestó Andrews, “pero tampoco lo he buscado”.

“Quizás deberíamos…”

“No puedo creer que haya abandonado el campamento”, dijo Emily. “¿Lo viste anoche?”
Andrews se servía huevos y tocino en su plato. “No lo sé… no recuerdo haberlo visto. Pero cuando me duermo, me pierdo completamente.”

“Fue al sitio”, dijo Evans con incredulidad en su voz. “Faltó al protocolo otra vez. No pudo esperar hasta la mañana. Apuesto que se fue anoche después de que nos durmiéramos.”

Evans sacó una cajita negra del tamaño de una cajetilla de cigarros. La ACIO solo usaba las líneas seguras cuando se comunicaban, y la caja negra era un transmisor de mensajes digital. Con su larga mano, cubrió completamente el objeto y su pulgar presionó un botón verde. Se volteó de espaldas y con voz serena, habló al transmisor, “inmediatamente busquen la huella corporal de Neruda. Envíen las coordenadas exactas. Determinen límites de movimiento dentro de un metro”. Oprimió el botón de enviar y esperó la confirmación del mensaje. Destelló una luz color ámbar y Evans volvió a poner el aparato en el bolsillo de su chaleco.

La ACIO prefería comunicación en tiempo no real o de una sola vía. Era mucho más difícil decodificar porque se cambiaba la encriptación cada vez que se enviaba un mensaje; de esta forma era casi imposible de descifrar el contexto. Pero a veces frustraba a Evans porque tardaba más tiempo en tener respuesta.

“¿El artefacto aún está en la tienda?” preguntó Evans dirigiéndose a Andrews.

“Hasta donde yo sé, el recipiente ahí está, supongo que el artefacto está adentro.”

Emily brincó a la defensa de Neruda, “¿insinúas que tomó el artefacto y se fue al sitio sin nosotros?”

“Él está en el sitio”, contestó Evans. “Tal vez no se llevó el artefacto debido a su peso. Pero créeme, él está ahí.”

“¿Y por qué haría eso?” preguntó Andrews, con la boca llena.

“No sabes lo de anoche, ¿verdad?” preguntó Emily.

“No… estaba dormido, ¿recuerdas?”

“Samanta y Jamisson se comunicaron con el artefacto. Este se activó y les envió imágenes de donde estaba su base. Obtuvimos un dato muy bueno de su ubicación… a unos tres kilómetros al este de nuestra posición.” Evans se paró de la mesa, y sacó el aparato de su bolsillo. “¿Por qué diablos se tardan tanto?”

“Es muy pronto; quizás hay poco personal”, propuso Emily.

“Entonces ¿cuándo nos iremos de aquí?” preguntó Samanta.

“Tan pronto como obtenga verificación, te daré una respuesta.”

Andrews volteó al Este con una mirada rápida. “Esa loma tiene una buena escalada. ¿Cómo vamos a cargar el artefacto?” Se metió más comida a la boca.

“Nos llevarán por aire. No te preocupes.” La voz de Evans revelaba que sus pensamientos andaban por otra parte. “¡Demonios, Jenkins! ¿Por qué te tardas tanto?”

“Dime qué pasó anoche contigo y el artefacto.” Andrews miró rápidamente a Samanta y luego dirigió sus ojos a los huevos revueltos que estaba devorando. Samanta tartamudeó un poco, insegura de cómo describir su experiencia. “Vi una imagen de su base.”

“Y sabemos que está a tres millas al este porque… porque viste una imagen de… ¿de qué?” preguntó Evans.

“Una formación rocosa inusual.” Samanta dudó en hablar. Sus habilidades psíquicas habían sido cuestionadas y ridiculizadas toda su vida, y se había vuelto experta en detectar lo que ella llamaba, preguntas capciosas. Había aprendido la habilidad de reservarse intencionalmente aun entre sus colegas de la ACIO.

“También vio una caverna…”

“¡Por fin!” exclamó Evans antes de que Emily pudiera terminar. Se sentó y analizó
la pequeña pantalla, tapando con su mano el sol de la mañana. Sus labios se movieron, pero no emitieron sonido al leer el mensaje: 0527 – 0921: HC DE NERUDA IDENTIFICADA @ NMLO237/LO355. A 3.27 KILOMETROS DE SU POSICION ACTUAL. LIMITES DE MOVIMIENTO NEGATIVOS. SIGNOS VITALES INTACTOS. LECTURAS EXTREMADAMENTE DEBILES. ACONSEJE. Evans apretó los labios momentáneamente y habló al transmisor, “No se requieren más acciones. Monitoreen y actualicen. Todo está bien. Fin de transmisión.”

“Está en el sitio y está dormido,” Evans no se esforzó en cubrir su frustración. Miró su reloj. “Vamos a prepararnos. El pájaro estará aquí en menos de quince minutos.” Evans se retiró sin una palabra. Emily miró a Samanta como si buscara en sus ojos una explicación, pero Samanta solo miraba la loma al este, su mente estaba cara a cara a la tarea en mano.

“¿Vieron si se llevó su bolsa de dormir?” preguntó Emily.

“No se la llevó,” contestó Andrews. “Está como nueva.”

“No puedo imaginar a Neruda durmiendo en el desierto sin una bolsa de dormir,” dijo Emily, “dejó su café matutino. Algo anda mal.”

“¿Crees que esté herido?”

“No sé, pero algo anda mal.” Emily se volteó a ver a Samanta. “¿Qué sientes?”
Samanta miró a Emily con un sentido de empatía. “Está bien. Eso es lo que siento.”

“¿No sientes que esté en peligro?”

“No.”

La expresión se Emily se relajó visiblemente. “Si vamos a seguir con Evans, será
mejor que nos demos prisa.”

“Maldición, si puedes estar segura de algo, es que Neruda es muy listo para ponerse en peligro,” dijo Andrews con voz de consuelo. Crujió unos platos de cartón dentro de una bolsa de basura y se la dio a Emily. “De todos modos, en cinco minutos tengo que desarmar una tienda que nos tomó treinta en poner. Mejor me apresuro, te veo en diez.”

* * * *

“Por última vez, ¿quieres caminar o ir en helicóptero?” la voz de Evans apenas se oía con el ruido del helicóptero. La arena se metía por su cabello y picaba la piel como pequeñas guadañas deseosas de sangre; finalmente Emily accedió a irse en helicóptero.

“Creo que debemos enviar a alguien a pie para que rastree sus pasos.” Se sentó junto a Evans frunciendo el ceño.

“El caso es que aún está dormido o ya me habrían avisado de su cambio de posición.” dijo Evans.

“¿Cómo seguiremos su rastro cuando aterricemos?” preguntó Emily. “Esta cosa hecha vientos como huracán.” Agitó con fuerza sus manos en el aire para enfatizar su descontento.

“Mira, aterrizaremos a medio kilómetro al este de su posición y regresaremos. ¿Está bien?” Evans bajó la cabeza para mirar sobre sus bifocales, que se había puesto para mirar el mapa. Sabía que le daba una apariencia autoritaria.

“Está bien.” contestó Emily entre dientes.

Fueron solo segundos después que Collin apuntó a la torre de roca larga y delgada que surgía adelante. Era una estructura extraña. La silueta frente al sol saliente, parecía un montón de monedas listas para caer al menor respiro.

El helicóptero alcanzó su posición en menos de cinco minutos. Emily se quedó viendo el terreno rocoso durante todo el viaje, mientras Evans estaba preocupado con el mapa. Samanta cerró los ojos, molesta por el ruido del viaje, o quizás para evitar conversar con Andrews.

El copiloto regresó a la cámara de pasajeros y les dijo iban a aterrizar directamente abajo, y todos deberían prepararse para saltar. Samanta se sujetó el estómago e hizo muecas, obviamente perturbada por la caída súbita de elevación.

Se bajaron rápido del helicóptero, primero Evans, ayudando a todos los demás a salir. El copiloto entregó unas mochilas a Evans y Collin y luego la caja de aluminio se la dio con cuidado a Evans. “Estaremos en espera hasta saber de usted, de lo contrario nos veremos en estas coordenadas a las 18:00 horas. Buena suerte.”

Evans agradeció al copiloto con un movimiento de su mano, y el helicóptero se alejó como un largo escarabajo. El silencio resultante los tragó como solo el desierto lo puede hacer.

“¿Dónde diablos seguiremos su rastro?” preguntó Andrews, algo inconforme por la manera en que su voz de pronto se oyó fuerte.

“Antes de empezar, hay unos cuantos protocolos que debemos tener en mente a partir de este punto,” Evans giró la cabeza para contemplar el horizonte como si se estuviera ubicando. “Primero, la comunicación con la base es exclusivamente a través de mí. Segundo, si encontramos algo peculiar, como la base de este artefacto, operaremos en solo en modo de reconocimiento. Aseguraremos el sitio; no lo exploraremos. ¿Entendido?”

Cuando Evans giró la cabeza buscando una respuesta, todos respondieron que sí. “Y manténganse hidratados. Nos detendremos periódicamente para descansar y tomar agua. Si alguien necesita descansar con más frecuencia, solo dígalo. De lo contrario, continuaremos.

Evans miró al oeste por unos momentos; su nariz resplandecía como si fuera un sabueso olfateando a su presa. “Tenemos estas coordenadas, empezaremos ahí y luego a caminar en una dirección oeste suroeste hasta que localicemos su rastro. En esta mezcla de arena y piedra, no debe ser difícil ver sus huellas.”

“¿Y Samanta?” preguntó Emily. “¿No podría ayudar?”

“Primero intentemos a la manera antigua,” contestó Evans. “Si no hallamos su rastro en veinte minutos, veremos otras alternativas, incluyendo OR.”

Andrews miró a Evans luego de tomar un largo trago de agua de su cantimplora. “Si en realidad quieres intentar a la manera antigua, ¿Por qué no gritamos con todos nuestros pulmones?”

“Primero encontremos su rastro. Luego podremos gritar.” Rió Evans en voz baja y caminó hacia las coordenadas que revelaban la huella corporal de Neruda. Andrews ajustó su mochila y se convirtió en lo que más odiaba: un seguidor.

Evans escogió un camino a través de dos cauces secos de roca que tenían unos 50 metros de ancho. Las rocas eran de color canela, y cuando el sol salía por el este, tomaban un tono rojizo. El aire estaba completamente quieto y las chaquetas empezaban a sentirse calientes al caminar por la escasa maleza desértica.

* * *

A solo diez minutos de caminata, Collin encontró una huella.

“¡Neruda!” Evans gritó inmediatamente haciendo bocina con las manos. Lo llamó varias veces en dirección de las huellas y esperó alguna respuesta. Un ligero eco acompañó a su llamado, pero nada parecido a la voz de Neruda. Emily también trató, pero con el mismo efecto.

“¿No es razonable asumir que esté herido?” preguntó Emily, volteándose a Evans.

“Veamos, Neruda no es propenso a dormir en el desierto abierto sin una bolsa de dormir. Algo le pasó.” Su voz se apagó con un murmuro. “Y puede que no esté bien.”

“No estamos seguros,” argumentó Evans. “Sus signos vitales están bien. Estoy seguro de que está durmiendo.”

“Entonces ¿por qué no nos contesta?”

“Sigamos su rastro y averigüémoslo,” contestó Collin como un mediador. “No tiene sentido estar especulando.” Collin era muy delgado, más de 40 años, con cabello rojizo que revelaba un indicio de canas sobre ambas orejas, y un rayo arriba para rematar. Le parecía incómodo estar parado en un punto por mucho tiempo, como si sus delgadas piernas no pudieran soportar su peso corporal.

“¡NERUDA!” llamó Evans una vez más, su voz sonaba cada vez más impaciente cuando no había respuesta.

“Vamos a despertarlo”, dijo Evans.
Siguieron su rastro fácilmente, hasta que llegaron a un afloramiento de roca donde sus pasos se volvieron más sospechosos. Ellas se desvanecieron esparciéndose como hormigas buscando comida. Su rastro había desaparecido. Nadie pudo encontrar más huellas.

“Debe estar en alguna parte en estas rocas. Tal vez hay una saliente o cueva en algún lugar.” Era la voz de Evans la que gritaba al resto del grupo. “Busquen cualquier signo de grieta o aberturas en las rocas.”

Emily pudo sentir una preocupación creciente en su voz. Podía sentir una tensión en el aire. Todos estaban percatados de que podían estar a unos metros de una base ET. Tal vez un sitio activo.

“Encontré una huella”, gritó Samanta. “Es igual a las demás…creo.” Estaba arrodillada a un lado de la huella con una vara en la mano apuntando cuando llegaron los demás.

“Bien,” comentó Evans. “Ahora sabemos a qué dirección iba. Todos ábranse en abanico separados cinco metros y caminen lentamente.”

“¡NERUDA!” gritó de nuevo Emily. Ahora sonó un eco más fuerte y estaban en las profundidades de la pared de un cañón. Se aproximaban a una pared de roca maciza que se elevaba 40 metros casi en línea vertical. Caminaron lentamente, girando la cabeza como cámaras de vigilancia.

“Creo que encontré otra marca”, dijo Samanta, “pero no estoy segura.”

“Es como si hubiera desaparecido en esta pared de roca,” dijo Andrews. “¿Por qué habremos llegado aquí? ¿No es esa la roca que viste en tu visión?” Estaba apuntando, como un autoestopista, a la estructura rocosa delgada directamente detrás de él a unos 100 metros.

“Parece una impresión, pero no es clara. Desafortunadamente, no hay mucha arena o roca suelta cerca.” Evans cerró sus ojos momentáneamente como tratando de aclarar su mente para enfocar el paradero de Neruda.

“Está cerca. Puedo sentirlo. No está dormido. Está despierto.” La voz de Evans sonó distante, como si se hablara a sí mismo. “Creo que está adentro.” Su mano apuntaba directamente hacia la superficie rocosa de la pared del cañón.

“Si ahí está ¿cómo entraría?” preguntó Emily.

“En alguna parte debe haber una entrada. Examinemos la roca cuidadosamente.”

“Quizás deberíamos usar el artefacto”, sugirió Samanta. “Si es un dispositivo guía y estamos tan cerca…”

“Encontremos a Neruda primero y luego nos preocupamos de la base del artefacto.”

“Pero tal vez están en el mismo lugar,” dijo Samanta dudosa.

“Lo dudo.” Evans apartó la mirada, viendo con sus ojos color gris oscuro a la pared frente a ellos. “¿Cómo diablos encontró la base sin el artefacto? Especialmente de noche.”

“No sé, pero entonces ¿cómo supe cómo apagar el artefacto anoche?” Las palabras de Samanta pasaron desapercibidas en el aire vigoroso de la mañana, rodeadas en silencio como un archipiélago en un mar de turquesa.

“Está bien, primero buscaremos una entrada… y si no encontramos nada en diez minutos, probaremos con el artefacto.”

“¿Por qué no dejamos que Samanta juegue con el pequeño monstruo mientras buscamos una puerta en esta maldita montaña?”

Evans suspiró. Miró a Emily y Collin para ver su reacción a la sugerencia de Andrews. “Emily, busca por allá. Collin, busca por ese lado más allá de las rocas. Andrews, toma esa saliente allá, delante de esos arbolitos. Me quedaré en el centro para estar cerca de Samanta en caso de que algo ocurra. Si ven algo que parezca vagamente una entrada, háganmelo saber inmediatamente.”

“Aun no veo por qué piensas que está adentro,” Andrews miraba despectivamente a la pared de roca frente a ellos. “Quizás solo estaba perdido. Una huella no…”

“Mira,” dijo Evans, “yo siento que está adentro. Eso me basta. Si no les gusta, busquen en otra parte, pero dejen de discutir conmigo.”

Andrews miró abajo fingiendo examinar la huella.

“Vamos.” Evans empezó a caminar y luego se detuvo abruptamente mirando a Samanta. “¿Estás de acuerdo?”

“Sí, está bien, estoy de acuerdo.” Sonrió fingidamente, resignada al hecho de que estaría sola con el artefacto.

“Estoy muy cerca. Llámame si necesitas algo.”

“Buena suerte,” dijo ella y desaparecieron hacia sus áreas asignadas. Emily esperó hasta que los otros se alejaron.

“Samanta,” dijo en silencio Emily, “¿vas a buscar a Neruda con una OR?”

“No parece que necesite hacerlo. Evans sabe que él está adentro. Él es un SL-Catorce. No voy a discutir con él.”

“Ellos no son perfectos,” dijo Emily. “Yo también he oído historias sobre sus habilidades psíquicas, pero creo que sería una buena idea buscarlo con una OR solo para corroborar las suposiciones de Evans.”

“Puedo hacerlo,” dijo Samanta.

“Gracias, eres un amor.”

“De nada,” contestó Samanta, bajando la mirada.

“Oh, por cierto,” preguntó Emily, “¿recuerdas cómo apagar el artefacto si se vuelve a activar?”

“No tengo ni idea, pero eso no me detuvo antes. Además, creo que ahora ya estamos informados. Tengo el presentimiento de que ahora se comportará diferente conmigo.”

“Espero que así sea,” Emily le palmeó ligeramente el hombro y se retiró en busca del paradero de Neruda. Le gustaba la naturaleza tímida y sensitiva de Samanta. Le recordaba a ella misma hacía unos años atrás, antes del cáncer.

El muro de roca surgía ante ellos, tapando los rayos del sol y dando un sentido de misterio y belleza surreal. En la sombra del muro el aire era fresco, pero la calma absoluta lo hacía insoportable incluso sin chaqueta. Las rocas que habían caído de la enorme pared durante los miles de años eran del tamaño de casas pequeñas. Era fácil imaginar cómo se debió haber visto y escuchado cuando cayeron.

Samanta se abocó a la tarea de preparar una Reproducción y alistarse para su encuentro con el artefacto. Ella siempre prefería trabajar sola cuando hacía un trabajo de OR. Todo lo que necesitaba era una entrada de datos, la cual normalmente eran coordenadas de búsqueda y marco de tiempo. Era raro, pero si ella sabía mucho sobre los parámetros de búsqueda, probablemente sería menos exacta. Branson llamaba al fenómeno Anudamiento Espectral, quería decir que mucho conocimiento sobre la búsqueda confundía el libre flujo de energía psíquica.

Samanta había experimentado esto solo una vez antes y ahora le causaba problemas porque estaba en circunstancias similares. Conocía el objeto, la localización, y los objetivos de la búsqueda. Conscientemente, sería difícil soltar su conocimiento y simplemente ver y escuchar las imágenes que recibía ella durante la sesión de Visión Remota. Las imágenes son muy delicadas y frágiles. Requieren de absorción completa. De lo contrario, se disipan antes de que se puedan entender y hacer sensibles por Reproducción.

Ella se puso el tocado, afectivamente llamado Concha Cerebral. Abrió el contenedor y el artefacto estaba tranquilo. Ella estaba un poco sorprendida, tal vez lo había apagado para siempre. O quizás la misión de éste había terminado la noche anterior. Ella miró por encima al objeto con cuidado, tocando su cubierta como si fuera un bebé recién nacido. Activó el switch de Reproducción, ajustó la sensibilidad de captura, se sentó en una posición con las piernas cruzadas al estilo indio y cerró los ojos como pesadas puertas apagando el ruido de una transitada calle.

En el último segundo, cambió su objetivo de misión de localizar a Neruda a localizar la base del artefacto.

Rápidamente, empezó a ver una imagen surgiendo en la pantalla de su mente. Su jefe se refería a este fenómeno como Mierda Estática porque la Concha Cerebral, cuando se encendía por primera vez, a menudo producía una imagen por sí misma en el operario de OR. Tenía algo que ver con su campo eléctrico y su proximidad con la corteza visual. Esta imagen era diferente a todo lo que ella había visto antes.

Se formaron tres formas nebulosas que parecían rectángulos verdes flotando en una luz marrón grisácea. Como reflejo, el ojo de su mente se entrecerró hacia las formas difusas, esperando poder resolver la forma y propósito, pero nada de lo que hizo tuvo efecto. Tenían un ligero parecido a puertas, aunque no intuyó que ese era su propósito.

Los rectángulos, suspendidos en el espacio, empezaron a girar –cada uno en diferentes direcciones. El primero permaneció vertical, girando en sentido opuesto a las manecillas; el segundo rotaba longitudinalmente, como un molino de viento; y el tercero giró en sentido de las manecillas en plano vertical. Sin preocupación se percató que el artefacto estaba zumbando y que estaba conectado a la imagen -el movimiento– que ella vio.

Decidió probar la hipótesis de la puerta y se acercó a los objetos. Cuando se acercó, se detuvieron y el zumbido cesó. Pensó en parar la sesión, pero había algo en la manera en que estas formas rectangulares le llamaron la atención. Había una presencia, un poder que exudaban, con el que ella nunca antes se había encontrado. Parecía natural y no natural a la vez y fue esta paradoja lo que la atrajo.

Samanta alcanzó a tocar el objeto de en medio y cuando lo hizo, cambió de forma. Empezó a tomar características humanas masculinas, de edad, alto, barbado, con apariencia de un hechicero, con ojos que se clavaron en los suyos con tal intensidad que ella solo pudo apartarse. “No nos temas,” una voz llenó su ser, reverberando por dentro. Fue como si a cada célula de su cuerpo le hubieran crecido oídos.

“Somos lo que buscas, lo que siempre has buscado,” continuó la voz. Era autoritaria y sin embargo, gentil. “Estás siendo guiada en este preciso momento a encontrar lo que te hemos dejado. Ya está dentro de tu alcance y cuando veas que tus dedos lo toquen, ciérralos bien sin dudar. Sin miedo. Te decimos que es el único camino. La única forma.”

Las palabras dieron paso al silencio. Samanta miró de nuevo al ser que estaba ante ella. Se había regresado a la forma de rectángulo. Flotando como una puerta verde y sin rasgos distintivos.
Ella habló por puro instinto. “¿Qué hay dentro de nuestro alcance?”

“El camino hacia nuestro mundo”, contestó la voz.

“¿Su mundo?” dijo ella sin pensar.

“Solo encontrarás nuestro mundo si procedes sin miedo. Es la única barrera impenetrable hacia nuestro mundo.”

“¿Por qué quieren que encontremos su mundo?” preguntó Samanta, percatada de que su voz sonó perpleja.

“Hemos estado dentro de tu especie desde su creación en este planeta que ustedes llaman Tierra. Estamos codificados dentro de su ADN, codificados dentro de las estructuras invisibles que rodean y soportan su ADN. Nuestro mundo está tanto dentro de ustedes y más lejano que lo que tu mente puede comprender. Ustedes encontrarán nuestro mundo porque necesitan nuestra ayuda para despertar una parte de su naturaleza que está escondida a la vista, detrás de los lenguajes de su mundo.”

“¿Escondida? ¿En qué sentido?” preguntó Samanta.

La superficie del rectángulo del centro se llenó con una imagen de la Tierra, rodeada de un enrejado de filamentos luminosos. Era como si una película en 3D se proyectara en su superficie. “Tu planeta es del interés de una especie extraterrestre de la que ustedes no tienen conocimiento en este momento. Es una especie más avanzada y más peligrosa que lo que puede imaginar el ciudadano promedio de tu mundo. Si la raza humana está destinada ser la administradora de esta librería genética llamada Tierra, la cual cultivamos y exportamos cuidadosamente para esta galaxia, entonces necesitará defenderse de esta raza depredadora.”

La imagen de la Tierra se alargó como si una cámara hiciera un acercamiento lentamente a la diminuta esfera, flotando en la inmensidad de un espacio teñido de negro. Samanta empezó a notar varias luces vibrantes que parecían marcar lugares estratégicos en el planeta. Sus ojos se centraron en el área general de Nuevo México, donde vio una marca de señalización.

“Lo desconocido para ustedes,” continuó la voz, “es que su planeta es parte de un universo interconectado que opera en un caos ordenado por fuera de las construcciones, instrumentos, tecnologías e inventos de sus científicos. Hay algo por debajo de la partícula y la onda, debajo del subconsciente, debajo de la resonancia espiritual de los grandes maestros de la Tierra y este Lenguaje de Unidad permanece oculto para ustedes. Está codificado en su ADN. Nosotros lo hicimos. Y nosotros colocamos los activadores dentro de su ADN que despierta su habilidad de sobrevivir un cambio en su maquillaje genético.”

“¿Por qué? ¿Por qué necesitamos hacer un cambio genético?” ella no podía contener su escepticismo, pero mientras hablaba, podía sentir que el temor empezaba a surgir. Con lo que fuera que ella estaba interactuando, era desconocido y sabía que era una locura confiar en algo o alguien en una sesión de OR autodirigida.

“Pronto lo descubrirás,” contestó la voz. “Después de este encuentro, sentirás una nueva confianza en tus poderes de investigación. Este es el elemento que te mantendrá en estado de duda y miedo que te confrontarán en las próximas semanas. En un nivel que nunca has visto, eres una entidad holográfica que está entrelazada completamente a todas las cosas, y cuando tocas este sentimiento, despiertas una frecuencia de tu conciencia que te guiará a nuestro mundo. No tienes motivo para creernos, sin embargo sabes que nuestras palabras no tienen otro propósito que despertar una parte de ustedes, dormida por mucho tiempo. Somos los Creadores de Alas. Te dejamos en la Luz que es Única.”

Los rectángulos se desvanecieron en una luz verde-dorada que llenó completamente su visión. El sonido de la voz distante de Andrews rompió su concentración y recobró su compostura humana, débilmente consciente de que había perdido contacto con la fuerza más asombrosa que había visto en su vida.




Capítulo 5

CONTACTO INICIAL


Como mi naturaleza es estar plegado en siete, hay siete universos que comprenden mi cuerpo. Dentro de cada uno de ellos, se vacía una especie de una plantilla particular de ADN y es nutrida por la Inteligencia de la Fuente para explorar su universo material. Cada una de estas especies es enviada por la Raza Central hacia el universo en que fue creada para que revele su potencial y visión semilla. Tu especie convergerá con otras seis especies en un futuro distante que reunirá mi cuerpo como la extensión viviente de la creación conocida. Aunque esto se ve tan distante que parece no tener relevancia para su tiempo, es vital para que ustedes entiendan el alcance de su propósito. Pueden considerar a estas siete especies como la reunión de los miembros de mi cuerpo que me/nos permite funcionalidad total dentro del gran universo. Este es mi propósito y en consecuencia, también el de ustedes.

Extracto de Las Zonas Afluentes, Decodificado de la Cámara 22.
Creadores de Alas

Muy pocas personas dentro del misterioso mundo de Quince lo hacían sentir incómodo, y Darius McGavin era uno de ellos. McGavin era el director del Laboratorio de Proyectos Especiales de la NSA. Aparentemente, McGavin estaba disfrazado como el supervisor de Quince porque la ACIO se había establecido como un departamento no reconocido del Laboratorio de Proyectos Especiales cuando la actividad OVNI se volvió una cuestión imprescindible a finales de los 40's. Técnicamente, Quince le reportaba a McGavin.

La cautela e intelecto de Quince eran tan refinados que McGavin desconocía completamente el verdadero alcance, misión y objetivos de la ACIO, o de la existencia del Grupo Laberinto y su PTT con los Corteum. En realidad era un encubrimiento magistral considerando la paranoia y habilidad tecnológica de la NSA.

Pero lo que realmente molestaba a Quince era que McGavin estaba haciendo una visita imprevista, lo cual solo significaba una cosa: había un serio problema bajo los pies. Con frecuencia estos problemas eran rumores sobre las iniciativas clandestinas de la ACIO con el complejo industrial militar o con el sector privado, compañeros industriales.

Estas visitas imprevistas eran de suma molestia para Quince. McGavin era arrogante y espléndidamente mal informado; una combinación que Quince solo podía tolerar en pequeñas dosis. Él ya tenía programadas una serie de juntas urgentes alrededor de su junta obligatoria con McGavin. Si tenía suerte, McGavin estaría de vuelta a Virginia en 30 minutos.

Eran las 11:00 horas cuando al tocarle la puerta se acordó de verse alegre y sonreír como el anfitrión de un grupo. Los espasmos de su espalda lo atacaban más de lo normal, pero nunca usó analgésicos o algún tipo de ayuda médica. Se dirigió a la puerta con su bastón blanco, ensayando su sonrisa por última vez.

"Darius, qué gusto verte."

"Igualmente.” Contestó McGavin. “¿Qué hay con el bastón? No te estás volviendo viejo ¿verdad?” McGavin puso su portafolios abajo y se sentó en la silla de espera, recorriendo sus manos sobre su calvicie, como si aún quedara algún fantasma de cabello.

"Solo he tenido algunos espasmos de espalda las últimas semanas. El bastón, bueno, es solo por lástima.” Sonrió cortésmente, tal como lo había practicado.

McGavin era una rara combinación de genio técnico y astucia política. Graduado en 1975 en la Academia de la Fuerza Aérea como el mejor de su clase, siguió en la MIT graduándose con un grado de ingeniería mecánica y luego agregó un grado avanzado en física cuántica en Yale. Era el estudiante perfecto, agraciado con la habilidad de estudiar las tendencias del profesor y reflejarlas como un espejo perfectamente pulido. La NSA lo reclutó cuando tenía 23 años y condujo con rapidez su carrera hacia del Laboratorio de Proyectos Especiales.

En solo once años, se volvió su director. Quince ya había sido el Director Ejecutivo de la ACIO por 18 años cuando McGavin tomó las riendas del SPL. Quince apenas podía soportar el ser subordinado de un joven indolente, como se refería a él en el Grupo Laberinto.

"Dime la naturaleza de tu visita," dijo Quince y se relajó en su silla. Su voz sonó con tan absoluta confianza que McGavin instantáneamente se cambió de silla como un estudiante llamado a la oficina del director.

"En realidad, esperaba que pudieras ayudarme a entender qué es esto." McGavin abrió un pequeño frasco de cristal que contenía un dispositivo electrónico del tamaño y forma general de un dedal. Quince lo reconoció al instante como una de las tecnologías de espionaje telefónico de la ACIO que usaban para establecer sus perímetros de Audición.

Quince se puso sus bifocales, agarró el dispositivo con su mano y lo examinó de cerca. “Me parece un dispositivo alámbrico. Puedo hacer que una persona de electrónicos le haga un examen interno…”

"Ocurrieron dos cosas raras esta semana que no te he dicho." La cara de McGavin tomó una apariencia seria y bajó la voz.

"Primero, un profesor de la Universidad de Nuevo México juró en una declaración que estaba intimidado por la NSA a entregar un artefacto raro descubierto hace unos días por unos estudiantes excursionistas. Segundo, tenemos evidencia de que se enviaron dos misiones de la ACIO a Nuevo México, a solo unos kilómetros del punto del descubrimiento de este artefacto, en los últimos cuatro días. Uno fue apenas ayer."

McGavin hizo una pausa analizando el lenguaje corporal de Quince, buscando pistas. Quince Permaneció serio en todos los aspectos, esperando que McGavin continuara su historia.

"Y luego esta mañana nuestros agentes, tratando de corroborar la afirmación de este profesor, hicieron una revisión rutinaria de su casa y oficina. Encontramos siete de estos dispositivos. Parecían similares a nuestros dispositivos de vigilancia, pero más sofisticados, de acuerdo a nuestro personal de electrónica."

"Y piensas que la coincidencia de la misión de la ACIO a Nuevo México y la declaración jurada del profesor son irreconciliables, ¿verdad?" Quince hizo una expresión afligida.

McGavin asintió. "Mira, solo dime qué pasa. Bien sabes que tienes que reportar tus actividades o asumiré que te volviste renegado. Sabes el protocolo bajo esas circunstancias. Así que sólo dime sin rodeos, ¿qué diablos está pasando?"

Quince retrocedió en su silla y se paró con dificultad. Con bastón en mano, revolvió su escritorio y sacó un largo fólder. Lo desplomó en la mesa frente a McGavin. “Aquí está todo lo que sé.”
McGavin abrió el archivo y empezó a examinar varios documentos. "¿Puedes hacerle pruebas?"

"No podemos sacarle nada a la maldita cosa. Es una tecnología sellada. Tan fuerte, que estamos completamente perplejos. Enviamos dos equipos de científicos al área general esperando encontrar algo más."

"¿Y...?"

"Hasta ahora, nada," contestó Quince.

La mirada de McGavin regresó de nuevo a los documentos, “¿Por qué no reportaste esto?”

"No había nada que valiera la pena reportar. Solo tenemos cuatro días en la investigación… "

"Cuatro días es mucho tiempo, amigo mío. En este negocio, puede ser toda una vida.” McGavin dejó el archivo. Sus dedos jugueteaban nerviosamente con la pestaña de plástico que decía, FLECHA ANTIGUA.

"Entonces tienes un artefacto extraterrestre, un nombre de proyecto, han hecho entrar en pánico a este profesor, han interceptado la línea telefónica de su oficina y casa, pero no crees que haya algo que valga la pena hacerme saber. "

Quince escuchó con cuidado. La mirada de atención volvió a su cara y regresó a su silla. “Ya sé que preferirías una comunicación más instantánea, pero no tenemos que reportar nada…"

"¡Tienes una maldita tecnología alienígena! No soy tan experto como tú sobre estas tecnologías, pero si no puedes hacer pruebas a esta cosa, entonces es muy sofisticada. Según todo lo que ustedes saben, es un arma o algún tipo de sonda. El protocolo de operación dice que cualquier evidencia de una tecnología alienígena se debe comunicar inmediatamente al SPL. Esto lo sabes tan bien como yo."

McGavin alzó la voz. “Sabes que tengo que iniciar una investigación. Suena como a encubrimiento. No quiero perder mi tiempo y energía investigando el laboratorio más productivo en los alcances de la NSA. Es una pérdida fastidiosa. Pero no tengo opción."

"Entiendo completamente," dijo Quince. "aunque sea una inconveniencia, cooperaremos en todas las formas que podamos."

"Puedes empezar diciéndole a Evans que contacte a Denise Shorter y acuerden asignar un agente sombra para el Proyecto de la Flecha Antigua. Mantendremos abiertos los lazos de comunicación si nos involucramos en el proyecto."

"Por supuesto. Él la contactará mañana."

"No, hoy. No quiero más retrasos en la comunicación."

"Evans está asignado al campo hasta mañana. No tiene comunicación segura… "

"Entonces que Jenkins haga los arreglos," contestó McGavin. "Me importa un bledo quién llame a Shorter, solo que sea de inmediato.”

"Mira, estoy bien enterado de los rumores que has hecho alrededor de este grupo. Ya sé que te gusta jugar juegos y sé que tienes aliados poderosos. Pero no juegues conmigo. Comunícate por canales estándar. Si estás muy ocupado, Li-Ching puede hacerlo por ti. No me importa quién haga la comunicación. Solo quiero tener la confianza de que cuando le pongas nombre a un proyecto en un fólder, enviarás un duplicado del archivo a mi oficina en minutos. No horas. Minutos. ¿Entendido?”

"Completamente”.

"Y una cosa más… "

Una llamada a la puerta interrumpió a McGavin.

"Sí," dijo Quince.

La puerta se abrió despacio y un hombre asomó la cabeza en la oficina. "Disculpe
por la interrupción, señor, pero nuestra próxima junta es aquí. ¿En cuál sala de
conferencia quiere que lo esperen?"

"Ya estábamos terminando," dijo Quince, "usemos el Salón Hylo."

"Gracias, señor."

La puerta se cerró sin hacer ruido.

"¿Decías...?" recordó Quince.

"¿Qué tiene de especial este artefacto?"

"No sabemos si haya algo de especial. Puede resultar que esta cosa sea en realidad una tecnología sellada, lo cual sería una lástima, pero sin embargo, si no podemos hacerle pruebas, no hay mucho que podamos hacer más que ponerlo en almacén y esperar hasta que tengamos la tecnología para hacerle pruebas.”

"Veo que no tienes nada en el archivo sobre análisis de OR. Supongo que harás una OR."

"Sí, claro."

"Me gustaría ver las cintas de Reproducción cuando las tengas."

"Por supuesto."

McGavin miró alrededor de la espaciosa oficina como si estuviera evadiendo con la mirada. Quince sabía que estaba molesto por el hecho de que se había programado otra cita para cerrar la suya.

“Te voy a colgar si encuentro algo sospechoso en este proyecto por más mínimo que sea. Puedes pensar que estás fuera del alcance de mi poder, pero déjame recordarte que tu presupuesto tiene mi firma. No juegues conmigo."

Con eso, McGavin se puso de pié y abrió su portafolios. "Supongo que puedo quedarme con esto" Agarró el archivo que Quince le dio para leer.

"Por supuesto."

"Llamaré a Shorter en treinta minutos”, dijo McGavin. “Confío en que ya habrá hablado con Jenkins para entonces."

McGavin cerró su portafolios, regresó su silla a su posición previa y caminó hacia la puerta, escoltado por Quince. McGavin puso su mano en la perilla, se detuvo y miró a Quince directamente a los ojos.

“Octavio, tengo dudas acerca de tus motivos y operaciones. Y estas dudas… me molestan. Y cuando estoy molesto, me vuelvo paranoico. Y esta paranoia… me vuelve implacable".

"¿Qué tratas de decir?" preguntó Quince inocentemente.

"Si no puedo confiar en ti, puedo hacer de tu vida un infierno."

"Ahora sabes tanto como yo acerca del Proyecto de la Flecha Antigua,” contestó Quince calmadamente. “Haremos un mejor trabajo de mantenerte informado. No pensamos que tuviéramos algo que mereciera la pena distraerte. Ahora veo que calculamos mal. No volverá a suceder. Te lo aseguro."

"Reza por que así sea."

Los dos se dieron la mano y se desearon un buen día.

Quince cerró la puerta de su oficina. Puso su bastón en la mesa y se sentó en la misma silla que McGavin hacía unos momentos. Cerró sus ojos. Su cara se relajó completamente. Llevó sus manos por debajo de la mesa y jaló un pequeño objeto negro. Quince se acercó a inspeccionar el objeto y sonrió levemente. Un llamado a la puerta lo interrumpió.

"Sí."

"Perdón por interrumpir, pero tenía curiosidad por saber cómo había estado tu junta con McGavin.” Era Li-Ching. Tenía puesta una falda roja de lana que le llegaba a las rodillas, y una blusa de seda blanca sin mangas. Tenía su cabello negro sostenido atrás con una exótica cola de caballo que estaba agarrada por una malla plateada de hilo.

Quince sacó el objeto negro para que lo viera ella, y sonrió ampliamente como el gato del país de las Maravillas.

Ella se sentó en la orilla de la mesa frente a Quince; una angosta abertura en su falda se abrió para revelar sus piernas color marfil, perfectamente torneadas como con un torno.

“A juzgar por tu cara, te fue muy bien.”

"Sí," contestó Quince, "pero es una lástima que no confíe en nosotros."

Quince tomó su bastón y le dio un golpe fatal al dispositivo auditivo electrónico que había dejado McGavin.

"¿Solo uno esta vez?"

"Solo uno," suspiró Quince. "Creerías que dejaría pasar esta oportunidad para
cablear mi oficina."

"Solo quiere recordarte que está observando y escuchando.” Dijo Li-Ching.

“Ya sabes la estrategia, mientras más paranoico estés, más errores vas a cometer."

"Quiere deshacerse de mí."

"No, quiere deshacerse de la ACIO y su protección separada e independencia. Él no es un títere. Él sabe que la única forma de tomar el control de la agenda del SPL es si la ACIO se integra a su departamento. Ahí es donde está encaminado. Todo lo que hace está diseñado para acercarse a ese objetivo."

"Quizás si supiera lo que hicimos en realidad, disminuirían sus intereses."

"¿Qué tienes en mente?"

"El maldito idiota ordenó una investigación, ostensiblemente para determinar si nos volvimos renegados en el Proyecto Flecha Antigua, pero estoy seguro de que su verdadera agenda, es husmear en nuestras tecnologías. Encontraron el Dispositivo Auditivo de Nivel Cinco en la casa y oficina de Stevens. "

"¡Maldición!" Li-Ching se puso de pie y comenzó a pensar.

"Él sospecha que nos quedamos con las tecnologías en estado puro y les enviamos versiones atenuadas. Esta investigación se centrará en eso. Él quiere pruebas. Con
eso en mano, tratará de quitarme."

"Dios, qué pérdida de tiempo." Dijo Li-Ching.

"No sabe eso."

"Bueno, entonces es un tonto después de todo."

"Dejemos que haga su investigación, su agente sombra y todo lo que requiera. Evans se encargará del agente del SPL y tú te encargarás de los protocolos de comunicación."

"¿Le diste el archivo de la Flecha Antigua que preparé?"

"Por supuesto," contestó Quince. "Pareció satisfecho, al menos en parte."

"La mayor parte es verdad, de cualquier forma. No tuve mucho que arreglar."

"Él quiere las cintas de Reproducción de nuestro departamento de OR relacionado con el artefacto.” Suspiró Quince.

“Necesitarás que Branson trabaje en eso inmediatamente. Me gustaría aprobar el original antes de hacer la cinta."

"Entendido." la voz de Li-Ching parecía lejos como si estuviera pensando en otra cosa completamente diferente. “Acabas de decir que quieres que sepa lo que realmente hacemos aquí. ¿A qué te referías?”

"Vamos a darle la evidencia de lo que ya cree que es verdad. Él no tiene ninguna pista sobre Laberinto o los Corteum. Puede haber escuchado algunos rumores sin conexión, pero nada más. Cree que somos renegados y que no hemos compartido algunas de nuestras mejores tecnologías."

"¿Quieres que Ortmann deje salir algunas de nuestras tecnologías en estado puro más benignas… como nuestros dispositivos auditivos?"

"Sí, ¿puedes hacer que haga una lista de las tecnologías con las que él crea que no podemos vivir?"

"No hay problema."

"Quiero que McGavin se sienta victorioso. Se va a calmar cuando se quite de nuestras espaldas."

"¿Algo más?"

"Stevens es inestable," dijo Quince. “Creo que necesita una visita recordatoria y un dispositivo Auditivo de Nivel Siete."

"¿Y qué sobre la reestructuración de memoria?"

"El daño está hecho. Si de pronto olvida, solo puede empeorar nuestra situación alarmando a sus colegas quienes ya saben, sin mencionar a McGavin. No, dejemos que Morrison le haga una visita recordatoria. Jenkins puede reinstalar el dispositivo auditivo."

"Bien."

Li-Ching se sentó de nuevo en la orilla de la mesa. La falda se abrió al cruzar la pierna. Quince le pasó la mano por ella y sonrió con ojos maliciosos.

"¡Maldito McGavin!" el puño de Quince golpeó la mesa. “No puedo estar contigo ahora… acabo de acordarme que necesito consultar un asunto urgente con Jenkins..."

Se puso de pié abruptamente y Li-Ching comprendió que su tiempo con él había terminado. Ella le besó la mejilla y murmuró algo a su oído. Los ojos de Quince se entrecerraron al escuchar con atención. Li-Ching terminó y la cara de Quince se sonrojó visiblemente.

"Solo por si McGavin plantó más de un dispositivo auditivo," dijo Li-Ching y desapareció antes de que Quince pudiera emitir un sonido de protesta. Al cerrar la puerta, se esforzó un momento para recordar la extensión de Jenkins.
* * * *

Evans vio de reojo un surco en la pared del cañón. Era pequeña, a solo medio metro de altura, pero era claramente una abertura en la cara del acantilado. Se aguantó el deseo de llamar a sus colegas. Se arrodilló y talló en la oscuridad de la fisura y llamó varias veces a Neruda en voz alta.

Escuchó con toda su concentración y se escuchó una débil voz. “Aquí estoy, aquí estoy.” Y algo más, pero Evans no pudo entender el resto.

Había una urgencia perturbadora en la voz. Algo andaba mal. La voz sonaba como la de Neruda, pero carecía de su vitalidad habitual. Estaba lastimado. Esa era la única explicación plausible. Evans gritó con toda su fuerza. "Estaremos ahí en unos minutos. Aguanta."

Inmediatamente se levantó y llamó a su equipo. "¡Lo encontré! ¡Todos sigan mi voz y vengan aquí!" Continuó gritando, "¡lo encontré!" cada varios segundos. En cuestión de minutos todo el equipo estaba reunido a excepción de Andrews.

"¿Qué le pasó a Andrews?" preguntó Evans.

"Está cargando al pequeño monstruo, como le llama," dijo Samanta. "Él se ofreció." Sacó los brazos, con las palmas hacia arriba como suplicando que ocurriera un milagro.

"Solo imagino cuánto tendremos que esperar," dijo disgustado Evans. "No tenemos tiempo. Collin, tú y yo nos adelantaremos a localizar a Neruda. Tal vez está atrapado en un túnel angosto. No puedo creer que lo haya hecho… menos de noche. El resto de ustedes esperen a Andrews. Regresaremos lo más rápido posible, espero que con Neruda."

"¿Puedo ir con ustedes?" preguntó Emily. "No tenemos que esperar las dos a Andrews." Miró a Samanta y luego a Evans.

"Bueno, pero ten extremo cuidado y permanece detrás de nosotros. Samanta, mantente gritando de vez en cuanto para que Andrews nos pueda rastrear."

"Bueno," contestó.

"Todos tienen sus lámparas, supongo," dijo Evans como un comandante. "Tengo una cuerda, un equipo de primeros auxilios, algo de comida y agua. ¿Se les ocurre algo más?"

Emily y Collin se miraron uno al otro y se estrecharon las manos.

"Entonces vámonos."

Los tres desaparecieron en la fisura abierta como viajeros moviéndose a través de un portal hacia un nuevo mundo. Evans iba al frente y fue el que batalló más en adentrarse debido a su gran tamaño. Pudo pasar solo después de contorsionar sus hombros y cabeza como un mago tratando de liberarse de una camisa de fuerza.

En el otro lado de la abertura había una cámara larga o caverna de unos 20 metros de diámetro, con una entrada a la oscuridad en el lejano extremo de la cámara. Sus lámparas se deslizaron inútilmente por la oscuridad de adentro, entrecruzándose al azar en la piedra marrón.

"Neruda, ¿dónde estás?" gritó Evans.

"Aquí estoy," se oyó la débil respuesta.

"¿Puedes dirigirnos hacia donde te encuentras?," gritó Emily.

"Qué gusto escuchar sus voces..." contestó Neruda. "Estoy enfrente. Vayan a la abertura y sigan de frente unos veinte metros más o menos. Llegarán a una bifurcación en el túnel, vayan a la derecha. De cualquier forma, antes de que den otro paso, escuchen con cuidado.

"Esta es la base. Aún no tengo alguna evidencia. Pero conforme se vayan adentrando, se darán cuenta que se vuelve más sofisticado en su diseño. Y parte de esta sofisticación está en su sistema de seguridad. "

"¿Cómo dices?" gritó Evans.

"Hay cierto sistema de seguridad rodeando a este sistema de túneles. Caí en una de sus trampas porque no esperaba tal sofisticación, pero créanme, todo el lugar podría estar lleno de trampas. En otras palabras, tengan extremo cuidado."

"¿Algún consejo?" preguntó.

"Vayan despacio y sigan mis pasos hasta que lleguen a un glifo escarbado en la pared del túnel, está en el lado derecho de la pared del túnel. Estoy bien. Si les toma una hora para llegar aquí, está bien, solo lleguen aquí con cuidado."

"¿Estás atrapado?" preguntó Collin.

"Definitivamente."

"¿Qué sucedió? Tal vez podemos aprender de tu experiencia.”

"El problema es que no sé lo que hice. Pude haber tocado un botón sensitivo de presión o tropecé con un cable, no estoy seguro. Todo lo que sé es que pasó tan rápido que no pude reaccionar igual para salvarme. Caí a una distancia considerable, pero no tengo nada roto."

"Bueno, tomaremos tu consejo. Ten paciencia." gritó Evans.

"No se apuren, no planeo ir a ninguna parte," Neruda contestó débilmente.

Evans, Collin, y Emily parecían estatuas ancladas al suelo. Sus lámparas examinaban el suelo lleno de tierra y rocas buscando alguna señal de peligro potencial y el rastro de Neruda. El rayo de luz de sus lámparas iluminaba ocasionalmente algún cráneo de animal u osamenta de conejo escondido junto a la pared de la cámara como colecciones de basura llevadas por el viento hacia una cerca.

"Creo que tenemos un camino claro a la entrada del túnel," recalcó Evans.

Evans tomó camino cuidadosamente hacia la entrada al túnel en el extremo de la cámara. Collin, luego Emily, lo siguieron de cerca, cada uno esforzándose lo mejor para seguir exactamente las mismas huellas que había dejado Evans. Cuando entraron al túnel, el aire se volvió notoriamente más frío y pudieron sentir una ligera inclinación hacia abajo del camino del túnel.

"¿Ya puedes ver nuestras luces?" preguntó Evans.

"No, pero en unos minutos entenderás por qué. Solo sigan avanzando conforme mis instrucciones."

Emily estaba tranquila por el hecho de que la voz de Neruda se oía más fuerte. Parecía relajado y no en peligro inminente. Ella podía sentir su optimismo surgir a cada paso.

"Trato de seguir tus pasos," gritó Evans.

"Está bien, pero trata de evitar el último," rió Neruda, "es un serio rompecabezas”.

"Esta es la última vez que viajo sin comunicaciones locales," dijo Evans en voz baja.

"Todo este viaje se planeó demasiado rápido. Debimos haber esperado," se lamentó Emily.

Evans dirigió la luz de su lámpara hacia el angosto túnel esperando ver alguna evidencia de Neruda, pero el rayo se desvaneció en la oscuridad antes de poder identificar algo distintivo.

Evans se volteó a ver a Collin y Emily. "Si este túnel continúa con este grado de inclinación, se irá profundo hacia abajo. Se va a poner frío."

"¿Ya puedes ver las luces?"

"No. Pero apaguen las suyas por un momento," sugirió Neruda. “Prenderé las mías para ver si ustedes pueden ver algo."

Una oscuridad instantánea los tragó cuando se apagaron las luces.

"Ahí, creo que vi algo a unos quince metros adelante. Sí, definitivamente vi una luz.” Evans volvió a encender su luz. Las paredes del túnel estaban a solo tres metros y habían tomado forma mediante herramientas. Sin mucha precisión, pero definitivamente era una estructura diseñada.

"Bueno, Jamisson, ya vimos tu luz. Estaremos ahí tan rápido como podamos. Tu voz suena como debajo de nosotros. Dijiste que te caíste. ¿Qué tan alto, tienes una idea?"

"No estoy seguro. Perdí la conciencia por un período de tiempo, quizás diez minutos, más o menos. Aún tengo un dolor de cabeza para confirmar mi caída."

"Bueno, cálmate y llegaremos allá en breve.” Evans se volteó a Emily y Collin.

"Mantengámonos muy unidos. Dejaré mi lámpara enfocada en el camino. Collin, dirige tu luz hacia la derecha del túnel y Emily, tú vigila la izquierda. Estén alerta. Si ven algo que parezca raro, díganlo inmediatamente y no se muevan. ¿Entendido?

Aunque tendía a ser odioso, tanto Collin como Emily estaban complacidos de que Evans los guiara. Infundía confianza a través de su y movimientos. Parecía extraer efecto estimulante de las circunstancias que otros podrían sentir solo miedo.

Al seguir ellos su camino hacia el corredor, la voz de Collin rompió el silencio "¡Alto!"
Se quedaron inmóviles en sus lugares. "¿Qué pasa?" preguntó Evans.

"Es el glifo que Neruda acaba de mencionar."

Todos los rayos de luz convergieron en un jeroglífico tallado intrincadamente sobre el muro de roca del túnel. La pared había sido cuidadosamente preparada y estaba relativamente alisada a fin de acomodar las detalladas líneas y patrones del glifo.

"¿Qué dices del glifo en la pared?" Evans le llamó a Neruda.

"Nunca antes había visto algo así," contestó. Su voz estaba inequívocamente más
cerca, pero también venía de alguna distancia debajo de su posición. "Está relacionado con los glifos del artefacto, pero es diferente en muchos aspectos. No dejes de buscar mi último paso, no fue mucho después de eso, que tropecé con algo."

La luz de Evans identificó la última huella de Neruda unos dos minutos después.
Una marca de resbalón viraba hacia la derecha del túnel, pero no había señal alguna de puerta o salida.

"Dirijamos toda nuestra luz a esta área." Evans usó el rayo de su lámpara como un apuntador láser para definir el área que quería que iluminaran todos juntos.

"Bueno, ¿ves algo que parezca una grieta?"

"Nada parecido," contestó.

Emily apuntó a la parte de arriba del túnel donde apuntaba su rayo de luz. "¿Qué es eso?"

"Parece como un ducto de ventilación o abertura pequeña," dijo Evans. "Tal vez así es como podemos llegar a Neruda."

"Jamisson, di algo," sugirió Evans.

"Algo."

"Sería útil un poco más de tu verbosidad usual," dijo Emily en broma.

"Bien, pero les advierto, la historia de mi vida es muy aburrida hasta que llegué a la edad de cinco o seis años…”

"Tienes razón, es la fuente de su voz," dijo Collin emocionado.

"Jamisson, soy Evans, encontramos un ducto de ventilación o algo en el techo del túnel. Es un agujero pequeño, tal vez de diez centímetros de diámetro. También encontramos una última huella, pero no hay señal de dónde caíste. No podemos ver fisuras u orillas que indiquen una puerta o camino de salida. ¿Alguna recomendación?"

"¿Tienen alguna cuerda?"

"Sí, supongo que de unos diez metros de largo."

"¿Puedes meter la cuerda en la abertura?"

"Sí, creo que sí," dijo Evans.

"Trata de introducir la cuerda en la abertura, tanto como puedas. Con un poco de suerte, la veré."

"¿En qué tipo de cuarto estás?" preguntó Emily.

"Tiene techos altos – tal vez diez o doce metros, tiene unos tres metros de diámetro y el techo está arqueado como un domo. Definitivamente es una construcción… una construcción elaborada. Pero no puedo ver aberturas, y como ustedes, no puedo encontrar ninguna fisura. Ni siquiera sé exactamente cómo llegué aquí."

Evans estaba de puntillas tratando de poner la cuerda en la abertura. Parecía una bailarina gigante y torpe. La abertura en el techo estaba a medio metro de su alcance, y la cuerda era muy flácida para deslizarla por la abertura sin que saltara.

"Puede ser tonto saltar aquí, pero es la única forma en que puedo introducir esta cuerda. Tú retrocede. Si algo me pasa, Collin se regresa por ayuda. Emily, quédate observando. Aquí está mi comunicador a la base." Se lo dio a Collin.

"Podría impulsarte hasta la posición," dijo Collin.

"Lo dudo. Peso demasiado para ti. Y no podemos soportar la pérdida de dos de nosotros."

Emily estuvo de acuerdo. Collin parecía un bastón andante.

"¿Por qué no impulsas a Collin?" sugirió Emily. "Para ti, es como una pluma."

"No quiero arriesgar a dos de nosotros, si se puede hacer con uno. Déjame intentar primero a mí. Si fallo y nada pasa, impulsaré a Collin. Retrocedan al menos cinco metros."

Evans esperó a que retrocedieran. Saltó perfectamente al agujero como un basquetbolista insertando el balón. La cuerda entró perfectamente. Y luego cayó. Evans cayó recio, pero seguro.

Diez minutos después encontraron una piedra del tamaño apropiado para amarrar al extremo de la cuerda y Evans insertó una vez más la cuerda en el agujero. Esta vez se quedó ahí.

"¿Ves algo?" Gritó Evans mientras empezó a meter la cuerda en la abertura.

"Sí, pero necesitarán mucha más cuerda para alcanzarme."

"¿Puedes trepar a la pared para agarrarla?"

"No."

"Si pudiera darte una cuerda, ¿podrías llegar a la parte superior de la cámara?"

"Creo que sí, pero no sé qué haríamos después. La última vez que revisé, no cabía en un agujero de diez centímetros."

"Podemos agrandar el agujero," contestó Evans, un poco irritado. "¿Pero puedes llegar arriba de la cámara?"

"Sí, pero hay algo como una saliente que circula la parte superior de las paredes antes de llegar al techo de domo. Podría servir."

Evans se volteó a ver a Emily y Collin. "Necesito que regresen a la entrada. Contacten a Jenkins e infórmenle de nuestra situación. Sacaré a Jamisson y nos veremos en la entrada en dos horas. Si no llegamos ahí en dos horas, pidan a Jenkins que envíe un destacamento de seguridad con equipo de búsqueda y rescate inmediatamente."

"¿Cómo vas a sacar a Neruda tú solo?" preguntó Collin con voz desconcertada.

"Antes de que hagamos algo," dijo Emily, "¿puedo sugerir que intentemos repetir el último paso de Jamisson y ver si podemos activar la apertura del pasaje sin caer nosotros en la cámara?"

"Es muy peligroso," dijo Evans.

"Me parece que si es sensible a la presión, deberíamos poder tocar el mismo punto para que se abra la puerta. Tal vez podamos mantenerla abierta."

"De acuerdo, vale la pena intentar," dijo Collin. "De otra forma, no veo cómo podrían sacarlo."

"Neruda, ¿escuchaste eso?" preguntó Evans.

"Sí."

"¿Alguna opinión?"

"Sí, Emily y Collin deben hacer lo que sugeriste. Mientras más rápido, mejor."

Evans dijo en voz baja. "Por favor, váyanse ahora. Y procuren caminar sobre sus pasos exactamente como llegaron. Estaremos afuera en dos horas. Váyanse."

Emily y Collin se fueron perplejos. No se explicaban la postura confidente de Evans. Era aún más desconcertante que Neruda estuviera de acuerdo con él. Algo extraño estaba pasando. Pero completaron con sumisión su parte del plan y se reunieron con Andrews y Samanta en la entrada. Hicieron buen tiempo, requiriendo solo 17 minutos.

La luz golpeó con fuerza su vista cuando se toparon con la abertura angosta, con Andrews y Samanta quienes los esperaban para ayudarlos a pasar a través de la abertura.

"¿Por qué diablos tardaron tanto?" preguntó Andrews.

"Encontramos a Neruda. Está bien”, empezó Emily. “Pero está atrapado en un tipo de cámara y no podemos llegar a él sin suministros. Evans se quedó atrás. Van a intentar salir por sí solos, pero si no están afuera en otra… hora y media, debemos pedirle a Jenkins que envíe un equipo de seguridad."

"Debemos alertar a Jenkins ahora," le recordó Collin.

Collin sacó el comunicador de la base que Evans le había dado y presionó el botón de GRABAR. Habló en forma vacilante al micrófono. “Objeto encontrado. Posible búsqueda y rescate. Actualización en noventa minutos. Prepárense para expedición de B y R en noventa minutos, por favor. Enviaremos coordenadas exactas en próximo comunicado. Confirmar por favor."

Collin reprodujo la grabación y presionó el botón de ENVIAR satisfecho con la exactitud y brevedad del mensaje. Todos sabían que Jenkins y Evans odiaban los mensajes largos y detallados.

Eran poco después de las diez de la mañana, y el calor del desierto empezaba a sentirse. Andrews había instalado un campamento improvisado, y todos se sentaron a esperar los próximos 90 minutos. Emily se entretuvo en la tarea de hacer café. Collin miró los mapas para obtener las coordenadas exactas para la misión de búsqueda y rescate.

"Es la base, ¿verdad?" preguntó Samanta a Emily.

"Eso cree Neruda."

"¿Viste algo… algo inusual?"

"Los túneles son artificiales. Hay un glifo en el muro del túnel similar a los glifos del artefacto. Neruda terminó en el equivalente a una celda de cárcel, pero no pudimos encontrar ningún camino de salida o puerta en el túnel. Era como si literalmente se hubiera desmaterializado y ubicado en lugar... "

"¿Para qué?"

"No sabemos."

"Están protegiendo algo," dijo Samanta.

"¿Qué protegen?" preguntó Andrews y se acercó a Samanta. "Digo, si son más
artefactos como este pequeño monstruo, ¿qué hay que proteger?"

"Una tecnología genética,” dijo ella tanto como afirmación y pregunta.

"¿Cómo lo sabes?” preguntó Emily.

"Tuve otra experiencia con el artefacto durante una sesión de OR antes de que
Evans descubriera la abertura en la pared. Vi imágenes…”

"¿Cómo eran?”

"Como una imagen de la apariencia de estos Ets.”

"Wow…" dijo Andrews. “¿Cómo sabes que puedes creer en las imágenes que te puso esta cosa en la cabeza?" apuntó al recipiente de aluminio que contenía al artefacto. "Estos mismos ETs construyeron el equivalente a una maldita ratonera, que ahora tiene prisionero a Neruda. Eso no inspira exactamente confianza en mi viejo corazoncito."

Samanta empezó a decir algo y luego de detuvo.

"Dios, Andrews,” dijo Emily, “¿podemos dejar que nos diga lo que vio sin tus interrupciones y opiniones sarcásticas?" Andrews pateó las rocas sueltas debajo de él y las vio dispersarse. Sus labios murmuraron palabras inaudibles. "Lo que estoy diciendo,” dijo despacio Samanta, “es que las imágenes que vi eran de algo completamente diferente… más avanzado… tal vez humano, tal vez algo más. Iba desde una presencia de tipo humano a una forma geométrica… como un rectángulo.” Samanta se detuvo un momento como si tratara de recordar algo.

Collin levantó la vista de sus mapas y escuchó con atención.

Samanta empezó de nuevo. No puedo fingir que sé quiénes o qué son, pero esta imagen para mí era tan clara como lo son ustedes y no era la imagen de una especie haragán o en guerra. Siento que son benignos, incluso serviciales. Han guardado algo aquí para que nosotros lo descubramos y tiene que ver algo con genética. Todo es parte de un plan maestro."

"Claro, que incluye que Neruda se vaya al diablo.” murmuró Andrews.

"No sé de Neruda,” explicó Samanta, “pero estoy segura de lo que te dije. Probablemente diseñaron una variedad de mecanismos de protección para asegurar que nosotros descubramos el sitio en vez de que alguien más lo haga. Aquí hay algo que quieren que tengamos."

"Entonces crees que hay algo dentro de esta montaña... un regalo de estos ETs desconocidos, con nuestro nombre en él?" Andrews no podía contenerse. Él era uno de los pocos en la ACIO que no tenían respeto por los OR y su trabajo. Para Andrews, los ORs solo eran físicos glorificados.

"Sí." Contestó en silencio Samanta.

"Collin, ¿ya recibiste algún mensaje de la base?" preguntó Emily.

"Sí, ya nos confirmaron,” miró su reloj, “sesenta y ocho minutos y contando.”

"Entonces ¿qué son ellos?" preguntó Andrews “ETs amigables que vinieron a la Tierra hace mil doscientos años, jugaron con los indios, y luego guardaron algo dentro de una montaña para nosotros.”

"Esos son sólo sentimientos, ¿verdad, Samanta?” preguntó Collin, tratando de mitigar el sarcasmo de Andrews. “En realidad no tienes nada en Reproducción, ¿o sí?"

Samanta se cambió de posición a una roca larga, y se peinó el pelo hacia atrás con ambas manos. "No. Cuando regresé a Reproducir las imágenes no estaban grabadas. Ellos desvían la sensitividad de captura de la Reproducción. Probablemente se basan en las imaginaciones proyectadas por el artefacto, y yo ni siquiera estaba en modo de OR. Pero éstas imágenes eran poderosas. Muy poderosas. No puedo exagerar eso."

"Bueno, aún estoy confundido," dijo Andrews. "Viste una imagen de una forma geométrica, creo que dijiste un rectángulo, y desde ahí sientes que hay algo enterrado dentro de esta montaña, quizás una forma de tecnología genética. ¿Así es?

"Vi varias imágenes. La otra imagen era de la Tierra flotando en el espacio, había una cuadrícula alrededor como filamentos de luz, y a determinadas secciones, pude ver un brillo pulsante…”

"¿Cuántos?” preguntó Emily.

"Tal vez tres, no, tal vez cinco. No estoy segura.”

"¿Viste dónde estaban situados?” preguntó Collin.

"La única a la que le puse atención parecía que estaba aquí… Nuevo México.” Se talló los ojos y luego los cerró completamente por unos momentos.

"Tuve una impresión aplastante de que la tecnología está almacenada en este preciso lugar,” agregó. “Esta raza la dejó aquí por una razón específica, pero no estoy segura de qué se trata…” Su voz se apagó. Todos escuchaban con tanta atención que no se habían dado cuenta de que Neruda suplicaba por café, dentro de la pared del cañón.

"¡Dios mío, lo lograste!" gritó Emily al ver a Neruda salir por la grieta hacia la luz. El ángulo del sol había alcanzado el muro y ya estaba iluminando – en toda su gloria – directamente sobre Neruda. Cegado por la luz súbita, se puso en cuclillas, tapándose los ojos.

"El calor se siente genial pero me gustaría que alguien apagara las luces.” Los ojos de Neruda se entrecerraron buscando un rostro familiar. Primero vio a Emily. “¿No se suponía que tendrías café hecho? Tengo un dolor de cabeza insoportable."

Emily se rió con un gesto de alivio, alegría y una amplia sonrisa.



Capítulo 6

EN TRANCE


Tu conciencia tiene caras para expresar luz dentro de los múltiples sistemas de existencia. Hay muchas, muchas expresiones que comprenden tu personalidad total, y cada expresión está ligada al eje de conciencia que es el núcleo de tu identidad. Es aquí donde tu voz y ojos ancestrales pueden observar, expresar y experimentar multi-dimensionalmente. Esta es tu fuente alimenticia de expansión y embellecimiento. Pon tu atención en el núcleo de tu identidad y nunca la dejes ir. Con cada porción de información que cruza tu camino, discierne cómo ésta te habilita para adaptarte a esta voz y percepción. Esta es la única disciplina que requieres. Es el remedio de la limitación.

Extracto de Activación de la Memoria, Decodificado de la Cámara Siete.
Creadores de Alas

Las piedras rojas enfatizaban el azul celeste del cielo. El sol hizo superfluas las chaquetas y los chalecos, dejando la temperatura del aire perfecta para shorts y camisetas de algodón.

La emoción de ver a Neruda y Evans salir de la pared del cañón juntó al equipo como si una red invisible los uniera. Emily abrazó a Neruda, olvidando momentáneamente su distancia profesional. Andrews y Collin estrecharon la mano a Neruda y le dieron la bienvenida de regreso “entre los vivos”, mientras Samanta solo miraba con una gran sonrisa.

Surgió una cantidad de preguntas sobre la manera en que Neruda salió libre y la naturaleza de su rescate, pero Evans y Neruda las dejaron para después, mostrando más interés en las necesidades físicas de Neruda: calentarse y alimentar su estómago vacío.

Una vez que todos se calmaron, se cruzaron de piernas alrededor de una pequeña fogata que Andrews encendió de unas ramas secas, Neruda empezó su historia. Se calentaban las manos con tazas de café.

"Todo lo que les puedo decir,” empezó, su tono se volvía introspectivo, “es que salí a un inocente paseo después de nuestra experiencia anoche con el artefacto. Solo quería acampar en la cima del cerro para ver si podía observar la estructura rocosa que Samanta nos había dicho.

"Cuando llegué a la cima y vi esta cosa," apuntó a la estructura directamente detrás de ellos, "tuve una irresistible necesidad de verla de cerca. No estaba cansado, de hecho, me sentía con fuerzas. Así que fui a pie por unos quince minutos… siempre sabiendo que estaba haciendo algo… algo tonto, y sí, sabía que estaba en contra del protocolo. Pero en mi defensa,” se dirigió a Evans, “pensé que seguía órdenes.”

Evans se levantó y le pidió a Collin su comunicador. “Ya oí esto, así que perdóname, pero tengo que actualizar a Jenkins.” Evans se alejó y empezó presionar botones en su comunicador.

"¿Ordenes de quién?" preguntó Collin.

"Por raro que suene, del artefacto. Estoy seguro de que implantó algo en mi cabeza,” contestó Neruda. “No hay otra explicación.”

Nadie, incluyendo a Evans, ni discutiría, o cuestionaría las conclusiones de Neruda. En la ACIO era bien conocida su exactitud escrupulosa sobre estas observaciones y motivaciones. Pero su comentario provocó las miradas desconcertadas miradas de Emily, Andrews y Collin. Sólo Samanta estaba de acuerdo con él.

“Y a eso que usted se refiere,” propuso Samanta dudosa, “era una motivación irresistible de encontrar su base. ¿Correcto?”

“Sí, pero me asombra que algo pudiera obligarme a hacer esto. Parece completamente inverosímil..."
Andrews se acercó a hurgar el fuego para reanimarlo. Como no había necesidad de más calor, tuvo que hacer algo con sus manos. "¿Cómo encontraste este agujero en la pared a media noche? Y lo más importante, ¿por qué te metiste tú solo? Quisiera saberlo."

"Yo sabía a donde ir," dijo Neruda. "Sabía exactamente qué hacer una vez que me acerqué a la pared del cañón. Tenía esta imagen guardada en mi cerebro, era… era como ver una imagen dividida, una dentro de tu cabeza, la otra en la realidad externa, y luego ver estas dos imágenes volverse una conforme más me acercaba.”

"Cuando vi la abertura, miré hacia adentro con mi lámpara antes de entrar. Vi en el extremo opuesto de la caverna un agujero oscuro que parecía un túnel. Parecía artificial… hecho por el hombre. Pero claro todo el tiempo pensé que era la base del artefacto.

"Subí hacia adentro," continuó, “y caminé hacia ese túnel como si mi vida dependiera de eso.”

"¿No tenías miedo?” preguntó Emily.

"No. Estaba completamente calmado. Tenía codificada una misión adentro de mi cabeza y todo lo demás se desvaneció.”

"¿Entonces seguiste el túnel y caíste dentro de la cámara?” dijo Collin.

"¿Recuerdan el glifo en el muro del túnel?” preguntó Neruda.

"Sí," dijeron Collin y Emily.

"En el momento en que lo vi, lo confirmé. El glifo era claramente del mismo linaje, aunque tenía un diseño diferente. Emocionado, seguí mi camino. Unos pasos después resbalé con algo y caí… debe haber sido casi siete metros, a un suelo de piedra… en la misma cámara en que me descubrieron esta mañana.”

"Bueno, dinos cómo diablos saliste," preguntó Collin.

"Me di cuenta de cómo escalar el muro lo suficiente para agarrar la cuerda. Evans me jaló hacia la cima y juntos agrandamos el agujero de ventilación lo suficiente para que yo pudiera arrastrarme a través…”

"Pero era roca sólida, ¿cómo agrandaste el agujero… o sea, qué herramientas tenías?" preguntó Emily.

"Evans tenía un cuchillo lo suficientemente largo para filetear una ballena. No era tan difícil agrandar el agujero. La roca es arenisca, la pared no era muy gruesa, se rompe muy fácilmente,” contestó.

Evans regresó al grupo y se sentó en una larga roca frente a Neruda. Tenía su comunicador afuera y estaba revisando la pequeña pantalla y moviendo uno de los botones. Su rostro parecía inexpresivo.

Andrews se veía confundido. "Soy el único tonto que no entiende qué demonios está pasando."

"Ninguno de nosotros lo sabe," dijo Samanta como si estuviera en un cuarto con lobos durmiendo. “Pero podemos estar seguros de una cosa. Los creadores de este artefacto nos han traído a este lugar, y si no nos quisieran, no estaríamos aquí. "

"Puede que tengas razón, pero en realidad aún no hemos descubierto nada. Tenemos una cámara vacía y un glifo en una pared del túnel. Parece un desperdicio si esta es la extensión de su base.", dijo Evans.

"Bueno, bueno, estoy más ignorante que todos ustedes," dijo Andrews frunciendo el ceño. "Pero ¿alguien podría decirme cuál es nuestra hipótesis? O sea, tenemos una, ¿verdad? Una hipótesis.
Evans guardó silencio.

Neruda volteó a mirar las caras de su equipo. Sabía que en ese momento querían establecer un liderazgo, y que esperaban que él lo aprobara. “El artefacto nos guió a este sitio por una razón específica que aún no hemos determinado. Pero tiene algo que ver con lo que está detrás de la pared de este cañón y mientras más pronto empecemos a buscar, más pronto descubriremos por qué estamos aquí. "

"Pero el lugar es a prueba de tontos," exclamó Andrews. "¿Cómo se supone que encontraremos algo si estamos atrapados en cámaras?"

Neruda miró su reloj, ignorando la pregunta de Andrews. “Tenemos exactamente siete horas y treinta minutos antes de reunirnos con los helicópteros."

Neruda se levantó con dificultad, ladeándose ligeramente mientras la sangre llenaba su cuerpo como piedras en un palo de lluvia. Emily lo ayudó momentáneamente mientras él se estabilizaba.

"No dormiste mucho anoche, ¿verdad?" preguntó ella.

"Sabes, el problema con un suelo frío de piedra es que hace muy larga la noche." Sonrió con cansancio. "Pero mi cuerpo tiene malestar con el café, era regular, ¿verdad?"

"Lo siento, sólo traje descafeinado"

"Maldición."

"Tenemos aspirinas en el botiquín de primeros auxilios. ¿Quieres que te traiga algunas?" preguntó Emily.

"Gracias... que sean tres." Neruda se dirigió a Andrews que empacaba su mochila. “La manera de evitar ser atrapados es trayendo con nosotros al artefacto. Él nos mostrará qué hacer."

"Oh, gran jefe," dijo Andrews sin levantar la mirada, "mis brazos ya se arrastran en el suelo de cargar al pequeño monstruo toda la mañana, así que si lo traemos también, encuentren a otro. Por favor."

Neruda sólo se rió. Se le hacía graciosa la imagen de Andrews cargando el artefacto en el desierto recubierto de rocas, maldiciendo a todo lo que se atravesaba en su camino.

"Tal vez, también te puso algo en la cabeza.” Comentó Neruda. “Digo, si cargas con eso toda la mañana, apostaría que tu cabeza está programada con Dios sabe qué.” Se rió de nuevo y agarró el recipiente.

"Yo lo llevaré, Jamisson," ofreció Evans. “No dormiste nada, y esa herida en tu cadera tampoco se debe sentir muy bien."

"¿Estás herido?” preguntó instantáneamente Emily. “Pensé que habías dicho que estabas bien después de la caída."

"Estoy bien," contestó Neruda. “Evans solo es amable.”

"Entonces andando," dijo firmemente Evans.

Todos se pusieron sus mochilas y caminaron silenciosamente hacia la delgada abertura de oscuridad salida de la pared del cañón. Se dirigieron a la entrada y se detuvieron cerca de ella. Se juntaron alrededor de Evans.

"Escuchen." Evans puso la caja en el suelo y metió sus lentes de sol en bolsillo de su camisa. “Manténganse cerca y sigan las huellas que dejamos atrás. Descansaremos cada cinco minutos. No toquen nada. Si ven algo que parezca sospechoso, griten, de lo contrario, mantengan la calma. No sabemos en qué nos estamos metiendo, así que vayamos con cuidado."

"¿Y qué esperamos lograr en seis horas?" preguntó Andrews.

"Mantenernos vivos." contestó Evans y se quitó la mochila y la echó dentro de la abertura como si estuviera alimentando una enorme y hambrienta boca.
Andrews se rió con nerviosismo.

* * *

"Maldito imbécil," profirió McGavin, colgando de golpe el teléfono. Sus palabras hicieron eco en la cabina de metal y madera por un breve segundo. El Gulfstream V tenía un ambiente bullicioso incluso a 10500 metros, a 1000 k/m.

"Por lo que veo, no le fue bien” observó Donavin McAlester, sentado en la mesa frente a McGavin. Era el nuevo agente sombra de McGavin, asignado para la ACIO. Donavin se especializaba en espionaje y técnicas de seguridad, que había aprendido con los años como agente de campo en Rusia. Recientemente, su trabajo había sido monitorear directamente las iniciativas de la NSA y contener la Mafia rusa. En esta calidad, él había trabajado con prácticamente todas las ramas del gobierno incluyendo la CIA, INS, Departamento de Justicia, y el FBI.

"Tal vez le bese el trasero si le da un tirón a su presupuesto, señor”, dijo Donavin.

"No eres tímido, ¿verdad?” McGavin todavía humeaba de cólera por su reciente conversación telefónica. Las venas en su sien derecha parecían el Río Mississippi en un mapa de satélite. “¡Ese imbécil hasta ahora llamó a Shorter, tres horas tarde! Y no fue Jenkins el que llamó, no, fue un subordinado dos niveles por debajo de Jenkins, un Henry no sé qué. ¡Maldición!"

McGavin se paró y golpeó el botón de intercomunicación. "¿Cuál es tu hora estimada de arribo?”

"Hora local 19:35, señor, u otras dos horas con quince minutos,” dijo la voz.
McGavin apagó el intercomunicador, y caminó por la barra para tomar un whisky con agua. Más whisky.

"¿Qué sabes de la ACIO?"

"Solo lo que leí en las instrucciones que me envió la semana pasada," dijo Donavin. “He estado en inteligencia por veintinueve años. A mis oídos no llegó ni siquiera un rumor sobre una organización así.” Donavin se sentó en su silla y sacó una cajetilla de cigarros. “¿Le molesta si fumo?”

"No, si no te molesta que yo tome."

Ambos compartieron sonrisas y la tensión en el cuarto disminuyó como humo en un fuerte viento.
Donavin tenía pelo muy corto, cabello castaño claro. Era alto, pero su cuerpo tenía unos diez kilos de más, principalmente en su abdomen. Usaba lentes que lo hacían parecer estudioso a pesar de su cuerpo alto y atlético.

"Tengo que nivelarme con usted, señor,” dijo Donavin, “no sé mucho de los extraterrestres… ni las pomposas tecnologías que deben engendrar. Mi experiencia es en estrategia, planeación de infiltración en el enemigo. Y eso es todo, pero pensé… "

"Entonces cuando leíste las instrucciones,” lo interrumpió McGavin con rudeza, “¿pensaste que yo me interesaba en tu experiencia en ETs, tecnología o infiltración?"

"En lo último, señor."

"Bien, me alegra que hayamos establecido eso.” McGavin se sentó con su bebida, moviendo los hielos con un agitador de plástico. Había oído buenas cosas acerca de Donavin, y no quería que eso pareciera como una entrevista de trabajo. Lo contrataría dependiendo de si quisiera o no la tarea.

"Lo que queremos,” afirmó McGavin, “es instalarte como nuestro agente sombra en el Proyecto de la Flecha Antigua.”

"¿Señor?"

"Apenas me enteré del nombre del proyecto oficial de la ACIO esta mañana. Por eso no estaba en tu reporte de información. Está relacionado con las actividades renegadas relacionadas con este artefacto encontrado recientemente en Nuevo México.”

McGavin sacó un fólder de su maletín en la mesa de madera de cerezo pulida. “Saca una copia”. Apuntó una a la máquina fax/copiadora en la esquina. “Esto te dará todo lo que la ACIO quiere que sepamos. Estoy seguro de que está adulterado, pero al menos sabrás más de lo que sabes ahora.”
Tomó un largo trago mientras Donavin se levantó de la mesa y empezó a sacar copias.

"Este sujeto Quince," preguntó Donavin de espaldas a McGavin, "¿tiene algún verdadero poder afuera de la NSA?"

McGavin sonrió por la inocente pregunta. "Su poder está completamente fuera de la NSA.”
Donavin giró la cabeza con una mirada de sorpresa. “¿Cómo es posible?"

"En realidad no sabes nada de la ACIO, ¿verdad?"

"He tenido la cabeza metida en la Mafia rusa por veintitantos años, señor."

"Quince era una escoria expulsada de la escuela, de hecho, lo expulsaron de la universidad por manchar la reputación de sus profesores. Es un completo anti-autoritario, pero es tan inteligente que nadie lo puede controlar."

“Si es tan inteligente, ¿por qué lo expulsaron de la universidad?”

"Como dije, hizo una campaña de calumnias. Escribió un artículo para el periódico de la Universidad, creo que era Princeton, donde definía, con precisión crítica, las debilidades del cuerpo docente. Era un artículo muy respetado por el cuerpo estudiantil, la mayoría no le entendió, pero enfureció a la facultad. Lo expulsaron dos semanas después de que se calmaron las cosas lo suficiente para mantener su salida relativamente desapercibida."

Donavin continuó metiendo documentos en la copiadora, echando humo con el cigarro que sostenía fuertemente con sus labios. "Entonces ¿cómo terminó un maldito nerd como director ejecutivo de la ACIO?"

"No lo sé," contestó McGavin, demostrando sus límites de conocimiento. “Nadie lo sabe con certeza, más que el director retirado de la NSA y él no es el tipo de hombre que revela esas cosas. Todo lo que sé es que Laboratorios Bell lo contrató cuando lo expulsaron de la escuela por su trabajo en heurística y modelaje de computación. En ese momento tenía solo dieciocho y hacía solo meses atrás que había obtenido un doctorado en física cuántica y matemáticas.”

“En Laboratorios Bell trabajó en uno de sus grupos de ingeniería que desarrollaba tecnologías de caja negra para el gobierno. Y así, mientras estuvo ahí, desarrolló el sistema rastreador para sistemas de reconocimiento satelital para escuchar indiscretamente en lugares precisos y enfocados. El último cliente fue la NSA. Así fue como supimos de él. Eso fue a finales de los '50s”.

“Usted está bromeando.”

“No.” McGavin regresó a la mesa el vaso de whisky. Los cubos de hielo se sacudieron en el vaso vacío cuando lo regresó a la mesa. “Mira, este hombre es increíblemente brillante, pero también es un [¿único?]. Se logró abrir paso hacia el control de la ACIO y crea tecnologías que vende a la industria privada y gobiernos del mundo... a nuestras espaldas.”

“Pero ¿cómo pudo lograr eso? No tiene sentido; tenemos la mejor red de inteligencia en el mundo.”

“Hay elementos de un gobierno mundial, y no me refiero a las Naciones Unidas, que son más sigilosos que cualquier gobierno de estado incluyendo a Corea del Norte. Y nuestra red de inteligencia se ha diseñado para vigilar estos elementos.”

“¿Entonces se refiere a la Mafia?”

“No, no, no.” McGavin movió la cabeza unos segundos y luego se levantó para rellenar su vaso. “La Mafia es sigilosa y organizada pero está dirigida relativamente por tontos.” Se sirvió whisky puro, sin hielo ni agua. Ya no tenía sensibilidad para percibir el sabor. “No, me refiero a plutócratas de elite que manejan los mercados financieros del mundo. Ellos son con los que trabaja Quince y son los que tienen el poder. No son los políticos, la Mafia ni el maldito ejército. Esos esencialmente son títeres de esta red...”

“Y ¿cómo se llaman... este grupo de elitistas?” preguntó Donavin.

“No tienen un nombre oficial. Algunos les llaman los Iluminados, o el Grupo Bildeberg, pero estos solo son seudónimos. Nosotros nos referimos a ellos como los Incunables. En realidad no sabemos cómo están organizados ni su modo de operación... pero creemos que obtienen una buena cantidad de su tecnología de la ACIO... específicamente sus tecnologías de encriptación y seguridad. Quince está confabulado con ellos, de eso estoy seguro.”

“¿Y quiere que me infiltre a la ACIO para descubrir esta conexión con el Incu... Incunables... como sea?”

“Incunables,” corrigió McGavin.

Cuando terminó de copiar el archivo, Donavin regresó a su silla para prender otro cigarro. Devolvió el archivo original a McGavin agradeciendo con una breve sonrisa.

“Es una maldita lástima” suspiró McGavin.

“¿Qué, señor?”

“Es una lástima que no te puedas infiltrar en ellos. Pero créeme, tu experiencia con la Mafia Rusa no te calificó para este trabajo. La ACIO es invulnerable. Hemos intentado y fracasado tantas veces que ya me cansé de esa estrategia. Lo que quiero es que hagas cambiar de dirección a su encargado de máxima seguridad, un tipo llamado James Evans. Necesitamos un desertor para confirmar nuestras sospechas. Con la información que este tipo nos pudiera dar, yo podría hacer caer a Quince y su pequeño feudo.”

“¿Cuáles son los puntos débiles de este tipo Evans?” preguntó Donavin, con voz fría y calculadora.

“Primero que nada, es un ex Navy Seal.”

“Entonces eso es. Por eso usted me quiere.”

“Solo en parte, estimado chico. También es mitad irlandés.” McGavin guiñó los ojos y usó su acento irlandés como un niño usando por primera vez los zapatos de su papá.

“¿Alguna señal de que cooperará o está motivado a convertirse?”

“Hace unos seis meses,” contestó McGavin, “grabamos una conversación entre Evans y su subordinado, Jenkins... qué imbécil.” Se detuvo lo suficiente para terminar su segunda bebida. “Evans dijo unas cosas que nos llevó a pensar que se podría convencer de voltearse si consigue protección...”

“¿Qué tipo de protección, señor?”

“No sabemos todos los detalles, pero mientras más alto llegues dentro de la ACIO, ellos pondrán más importancia a tu lealtad. Ellos usan implantes para retener la obediencia. No estamos seguros de qué tipo. Pero la verdadera barrera para la deserción es su tecnología de Visión Remota. Nadie desertará porque han convencido a sus empleados de que los encontrarán a través de la tecnología de OR.”

“Ya no entendí. Tecnología OR, ¿qué diablos es eso?”

“Te lo diré de una manera fácil,” McGavin regresó a la barra, su voz se desarticulaba un poco más. “Ellos tienen físicos entrenados que pueden mirar dentro de una bola de cristal y verte, como la bruja mala del Mago de Oz.”

“¿Y también ven elefantes rosas?” rió Donavin. “Mientras más me cuenta de este grupo, más pienso que me metí a la Dimensión Desconocida.”

“¿Estás seguro de que aún no estás listo para unirte a mí?” McGavin sostuvo su vaso para que lo viera Donavin, meneándolo seductoramente en el aire. “Aquí arriba, sabe mucho mejor.” Sonrió, esperando conformidad.

“Claro, qué diablos, si no le molesta, señor.”

“Para nada. Apreciaría la compañía.”

McGavin se ocupó en hacer bebidas. Tenía 47 años pero aparentaba más. Estaba casi completamente calvo. Tenía un bigote que parecía su única esperanza de pelo, como la última hoja de un roble en noviembre. Años atrás, un trabajo de escritorio le había dado un físico redondeado.

“Podría contarte historias sobre tecnología de OR que te pondrían los pelos de punta,” dijo McGavin. “Pero no lo haré. La razón es que hemos averiguado cómo bloquearla. Está en operación en este momento en este avión. Podemos instalar esta tecnología en un cuarto de cualquier tamaño, incluso en un auditorio. Creemos que Evans puede voltearse si lo convences de que se le puede cuidar económicamente, protegido por nuestra tecnología anti OR y con una identidad completamente nueva en el país de su elección.”

Le dio la bebida a Donavin, sus vasos chocaron en un brindis sobreentendido. “Confía en mí, te gustará esta asignación.” sonrió McGavin, sus ojos se dirigieron al monitor que mostraba un mensaje.

“Espera...” dijo, y se acercó al monitor con la bebida en mano. Hizo click con el mouse y abrió un archivo de e-mail. “¡Maldición!”

“¿Podrías esperarme afuera unos minutos? necesito hablar por teléfono.”

Donavin se puso de pie e instintivamente se encorvó para evitar golpear algo en la cabina, aunque había otros sesenta centímetros de distancia.

“¿No olvidas algo?” McGavin miraba el whisky de Donavin y el archivo del proyecto de la Flecha Antigua que estaba en la mesa.

“Sí, gracias por recordarme, señor,” recogió su vaso. “Tiene razón, me gustará esta asignación.”

“Bien, me alegra que estés de acuerdo. Hablaremos más en unos minutos.”
Donavin cerró la puerta. Meneó el whisky en el fondo del vaso y sonrió. Luego inclinó hacia atrás la cabeza procurando beber hasta la última gota.

* * * *

El olor a tiza húmeda mezclada con cobre se extendía por la caverna conforme se introducían, uno tras otro. Evans caminó cautelosamente hacia el túnel. El recipiente de aluminio parecía equipaje y Evans parecía un turista buscando un aeropuerto.

“¿Querías sacar ahora el artefacto?” preguntó Samanta a Neruda en silencio. Evans ya se dirigía hacia el túnel.

“Podríamos,” contestó. Luego se volteó hacia la espalda de Evans. “Oye, tal vez deberíamos sacar el artefacto en la caverna y ver lo que sucede. Tal vez el túnel no es la aproximación correcta.”

Evans se detuvo y se volteó a mirarlos. “¿Hay otra salida de aquí?”

“No sé, quizás.” dijo Neruda. “Creo que deberíamos revisarlo. Quién sabe qué pueda hacer esta cosa una vez que esté dentro del sitio.”

Evans regresó de mala gana.

Neruda abrió los seguros y abrió la caja. Todos los rayos de luz convergían en la superficie metálica del artefacto. Se veía completamente extraterrestre, sin embargo en casa, dentro de la caverna, era similar a una criatura luminiscente en las oscuras profundidades del océano.

El artefacto era silencioso como la caverna.

Samanta se inclinó con la luz y sus ojos clavados en el objeto. Tocó el objeto con indecisión. Con apenas un murmuro, algo se activó dentro del objeto, empezó a vibrar. Sus orillas se volvieron borrosas. El artefacto ya no tenía forma cilíndrica. Se convertía en un objeto esférico y transparente y su masa parecía fundirse en una luz vaporosa. Como una aparición fantasmal, se elevó del recipiente. La cámara se empezó a llenar de un calor intenso y de repente, una luz verde pálida salió del objeto suspendido a dos metros del recipiente de aluminio que había sido su hogar sustituto.

Paralizados, todos observaron el cuadro espectacular semejante a como los primeros cavernícolas debieron haber visto las primeras llamas del fuego doméstico.

Neruda fue el primero en hablar. “Es increíble... solo puede significar una cosa... está activando algo.”

“O comunicando algo,” ofreció Samanta.

Andrews retrocedió unos pasos. “¿Es seguro? Solo eso quiero saber. Porque me está dando el susto de mi vida.”

“Cálmate,” dijo Neruda, “y observa.”

El calor se volvió más intenso, así como la luz. La caverna estaba completamente envuelta en presencia del objeto, sonido, luz, incluso olores. Estaba ocurriendo un cambio molecular dentro de la caverna, debido al artefacto y cargó el aire con un intenso campo de energía electromagnética. La intensidad aumentó hasta que Evans no pudo resistir la necesidad de retroceder hacia una distancia segura.

Entonces el objeto estalló en un calidoscopio de luces de colores giratorias que bañaban los muros de la caverna y todo dentro de ella.

“¡Va a explotar!” gritó Emily. “¿No sienten la tensión?”

Neruda pudo ver el miedo en sus ojos cuando la volteó a ver.

“¿Cuál es tu hipótesis ahora?” preguntó Andrews.

“Tal vez debamos salir,” gritó Evans. “Podría ser otra trampa.”

“No, está bien.” contestó Neruda. “Todos cálmense. Solo busca señales de dirección, está tratando de decirnos a dónde ir... estoy seguro de eso.”

“Maldición, tal vez nos dice que nos vayamos al diablo y que lo dejemos solo,” opinó Andrews.

El campo de energía continuó creciendo, vertiendo electricidad estática que había puesto los cabellos de punta como si hubiera desaparecido la gravedad. Una delgada capa de polvo se había elevado del suelo de la caverna. Todo en la caverna se sentía unificado por la luz y el sonido.

Samanta se paró frente al objeto, con sus brazos levantados como si estuviera ciega y buscando obstáculos en su camino. Neruda la tomó de la manga. “¿Qué estás haciendo?”

Ella veía el objeto con la mirada perdida.

“¿Qué estás haciendo?” preguntó otra vez. Samanta le regresó una mirada perdida y forcejeó para continuar su avance hacia el objeto.

Neruda dudó por un instante, inseguro de dejarla ir. Obviamente ella estaba hipnotizada o controlada por el objeto.

“¡Samanta!” gritó Neruda, con sus manos sujetándola firmemente de los brazos y bloqueándole el paso hacia el objeto, “dime lo que tratas de hacer.”

Samanta volteó a mirarlo, consciente de su presencia y de que la sostenía. “Necesito apagarlo.”

Su respuesta fue muy débil como para que Neruda entendiera.

“¿Qué?”

Ella forcejeó con él. Neruda le gritó a Evans para que lo ayudara, pero Samanta cayó al piso, inconsciente, antes de que Evans pudiera responder.

“¿Alguien escuchó lo que dijo?” gritó Neruda sobre el sonido del objeto.

Todos movieron la cabeza, no.

“Salgamos de aquí,” dijo Neruda. Se arrodilló y empezó a poner las manos debajo de su cuerpo para levantarla. De pronto el torbellino cesó y la oscuridad y el silencio regresaron con casi una misteriosa bienvenida.

Neruda se incorporó y se volteó a ver al objeto. Sus ojos no podían adaptar lo suficientemente rápido para ver si el artefacto aún estaba ahí. Había oscuridad total mezclada con el eco, luces centellando en su mente. No podía ver ninguna forma distintiva, ni a sus colegas.

“¿Alguien ve algo?” preguntó Evans con voz de alarma.

“Ni siquiera puedo ver mis propias manos en este momento”, lamentó Emily. “¿Qué le pasó a nuestras lámparas?” La caverna se llenó del sonido de los switches prendiendo y apagando, al ellos tratar de reactivar sus lámparas. Nada funcionó. Gradualmente, la entrada en la caverna se hizo visible para Neruda y sus ojos empezaron a ajustarse a la débil luz.

Neruda cerró los ojos esperando capturar alguna distorsión de luz remanente de su mente.

“El maldito campo electromagnético debe haber neutralizado las baterías” dijo Andrews.
“¿Cómo está Samanta?” preguntó Evans.

Neruda se arrodilló, esperando orientar sus manos para tomarle el pulso. Buscó a tientas su cuerpo y encontró su cabeza. Puso su dedo índice en su cuello y suspiró con alivio cuando sintió su pulso, errático, pero claro.

“Está desmayada, es todo,” dijo. “Movámosla hacia la entrada, donde hay más luz. Debe haberse lastimado en la caída.”

Evans pronto encontró a Neruda y juntos la cargaron hacia la estrecha abertura en la pared del cañón, acomodándola debajo de la ruptura de luz.

“¿Alguien puede ver el artefacto?” dijo Neruda.

“Está suspendido en su lugar,” dijo Emily. “Puedo verlo, pero no está muy claro. Sería mejor si pudiéramos encender las lámparas.”

Andrews se acercó al objeto. Levantó su cabeza en una extraña posición sumisa, como si el ángulo de 45 grados le diera una mejor perspectiva. “Apenas es visible... esta cosa se convirtió en un... maldición, no lo sé. Es diferente. Tal vez medio metro de diámetro, redondo... como un balón de basketball grande. Es translúcido. Tal vez veinte lúmenes. No sé qué le sucedió al pequeño monstruo que llegué a amar, pero se transformó en algo completamente diferente. Tal vez está pasando por el equivalente a la pubertad.”

“No lo toques,” ordenó Evans. “No sabemos qué pueda hacer la cosa si la tocamos de nuevo.”

Neruda abrió el equipo de primeros auxilios que estaba en la mochila de Evans y sacó un poco de carbonato de amonio. Cuando lo pasó bajo las fosas nasales de Samanta, ella tosió y balbuceó como maquinaria vieja de granja a inicios de primavera.

“¿Qué pasó?” preguntó ella.

“Cálmate,” contestó Neruda. “Iremos ahí en un momento. Toma aliento y relájate tanto como puedas. Todos están bien, incluyéndote a ti.” Le dio una gran sonrisa, aunque sabía que ella no podía verlo.

Samanta parpadeó y con su mano derecha se agarraba la frente. “Dios, me duele la cabeza.”

Neruda abrió el frasco de aspirinas y le dio dos y una botella de agua. “Aparte de
eso, ¿cómo te sientes?”

“Bien,” dijo en silencio. Tomó las dos aspirinas y las tragó fuertemente. “¿Soy yo o hace calor aquí adentro?”

“Hace calor,” dijo Neruda. “Todos lo sentimos.” Emily, Collin y Andrews se habían
reunido en la abertura como polillas amontonándose en la luz.

“Entonces ¿qué pasó?” preguntó Samanta, apoyándose contra el muro debajo de la abertura.

“¿Recuerdas algo después de que tocaste el artefacto?” preguntó Neruda.

“¿Toqué el artefacto?” preguntó lentamente articulando cada palabra.

“¿Recuerdas algo?”

“Supongo que no.”

Ella cerró los ojos e hizo un inventario de sus pensamientos; aún estaba aturdida
por el incidente, sabía que algo les había pasado, pero todo era vago en su mente.

Se preguntaba si la amnesia se sentía así.

De repente un rayo de luz verde salió del artefacto, como si estuviera escudriñando la caverna. El rayo no tenía más de una pulgada de diámetro y la luz era suave y difusa, a diferencia de un láser, pero igualmente preciso.

Examinó los muros de la caverna con un movimiento circular, como si estuviera buscando algo.

“Quédense quietos”, ordenó Evans. “¿Ven el patrón de escudriñamiento?”

“Eso creo.” Contestó Neruda como si él y Evans fueran los únicos en la habitación.

“Tengamos cuidado. No quiero que esta luz nos toque.”

“Estoy de acuerdo,” dijo Evans.

El rayo de luz verde siguió silenciosamente su camino por la pared de la caverna,
encendiendo partículas de polvo que flotaban en el aire como si fueran obstáculos
impertinentes hacia su objetivo.

“Empiezo a creer que la única forma de evitar el contacto con esta luz es irnos,” dijo Evans. Samanta se puso de pie de forma insegura. “Creo que quiere encontrarnos.”

“¿Por qué?” preguntó Neruda.

Evans se levantó y se puso frente a Samanta como guardaespaldas. “Cálmate. No sabemos lo que quiera. Por ahora evitemos el rayo.”

Con precisión alienígena el rayo continuó examinando el cuarto sin interrupción. De pronto, empezó un segundo rayo como si al artefacto se le hubiera acabado la paciencia. Juntos los dos rayos cortaron la oscuridad de la caverna con un patrón de rendija semejante las líneas del globo terráqueo.

“Esto se complicó,” dijo Andrews.

“Si vamos a irnos... ” empezó a decir Emily.

“¡Ya! ¡Salgamos ahora!” Evans ya estaba reuniendo a todos en la abertura del muro, agitaba sus brazos como un molino.

“Diablos, los rayos aumentan su velocidad. No hay forma de evitar esta cosa.” dijo Collin.
Neruda se volteó a ver el artefacto con un aura de luz verde fantasmal. “Estoy de acuerdo con Collin. Veamos qué quiere enseñarnos. Evans, tal vez tú, Emily y Andrews deben irse en caso de que esto sea una trampa. El resto de nosotros se quedará.”

Mientras discutían opiniones, nadie se percató de que Samanta caminaba hacia el objeto, la fuente de los rayos verdes. Los rayos la encontraron al dar el tercer paso. Instantáneamente se detuvieron.

“Encontraron a Samanta,” dijo Andrews. “¿Ahora qué?”

Todos voltearon a ver y sostuvieron la respiración; Samanta estaba paralizada y los dos rayos de luz examinaban su cuerpo de arriba abajo.

“¿Cómo hace eso?” se sorprendió Andrews.

“¿Qué?”

“¿Cómo los rayos pasan a través de ella?” contestó Andrews, con voz desconcertada completamente.

Neruda estaba igualmente asombrado. El rayo traspasaba a Samanta como si ella fuera transparente. Los rayos no eran muy distintos después de atravesarla, pero eran claramente visibles.

“¿Todos lo ven?” preguntó Neruda, sin creer lo que veían sus ojos.

Todos respondieron afirmativamente en silencio, aunque no querían desviar su atención de la cosa.

“¿Qué debemos hacer por ella?” susurró Evans.

“Esperar.” le contestó Neruda.

Los rayos de luz convergieron en la frente de Samanta. Había un extraño sentido de gentileza en el proceso.

Los rayos desaparecieron de pronto tan abrupta y silenciosamente como habían llegado y el artefacto cayó al suelo con un estrépito metálico. Samanta se quedó inmóvil por varios segundos y luego se volteó al grupo detrás de ella. “Ya no tendremos más problemas. Han desactivado todos los dispositivos de seguridad.”

Neruda se acercó a Samanta. “¿Quieres decir que te comunicaste con ellos?”

“Creo que sí,” contestó ella. “Querían asegurarme que no nos perciben como intrusos. Sea lo que estén guardando, es para que nosotros lo encontremos.”

“¿Entonces te perciben como nuestro líder?” preguntó Evans, casi gritando.

“No, no lo creo,” contestó con calma. “Solo me escogieron porque su tecnología está entonada con mi mente. Pudo haber sido Neruda. Cualquiera de nosotros puede comunicarse con el artefacto.”

“Entonces ¿qué demonios estuvo haciendo el artefacto en estos minutos?” demandó Evans.

“Estaba evaluando nuestras intenciones, orientándose y desactivando los dispositivos de seguridad que se diseñaron dentro de esta estructura cuando ellos la crearon.”

“Cuando dices ‘ellos’, ¿a quiénes te refieres exactamente?” preguntó Neruda.

“A los creadores de este lugar,” ella dio vueltas lentamente con sus brazos levantados y su cabeza hacia atrás. Se veía raramente calmada y despreocupada.

“Pero esta es una cueva... ”

“No, es algo asombroso que dejó esta cultura,” dijo Samanta con súbita intensidad.

“¿Qué cultura? ¿Tienes algún nombre?” preguntó Emily.

Samanta se volteó en silencio; su cara no tenía rasgos debido a la débil luz en la caverna. “Creadores de Alas,” contestó tan débilmente que nadie la oyó.

“Por alguna razón, se sienten viejos amigos nuestros. Como... como si tuviéramos
que conocerlos tan bien como ellos nos conocen.”

“¿Qué te hace pensar que nos conocen?” preguntó Neruda.

“Es solo un sentimiento, pero es un sentimiento fuerte.”

“Entonces ¿podemos entrar al túnel sin preocuparnos por trampas?” preguntó

Evans, cambiando de tema.

“Sí.”

“¿Estás bien segura de que no nos pasará nada?” probó una vez más.

“Absolutamente,” respondió de forma segura.

“Vamos,” dijo Evans.

El rayo de luz cruzó por el suelo de la caverna y se dirigió hacia la oscuridad del túnel en el extremo opuesto. Le hizo recordar a Neruda cuando era niño y solía apuntar la lámpara de su padre hacia la oscuridad del cielo boliviano. Eso de alguna manera le hacía molestarse porque el rayo de luz no podía sobreponerse a la oscuridad.



Capítulo 7

CTE (capsula de tiempo extraterrestre)


Ahí están, debajo de la superficie de tu existencia en particular, energías que te conectan a todas las formas de existencia. Eres una vasta colección de estas energías, pero no pueden fluir por tu instrumento humano como una energía orquestada hasta que las partículas de tu existencia estén alineadas y fluyendo en dirección de la unidad y totalidad.

Extracto de La Alineación de la Partícula, Decodificado de la Cámara 10.
Creadores de Alas

“Puedes regresar,” dijo McGavin detrás de la puerta de la cabina.

El Gulfstream V modificado era hecho exclusivamente para los directores superiores de la NSA. Estaba inmaculadamente diseñado con todas las comodidades conocidas. Hasta el revestimiento de madera fue cortado de un solo árbol de cerezo para asegurar una consistencia firme en el color y patrón por todo el interior de la cabina.

Aparte de la vista en las pequeñas ventanas ovaladas, uno ni siquiera se percataba de estar en un avión. Podría haber sido la oficina de cualquier ejecutivo – suponiendo que les gustara beber.

Donavin se sentó en la misma silla que ya había ocupado veinte minutos antes. McGavin se veía solemne, pensó. Lo que hubiera estado discutiendo por teléfono no debe haber sido a su manera.

“Estaba a punto de refrescar mi bebida. ¿Quieres otra?”

“Me encantaría, señor.”

Donavin encendió otro cigarro. “¿Puedo hacerle una pregunta?”

“Lo que quieras.”

“Quiere que Evans piense que la tecnología de OR de la ACIO no puede afectarlo, ¿correcto?”

“Sí.”

“¿Cómo demostrará que el Laboratorio de Proyectos Especiales de la NSA tiene la tecnología para protegerlo contra las pruebas de OR?”

McGavin detuvo el pica hielos por un momento, tiró las tenazas para hielo y pasó sus manos por su calvicie. Había un espejo arriba de la barra y miró a Donavin como un taxista que le habla a su pasajero por el espejo retrovisor. “Solo hay una forma. Tendrás que enseñarle la tecnología en nuestras oficinas.”

“¿Y cómo haré eso?”

“Invítalo. Diablos, los dos son ex–Navy Seal, te creerá.”

“¿Qué le pasó?”

“¿A qué te refieres?”

“¿Ex–Navy?”

“Oh,” dijo McGavin, “fue despedido honorablemente.”

“Sí, yo también,” contestó Donavin. “Pero no fue tan honorable como lo recuerdo.”

“Exactamente por eso se llevarán muy bien ustedes dos,” Sonrió McGavin y volvió a su pica hielos.

Donavin le dio una larga bocanada a su cigarro. Se sentía muy relajado, incluso un poco cansado. Tal vez el whisky trabajaba mejor de lo que pensaba. La altura tenía sus ventajas, se recordó a sí mismo. “A lo que no le encuentro sentido es ¿por qué la ACIO, cualquier persona de la ACIO, me creería cualquier cosa? Soy un gran don nadie. Un externo.”

“No me importa si alguien de la ACIO confía en ti, aparte de Evans. Él es el único
que importa. Además, los otros elementos de tu misión no dependen de la confianza.” “Créeme,” dijo McGavin poniendo con cuidado dos bebidas en la mesa, “ellos no confían en nadie de la NSA.”

“Entonces ¿cómo se supone que me voy a infiltrar sin su confianza?”

“No te ganarás su confianza. Tendrás que ser tortuoso.” McGavin se sentó con una sonrisa reservada y deslizó una de las bebidas por la mesa hacia Donavin. “Hemos enviado antes a dos agentes a la ACIO con misiones similares. Ambos regresaron con nada. Creemos que borraron sus recuerdos. Si descubrieron algo, nunca tuvieron la oportunidad de compartirlo con nosotros.”

“Me gustaría revisar sus archivos, si pudiera” dijo Donavin. “Tal vez pueda aprender algo de sus errores.”

“Lo dudo, pero haré que Francis te los proporcione. Por cierto, empiezas el próximo lunes. Espero informes semanalmente. ¿Estamos de acuerdo con los protocolos de comunicación?”

“Sí.”

“Llevas a Evans a nuestras oficinas en Virginia. Observas el Proyecto de la Flecha Antigua como un halcón. Y averiguas todo lo que puedas acerca de las tecnologías que nos ocultan. Y luego puedes retirarte cómodamente. ¿Entiendes?”

“Entiendo. Sólo una cosa más, señor. ¿A qué se refiere con “tortuoso”?

“¿Qué crees que significa?”

“Ignorar el manual de reglas,” contestó Donavin. “No preocuparse por los protocolos estándar. Usar los medios que sean necesarios para cumplir mi misión. Ese tipo de cosas.”

“Solo pondré una restricción en tus actividades,” dijo McGavin. “No mates a nadie afiliado a la ACIO a menos de que sea en defensa propia. ¿Entendido?”

“Entendido, señor. Pero si Quince es tanto problema para el SPL, ¿por qué no sacarlo del camino? Hay mil maneras de que tenga un accidente.”

McGavin tomó su último trago y puso el vaso de golpe en la mesa. Miró a Donavin alarmado.

“Los otros dos agentes pensaron lo mismo. Tendríamos que sacar también a sus veintitantos principales subordinados. Es muy difícil hacerlo parecer como un suicidio masivo,” dijo riendo, “además, el último enemigo que te gustaría tener son los Incunables.”

“Válgame,” exclamó Donavin, “me imaginaba un puñado de tipos bien vestidos en Suiza manejando calculadoras...”

“Entonces tu visión está mal,” dijo McGavin categóricamente. “Los Incunables son la mayor definición de poder porque ellos tienen el oro y por lo tanto, hacen las reglas.” Su tono se aligeró. “También tienen el platino, diamante, esmeraldas, zafiros. No me extrañaría que Quince haya aliado a la ACIO con ellos. Son... son como su hermano mayor.”

“Entonces ¿cómo logró Quince hacerse querer por este grupo de financieros?” preguntó Donavin.

“Primero que nada, no son financieros, ese es solo su pasatiempo. Son elitistas que les gusta controlar los eventos mundiales. Todo, desde el clima hasta los mercados de valores. Claro, su especialidad es manipular los gobiernos del mundo y cambios en las fronteras.”

“Han existido por mucho tiempo, muchísimo más que la NSA, CIA o cualquier gobierno. Ellos surgieron desde el tiempo de los reyes y la realeza, cuando significaban algo. Aun operan en este mundo, solo que con juguetes de alta tecnología en vez de fosos y guillotinas.”

McGavin se cambió de posición en su silla para sentirse más cómodo. Odiaba los aviones y sus espacios confinados e incómodos asientos.

“Para contestar tu pregunta,” continuó, “Quince creó una variedad de tecnologías, no sabemos cuántas, que los Incunables usan como sus juguetes de alta tecnología. Estamos seguros de que la ACIO las ha suplantado con tecnología de control climático que le llamamos Semilla de Alimento. No tenemos pruebas de que hayan transferido algo más, pero una vez que tienes una relación íntima con los Incunables... bueno, digamos que es difícil decirles no a ellos.”

“¿La NSA tiene relación con este grupo?”

“¿Los Incunables?” preguntó McGavin con voz de sorpresa. “No que yo sepa, pero no me sorprendería.”

“¿En este archivo puedo leer sobre ellos?”

“No.”

McGavin se inclinó en su silla con su vaso casi vacío en la mano. “Entonces creo que ya casi terminamos. ¿Alguna otra pregunta?”

Donavin movió la cabeza.

“Bien. Entonces llévate la bebida y déjame solo para poder terminar un trabajo.” McGavin miró su vaso y le dio vueltas al hielo cuando Donavin se paró y dejó la habitación. El teléfono sonó dos veces y luego se detuvo. Gracias a Dios por el correo de voz. Estaba muy cansado para contestarlo. Además, en todo el día no había tenido una buena conversación telefónica.

* * * *

“Me lleva el diablo. Es otra caverna,” dijo Evans.

El equipo de exploración estaba a 30 metros delante de la sección del túnel que había atrapado a Neruda la noche anterior. El túnel se abrió repentinamente hacia una caverna larga y redondeada, ligeramente más pequeña que la primera, de unos 15 metros de diámetro.

“Escuchad, hay algo aquí,” dijo Evans al dispersarse en la caverna el resto del equipo.

“Es alfarería,” afirmó Emily, “y es hermosa.”

La luz iluminó un largo recipiente en medio de la caverna. Alrededor había varios huesos, plumas y unos rastros de lo que parecía pelo animal o tal vez cabello humano.

“Maldición, hubiéramos traído antorchas en vez de estas malditas lámparas,” se quejó Andrews. “Necesito algo para calentarme. Está helado aquí adentro.”

Ignorándolo, Neruda tomó la lámpara de la mano de Evans y la dirigió hacia dentro del recipiente, mirando por encima de su borde, que llegaba casi a la barbilla.

“¿Algo?” preguntó Evans, el recipiente se volvió momentáneamente translúcido en la oscuridad de la caverna.

“Nada. Está vacío, excepto por algo que parece cera derretida en el fondo.”

“Otra vez, apunta la luz hacia adentro,” pidió Emily.
Neruda siguió su sugerencia, pero ahora se paró tan alejado del recipiente como le permitía su brazo para poder ver lo que le interesaba a ella.

“Es Anasazi,” dijo Neruda. “Ellos fueron los únicos que integraron turquesa en su alfarería, probablemente chacoanos. Sus hogares estaban a solo unos treinta kilómetros de aquí.”

El recipiente tenía incrustadas tres espirales azul cielo. Cada una estaba hecha de cientos de pequeñas cuentas de turquesa como un mosaico. El resto del recipiente era delgado como el papel, de barro color terracota. Se veía increíblemente frágil. Neruda ni podía imaginarse cómo pudieron haber trasladado un recipiente tan frágil desde el Cañón Chaco hacia ese sitio, sin romperlo.

“¿Qué es eso?” preguntó Evans.

“Esto no es,” dijo Samanta. “Esto no es lo que quieren que encontremos.”

“Bueno, pero ¿qué es esto?” dijo Evans.

Neruda se inclinó a inspeccionar el mosaico en espiral. “No es una espiral normal. Es M51.”

“¿Cómo puedes reconocerla de una simple pictografía? ¿No hay cerca de veinte mil millones de galaxias espirales?” preguntó Emily.

“M51 se distingue porque tiene una galaxia conjunta, NGC5197, justo aquí.” Neruda apuntó con su dedo índice a una espiral menor que estaba adjunta a uno de los brazos rotatorios de la espiral más grande.

“La galaxia Whirlpool,” dijo Andrews fascinado. “Fenomenal. M51 no se descubrió sino hasta finales de 1700’s. ¿Los anasazi compraron sus telescopios de Mecánica Popular o los hicieron de cristales de cuarzo?”

Neruda se encogió de hombros. “Sabes, Andrews, a veces me haces enojar.”

“A mí también,” dijo Emily.

“Y a mí,” agregó Collin.

Andrews fingió estar ofendido, poniendo mala cara e inclinando la cabeza. “Solo estoy señalando que no puedes conciliar alfarería anasazi, ostensiblemente creada hace mil años y M51, que requiere perfectas condiciones y lentes de al menos quince centímetros para ver.”

“No me interesa en realidad el origen de la espiral,” dijo Evans, “solo quiero saber qué es esta cosa. Obviamente, hemos tenido muchos problemas para encontrarlo, así que me interesan las definiciones...” “Miremos un poco más antes de adornarlo con definiciones,” sugirió Neruda.

“Y tu instinto” preguntó Evans, con voz de frustrado. “¿Qué te dice?”

“Tal vez es un lugar de sacrificio,” contestó de mala gana Neruda. “Los Chacoanos eran muy supersticiosos del clima, particularmente al final de milenio. La deidad de la serpiente estaba a cargo de la lluvia y fertilidad, así que tal vez este era un sitio donde ejecutaban sacrificios animales para apaciguarlo.”

Evans quedó satisfecho con la explicación.

“Si fue un lugar de sacrificio, ¿por qué no está la representación de una deidad?” preguntó Emily. “La espiral, como ya sugeriste, no representa una deidad serpiente, ¿verdad?”

“Sí, estoy de acuerdo” contestó Neruda, “pero dejemos de especular, no sé qué es esta cosa.”

Neruda proyectó el haz de luz al techo y luego al suelo de la caverna con un patrón. Lentamente empezó a girar. El equipo siguió el rayo de luz como un depredador.

Neruda buscaba otros túneles o pasadizos que pudieran salir de la caverna. “No veo otro túnel. Parece el final del camino.” Comentó Neruda.

“No puede ser,” murmuró Samanta para sí misma, pero en el silencio de la caverna, todos la escucharon.

“Estoy de acuerdo con Samanta,” dijo Collin, “no tiene sentido que todo esto haya
sido construido por ETs para que los anasazi pudieran calmar a su dios serpiente. No comparto esa teoría.”

“¿Alguien ve escombros?” preguntó Neruda.

“Regresa ahí,” Evans dirigió su brazo al punto en que había pasado el rayo de luz.

“Sí, ahí. ¿Qué es eso?”

Neruda caminó hacia algo que parecía una piedra larga y lisa tirada en el suelo. “Es una piedra, pero parece que la alisaron. Vaya...” Neruda exhaló un largo suspiro.

“Hay glifos grabados en la parte de arriba, y parecen mayas.” Su voz se volvió más intensa, emocionado por la posibilidad de poder leer algo.

“¿Qué dice?” preguntó Emily, consciente de que Neruda podía leer virtualmente cualquier lenguaje. Soplando en la superficie de la piedra y quitando los detritos con los dedos, movió la cabeza. “No estoy seguro. Es un híbrido.”

El equipo entero se había reunido para ver la inscripción de la piedra.

“¿Puedes leerlo?” preguntó Evans. Neruda seguía uno de los glifos con el dedo índice y guardó silencio, hundido en pensamientos. Pudo sentir una perforación de energía en su frente como si algo tratara de salir hacia su conciencia, pero permaneció evasivo.

“Parece la palabra templo,” explicó Andrews, señalando una serie de marcas raras.

“Sí, lo sé,” dijo Neruda. “Su significado es algo como... Dentro de este templo...
recuerda alumbrar.”

“¿Por qué tengo la sensación de que no se trajeron a un electricista?” dijo Andrews.

“¿Es alguna tapa?” preguntó Collin.

“¿Podemos moverla?” preguntó Evans, arrodillándose. Trató de poner sus dedos por debajo para levantarla, pero estaba empotrada muy fuerte en el suelo.

“Es hora del cuchillo para ballenas,” dijo Andrews, dirigiéndose a Evans.

“¿Qué?” preguntó este.

“El cuchillo que usaste para sacar al jefe del agujero en que cayó. ¿Recuerdas?”

“Desafortunadamente, tiré ese cuchillo dentro de la cámara,” lamentó Neruda. “Pero tengo un pequeño cuchillo de bolsillo. Veamos si podemos sacarla
con esto. Los que tengan un cuchillo, a trabajar. Emily, ¿puedes sostener la lámpara?”

“Claro.”

Tomó la lámpara de Neruda y se arrodilló. Dirigió la luz hacia la roca varias veces
en diferentes partes, empezando por el centro. “Suena como si estuviera hueco por debajo.”

“A mí también me parece,” dijo Neruda con una impaciencia inconfundible. Después de diez minutos de cincelar con sus cuchillos, excavaron suficiente espacio para poder sostener con los dedos la losa blanca y plana. A las tres,” dijo Neruda, “trataremos de moverlo hacia Emily.”

A la señal, los hombres jalaron, pero sin efecto. La piedra tenía noventa
centímetros de diámetro y 7.5 centímetros de grosor, y era muy pesada para
moverla.

“¿Cuánto crees que pese?” preguntó Evans, dirigiéndose a Neruda.

“Trescientos kilos... tal vez más.”

“Traje algo que podría ser útil,” dijo Evans.

“Enseguida vuelvo.”

Evans se alejó de la piedra redonda hacia la oscuridad.

“¿Adónde diablos va?” susurró Andrews a Neruda.

“Trata a su mochila con mucha discreción.” Neruda guiñó el ojo con seriedad. Momentos después regresó Evans con otra lámpara. “Olvidé que tenía una lámpara de repuesto en mi mochila. También tenía estos.” Mostró un par de detonadores. “Son pequeños como explosivos, pero podrían llegar a fracturar o romper esta cosa.”

“¿Por qué trajiste detonadores a esta misión?” preguntó Andrews.

“No me digas que esperabas algo como esto.”

“Fui un Boy Scout,” rió Evans.

“¿Qué puedo decir?”

Usando los mismos agujeros que habían cavado para sus dedos, Evans puso los detonadores en los lados opuestos del círculo esperando que rompieran la piedra en dos.

“Listo,” dijo Evans.

“Sería buena idea alejarnos hacia el túnel en caso de que salgan disparados
detritos.”

“¿Qué tanto cable tienes?” preguntó Neruda.

“Hay suficiente.”

Retrocedieron hacia el túnel mientras Evans desenrollaba el cable de un pequeño
carrete. “Eso es todo lo que puedo alejarme.”

“¿Está bien?” preguntó Neruda.

“Es una carga pequeña,” contestó Evans, “estoy seguro de que estará bien. ¿Listos?”

“Cuando tú lo estés”.

La explosión vino momentos después levantando una nube de polvo. El sonido hizo que a todos se les acelerara el corazón. Fue ensordecedor, pero solo por unos segundos. Una serie de ecos siguieron vagamente el paso del túnel; Neruda contó mentalmente seis.

Evans fue el primero en ver que la piedra se había roto. “Debemos poder mover la mitad del peso, ¿no creen?” “Solo si son hombres de verdad”. La ingeniosa respuesta de Emily hizo reír a todo el grupo y vieron hacia abajo a la piedra como conquistadores.

“Apunta la luz aquí,” ordenó Neruda señalando la ruptura en el centro de la piedra.

“Abajo está oscuro. Aquí hay algo.”

“¿Qué crees que sea?” preguntó Evans.

“Podría ser un pozo de almacenamiento antiguo,” dijo Neruda, “pero espero que sea algo más que un montón de maíz o nueces.”

“Si ese es el caso, regresaré personalmente y le dispararé a lo que haya quedado
de esa porquería de artefacto,” dijo Andrews. “Todo esto por un montón de
nueces.”

“¿Podrían ayudarme ustedes tres?” preguntó Neruda.

“Bien,” dijo Evans.

“¿Listo?”

“Listo.”

Evans propinó una fuerte patada con la pierna derecha. La ruptura se hizo más
grande. Volvió a patear por segunda vez y la roca se partió horizontalmente.

“Quitémosla del camino,” dijo Neruda. “¡Arriba!”

Emily se preparó con su lámpara y cuando quitaron la mitad inferior, descubrieron
un vacío negro. “Es más profundo que un pozo de almacenamiento, parece más un
conducto,” dijo emocionada. Neruda tomó una de las lámparas y se recostó bocabajo, extendiendo su brazo en la abertura hacia abajo tanto como pudo. A su nariz llegó una ráfaga de aire fresco y seco. “Sí, es un conducto. Tal vez desciende tres metros y luego se vuelve horizontal.”

“No hay forma de que esto esté activo, ¿verdad?” preguntó Evans.

“Lo dudo. Esta cosa ha sido sellada fuertemente.”

“Sí, suponiendo que es la única entrada,” agregó Andrews.

“No hagamos suposiciones,” contestó Neruda. “Bajaré primero y evaluaré la situación. Una vez que determine los riesgos, regresaré y podremos decidir juntos nuestro curso de acción. ¿De acuerdo?”

Todos estuvieron de acuerdo.

“Ahora sí,” dijo Samanta. “Esta es la entrada. Esto es lo que vi. Es como un canal
de nacimiento. Es como renacer en su mundo.”

Hizo una pausa, se dio cuenta que sus comentarios fueron peculiares. “No sé cómo
sé esto, pero lo sé.”

Neruda se preparó para el descenso en el túnel. Se quitó la mochila; el diámetro del túnel solo se ajustaría a sus hombros.

“Como quiera que hayan sido estos ETs, no eran gordos,” dijo Neruda, metiéndose al agujero. “Los veré arriba en diez.”

“Ten cuidado,” dijo Evans. “Danos señales de voz cada minuto para saber que
estás bien.”

“Lo haré.”

Neruda sostuvo la lámpara en su boca para que sus brazos tuvieran libertad de soportar su peso corporal al descender por el tubo negro. El aire olía completamente a viejo, como si no hubiera habido circulación durante siglos. Era árido y había un indicio de alguna sustancia química que nunca antes había olido.

“Hay un olor... muy sutil,” dijo Neruda a medio camino del conducto. “¿Alguien lo
percibe?” Con la lámpara en la boca, sus palabras parecían de ventrílocuo amateur.

“Sí, eso creo. Me pregunto qué será,” dijo Collin.

“¿Alguna idea sobre qué es el olor?”

“Definitivamente es un compuesto químico,” contestó Collin.

“Pero ¿crees que sea xenobiótico?”

“Se parece un poco a un hidrocarburo aromático, pero no es eso... no es nada que yo conozca.”

Evans estaba nervioso. “Jamisson, si sientes la más ligera nausea, sal de ahí inmediatamente, ¿sí?”

“Entendido,” respondió Neruda, “pero me siento bien. No te preocupes, solo es un olor raro.”

“Es un preservativo,” dijo Samanta con indecisión. “Es sólo un preservativo.”

“¿Para qué?” preguntó Evans.

“Algo molecular que decae con el tiempo,” rió entre dientes Andrews, “¿o soy muy específico?”

Samanta permaneció en silencio, ignorando el comentario de Andrews. “Preserva algo que ellos dejaron. Pronto lo sabremos.”

Neruda descendió lentamente, sus piernas alcanzaban la curva en el túnel cuando de nuevo pudo aprovechar la gravedad. Las paredes verticales eran ásperas, perfectas para asirse de ellas. “Bien, ya pueden tirar la cuerda.”

Finalmente sus pies alcanzaron la roca sólida. Se quitó la lámpara de la boca, feliz de librarse del sabor a metal.

La altura del techo del túnel era de un metro hacia arriba. Neruda se sentó con la espalda en la pared del conducto, mirando la longitud del túnel ante él. La lámpara iluminó la antigua oscuridad y se sorprendió de no ver polvo en el rayo [de luz proyectado por la linterna]. “Este lugar está limpio... es decir, impecable.”

Con la mano tocó la superficie lisa y limpia. “Toda esta sección se ha alisado hasta llegar a un fino acabado, no como el mármol pulido. Aun es del mismo color café rojizo, pero completamente pulido y alisado. Es asombroso.”

Evans arrojó la cuerda al conducto del túnel y le pegó a Neruda en el hombro. “Listo. Hazme saber si necesitas más.”

“¿Puedes ver algo más allá del túnel?” preguntó Collin.

“Parece que se abre hacia algo a unos diez metros, tal vez otra cámara, pero no estoy seguro. La luz se refleja tanto en las pareces del túnel, que es difícil ver hasta aquella distancia. Pero estoy seguro de que se abre. Estén atentos.”

“Neruda, soy Collin de nuevo. ¿Sientes si el túnel es de piedra pulida o está recubierto con algún tipo de polímero? Tal vez de ahí venga el olor.”

Neruda puso la nariz sobre la pared del túnel y tomó una larga exhalación. “Creo que es ambas cosas. Definitivamente es piedra pulida, pero también pienso que está sellada con algo, tal vez un polímero, no estoy seguro.”

Sus rodillas le empezaron a doler horrores cuando comenzó a arrastrarse por el túnel. La piedra era dura como granito y las rodillas eran su tendón de Aquiles. “Bien, me acerco a una grieta en el túnel, parece cavada. Circula el diámetro completo del túnel. Hay tres grietas secuenciales, separadas por unos cinco centímetros. Muy extraño.”

“¿Alguna señal de la abertura?” gritó Evans.

Neruda logró iluminar un círculo perfecto de oscuridad al final del túnel. “No estoy seguro pero parece que se abre; lo sabré en un minuto.”

Continuó avanzando hacia el negro vacío al final del túnel, sus rodillas le dolían con la piedra inquebrantable. “Puedo ver la abertura,” exclamó Neruda; su respiración se aceleró y su corazón palpitó más fuerte.

La orilla del túnel salía hacia una cámara grande, en forma de óvalo. Desde el túnel había una caída de dos metros hacia el suelo. Neruda colgó las piernas sobre la orilla del túnel y con asombro pasó la luz a lo largo del cuarto. Su corazón continuó latiendo más fuerte. Era el único sonido que podía escuchar, el único sonido surreal a la vista dentro de una cámara que era la estructura de piedra más intrincadamente diseñada que jamás había visto.

La cámara tenía unos veinte metros en su porción más ancha y se hacía más angosta en ambos extremos, en forma de óvalo. En un extremo del óvalo, el túnel desembocaba hacia la cámara. En el extremo opuesto de la cámara, un arco de casi tres metros de alto revelaba otro túnel que llevaba a la oscuridad. Dos columnas enmarcaban el arco, cada una con intrincados tallados en una rica variedad de jeroglíficos. La cámara estaba cubierta con una cúpula de 6 metros en su límite más alto. Las paredes, suelo y techo estaban perfectamente alisados, pulidos en un rico lustre color crema.

“Jamisson, ¿qué hay?” la voz de Evans bajó por el conducto del túnel, recordándole de su otro mundo y responsabilidades.

“Bueno,” dijo, pensando cuidadosamente las palabras, “encontré algo al final del túnel que justifica la existencia del artefacto.”

“¿Qué?” gritó Evans.

Neruda se volteó a sus colegas al darse cuenta de que su voz se había perdido dentro de la cámara.
“¡Bajen aquí, tienen que ver esto!”

Evans se puso en acción inmediatamente. “Bien, dejen sus mochilas aquí, pero tráiganse en sus bolsillos cualquier cosa que crean que es valioso. Yo iré primero. El restó síganme, vamos.”

El equipo casi se arremetió al conducto con emoción, pero tenían que bajar
lentamente por el túnel vertical, esperando pacientemente asirse.

“¡Diablos!” dijo Evans al ver hacia abajo el túnel. Neruda aun inspeccionaba la cámara desde la desembocadura del túnel. “Esta cosa es asombrosa.” Neruda se volteó y con la lámpara iluminó señalando su ubicación. “Espera a que veas lo que estoy viendo,” dijo con aire satisfecho.

Como una oruga avanzando por una rama, el equipo se arrastró obedientemente
hacia la posición de Neruda. El túnel era demasiado angosto para ver bien al resto
del equipo. Con la lámpara en la boca dijo cansinamente, “les veo abajo”, y saltó.

Hizo un aterrizaje suave, pero aun así, las rodillas le provocaron un dolor
estremecedor en todo el cuerpo.

“Maldición,” dijo Neruda al llegar al suelo.

“¿Estás bien?” preguntó Evans.

“Sí, después de la caída de anoche, tengo mis rodillas un poco adoloridas.”

“Wow, ¿qué es este lugar?” dijo Evans.

Su rayo de luz iluminaba el interior de piedra blanqueada. “Demonios, este lugar ha sido escarbado, no es una caverna natural.”

“No me digas,” contestó Neruda.

Detrás de Evans, el resto del equipo se amontonaba para poder ver.

“Vamos,” dijo Andrews al final de la línea. “Algunos también queremos ver.”

Evans se lanzó al suelo de la cámara, como Neruda.

“Está tallado en piedra sólida,” dijo Neruda, dirigiéndose a Evans cuando
aterrizó.

“Es increíble,” contestó con un murmuro girando la cabeza.

“¿Por qué la piedra blanca?”

“No sé, tal vez para hacer más brillante el interior. Refleja más luz.”

“¿Cómo lograron hacerlo?” preguntó Evans categóricamente.

Neruda ignoró la pregunta. “Hay otro túnel, ¿lo ven?”

“Debe haber tomado años para crear esta recámara...” dijo Evans, aun admirado, incapaz de responder a la pregunta de Neruda.

El resto del grupo empezó a salir del túnel, como gotas de agua de un grifo y la
cámara se llenó de murmuros de admiración.

“Todos quédense perfectamente inmóviles y en silencio por un momento,” ordenó
Neruda, “escuchen”.

“Puedo escuchar mi sangre fluir por mi cuerpo,” susurró Samanta. “Es asombroso”.

Aquí no hay ruido ambiental y sin embargo, estamos en un medio perfectamente
ambiental,” dijo Collin. “Tal vez es un tipo de cámara acústica.”

“¿Ya vieron algún artefacto?” preguntó Emily.

“No, esta cámara está vacía,” contestó Neruda. “Noten que no hay pizca de tierra o piedritas. Este lugar es...”

“... antiséptico,” interrumpió Evans.

“Antiséptico,” repitió Neruda.

“Entonces ahora sabemos que sufrían de un obsesivo desorden compulsivo,” rió en
silencio Andrews.

Neruda se había aproximado lentamente al arco y las columnas, estudiándolas con su lámpara. “De nuevo la espiral de M51,” dijo, pasando sus dedos sobre los glifos grabados. “Creo que sabemos de dónde vienen.”

“No significa eso exactamente,” anotó Andrews. “M51 es el hogar de cien mil millones de sistemas solares.”

Neruda ignoró el comentario de Andrews y se dirigió a los miembros del equipo.

“Este corredor tiene una pendiente muy inclinada. Tengan cuidado.”

“¿Estos glifos están relacionados con los del artefacto?” preguntó, estudiando la
columna.

“Definitivamente,” contestó Neruda, “pero no son los mismos glifos. No vi ninguno
que fuera idéntico a los del artefacto.”

Al pasar debajo del arco, Neruda sintió venir la inclinación y sus rodillas le alertaron inmediatamente de la presión de caminar la cuesta. Al menos pudo soportar la subida. El techo del corredor tenía tres metros y medio de altura y estaba cubierto con una cúpula de manera similar a la cámara.

“Veo otro arco adelante,” dijo Neruda.

“Dime algo,” preguntó Andrews, “¿cómo puede alguien cavar esta estructura en una roca sólida sin dejar piedras o señales de la construcción?”

“No sé,” contestó Neruda, “tal vez tengamos suerte y lo averiguaremos.”

“En realidad son buenos magos,” dijo Andrews. “La pila de escombros que debe haber creado esta cosa hubiera sido enorme. ¿Dónde diablos esconderías algo así?”

El equipo se enfiló hacia el arco y uno por uno tocaron las columnas con aspecto de mármol como si fueran sagradas.

“Parecen salientes del cuarto en el corredor,” dijo Neruda. Estaba a unos seis metros delante de Evans y los otros, que se habían detenido a examinar los preciosos glifos en las columnas del arco, que casi parecía vivo y con movimiento.

“¿Qué hay adentro?”

Solo hubo silencio.

“¿Qué ves?” de nuevo preguntó Evans.

Silencio.

Evans aceleró el paso, casi corriendo hacia la posición de Neruda, seguido por el resto del equipo. Encontraron a Neruda en medio de una cámara pequeña de solo seis metros de diámetro. Estaba perfectamente redonda con un techo alto y de domo. La pared frente a la entrada, tenía una impresionante pintura mural que Neruda iluminaba con su lámpara; sus colores eran tan brillantes que el equipo tuvo que entrecerrar los ojos, como si estuviera emitiendo luz en vez de reflejarla.

Debajo de la pintura, colocado en una plataforma surgida de la misma piedra escarbada, estaba un objeto que tenía la forma similar a una pelota de fútbol americano, pero casi el doble de largo. Era completamente negro excepto por tres líneas plateadas que circulaban su centro. No tenía ranuras, botones o alguna abertura exterior.

Neruda estaba ocupado examinando la pintura mural, hipnotizado por sus brillantes colores y forma abstracta. “Definitivamente esto no es anasazi,” dijo con voz ligeramente cortada. “Dejaron esto a propósito. Estos no son cuartos en los que alguien vivió. Esto parece más un diorama en un museo de historia natural.”

“Entonces una civilización extraterrestre vino a la Tierra hace mil años y dejó un museo para que lo disfrutaran los indios anasazi.” Se preguntó Emily en voz alta.

“Se supone que los anasazi chacoanos desaparecieron misteriosamente alrededor del 1,150 DC, de manera que cerraron el museo, pero dejaron un dispositivo guía que fue descubierto 850 años después.”

“Por nosotros”, agregó Andrews con perfecta coordinación. “Claro, pero ¿cómo llegaste a esa hipótesis?”

“No digo que crea en esa teoría”, se defendió Emily. “Solo estoy pensando en voz alta.”

“Sigamos investigando,” sugirió Evans, “solo tenemos otras tres horas y diez minutos antes de la reunión.”

“¿Cuánto tiempo crees que debemos dejar para regresar al punto de encuentro?” preguntó Neruda.

“Dejemos cuarenta minutos, no podemos necesitar mucho tiempo, pero daría unos minutos extras en caso de que ocurra algo imprevisto.”

“Bueno, así tenemos otras dos horas y media,” dijo Neruda. “Veamos a dónde conduce este corredor.”

“Es una hélice”, afirmó Samanta. “Como una escalera en espiral. Y habrá más de estas cámaras pequeñas. Yo vi todo esto... solo que no sabía su escala.”

“Si estás tan enterada de lo que sucede aquí,” retó Andrews, “entonces acaba con el suspenso y dinos qué diablos es esto.”

“Mira,” dijo Samanta con repentina intensidad, “vi imágenes que el artefacto puso en mi cabeza. Si... si no aceptas esa realidad, está bien, pero al menos muéstrate civilizado.”

“Está bien, Samanta,” dijo Neruda. “Ignóralo, en realidad está siendo muy civilizado para sus estándares. Créeme. Lo he visto cuando está muy enojado, y no es nada agradable.”

“Hasta ahora, ella ha tenido razón en todo”, dijo Emily.

“Confiemos en ella ¿Vale?” le dijo a Andrews y sonrió.

“Bien,” se burló Andrews.

“¿Ya viste el artefacto?” preguntó Emily.

“No lo he tocado”, respondió Neruda. “No creo que debamos tocar nada. Nuestra misión es descubrir, no investigar.”

“Veamos qué más hay”, sugirió Evans.

“¿Qué hay de esta pintura?”, preguntó Collin. “¿Por qué dejaron todo esto a los
anasazi? ¿O para nosotros, en todo caso? No tiene sentido.”

Neruda salió de la cámara dejando colgadas las palabras de Collin como partículas de polvo. Le molestaba la especulación a menos de que se iluminara por al menos unos cuantos hechos. Por ahora, su única motivación era descubrir.

“¿Alguien trajo consigo el VC?” preguntó Neruda al seguir por el corredor.

“Por supuesto”, dijo Emily. Sacó una cajita plateada, del tamaño de un teléfono
móvil, con pequeños lentes por un lado. “¿Quieres que filme?”

“Sí, pero primero esperemos hasta ver todo lo que este museo tiene que ofrecer.
Collin, tú estás a cargo del resumen, así que empieza a pensar lo que vas a decir.”

“¿Este proyecto de vídeo llegará a Quince?” preguntó Collin.

“¿A quién más?” contestó.

“Maldición.”

“No te preocupes,” dijo Neruda, “a Quince le gusta tu estilo. Es sagazmente
científico y coloridamente ecléctico.”

Todos se rieron, incluyendo Collin.

“Imitas bien,” rió Evans, dirigiéndose a Neruda. “No te preocupes, no diré nada.”
Neruda se rió, complacido de la manera en que Evans se había comportado en la
expedición. De hecho disfrutaba su compañía, algo que no esperaba.

“Ahí hay otro arco,” Neruda señaló con su luz la entrada. Estaba a solo diez metros más adelante del primero, en el corredor, pero esta vez la cámara estaba en el lado interior del corredor. El corredor realmente era como una escalera espiral abriéndose paso en sentido de las manecillas del reloj a un grado coherente. Neruda caminó hacia el arco y esta vez esperó a los demás. El equipo respiraba un poco más fuerte que antes, pero se veían ansiosos de ver la segunda cámara.

“¿Listos?”

“Que comience el espectáculo de luces,” dijo Andrews.

Neruda y Evans dirigieron las luces hacia la cámara. Una misteriosa similitud les esperaba cuando sus luces se interceptaron en la pared opuesta de la cámara, que tenía otra pintura mural de estilo, tamaño y brillantez similares. Debajo de ella reluciendo en la luz, había otro artefacto, negro y plateado con lados planos juntados en un patrón hexagonal. Cada lado tenía casi el mismo tamaño de una baraja, pero el doble de grueso. El exterior del hexágono era negro y el interior plateado brillante. De nuevo, sin botones, ranuras o evidencia de algún switch de activación.

La pintura mural parecía ser estilísticamente similar a la pintura de la primera cámara, pero con glifos y objetos diferentes. Tenía 1.20 m de ancho y 1.8 m de alto. La cámara misma era idéntica en escala y forma. Cada matiz era una réplica exacta. Solo la pintura y el artefacto eran diferentes.

“Estoy abierto a cualquier idea que tengan,” dijo Neruda.

“No es lógico,” afirmó Evans. “¿Por qué dejarían estos artefactos de esta forma?”

“¿Por qué no?” dijo Samanta.

“Hay algunas referencia en esta pintura que al menos parecen entendible,” dijo Collin. “Aquí, en la parte de abajo, se parece mucho a las formaciones rocosas que hay por aquí.”

“Al menos deberíamos considerar la posibilidad que es un tipo de arma,” dijo Evans.

“Lo haremos,” contestó Neruda, “¿alguna otra idea antes de continuar?”

Andrews se acercó a inspeccionar la pintura. “Puede ser útil observar los patrones estelares, asumiendo que no sean arbitrarios. Además, se usa el signo del infinito, el cual no se inventó sino hasta finales del siglo XVII. Y hasta donde sé, no lo inventó ningún extraterrestre de M51.”

“Bueno, si no hay más comentarios, sigamos.”

El corredor continuó de subida. Cada nueve metros se abría una cámara nueva a través de un arco, alternando al exterior e interior del corredor. Cada cámara era exactamente igual a las demás, pero con una pintura mural y artefacto únicos en su interior.

En la siguiente hora, el equipo había encontrado veintidós cámaras y se empezaban a dar cuenta del alcance del descubrimiento.

“La encontramos,” gritó Neruda.

“¿Encontramos qué?” preguntó Evans, subiendo de la cámara veintidós.

“La última cámara.”

Evans asomó la cabeza. “Dejé mi lámpara con Collin y el resto. Parecían estar hipnotizados por la pintura de la cámara veinte. No soy artista, pero estas pinturas son sorprendentes... no es como tu arte rupestre, ¿verdad?”

“No, a menos de que consideres cavernícola a Picasso.”

“Esta cámara es diferente,” dijo finalmente Evans. “Es como si se les hubiera acabado el tiempo en su construcción y la dejaron en su estado natural.”

Aunque la cámara veintitrés era idéntica en forma y tamaño, sus paredes, piso y techo estaban ásperos y sin terminar. La pintura mural era la única superficie de la cámara que estaba alisada y pulida como las otras cámaras. El piso estaba lleno de detritos, principalmente pedazos de roca que parecían algún tipo de fibra.

“Muy extraño,” dijo Neruda moviendo lentamente la cabeza y sobándose la barbilla con la mano.

“¿Viste el artefacto?”

Evans siguió la luz de Neruda hasta un disco brillante, de 7.5 centímetros de diámetro.

“Es un disco óptico. Esperemos que explique qué demonios es esto.”

“Es una cápsula del tiempo,” dijo Neruda, “es un conjunto de cuarenta y seis artefactos, la mitad arte y la mitad tecnología. Es como si una civilización extraterrestre plantara estos artefactos, como alguien que entierra una cápsula del tiempo para posterior recuperación.”

“¿Con qué propósito?” preguntó Evans.

“La teoría más lógica que puedo conjeturar por ahora es una cápsula del tiempo extraterrestre” dijo Neruda metódicamente. “Sobre su propósito, no lo puedo explicar. Esperemos que este disco cuente su historia.”

Neruda recogió el disco y lo examinó de cerca. Era como un CD, solo que más pequeño, ambos lados tenían un brillo dorado, con un agujero central del grueso de un lápiz. “Podría ser una mezcla de oro... no creo que sea un disco óptico. Podría ser moneda o algún tipo de conductor.”

Evans se inclinó a inspeccionarlo, tomándolo de la mano de Neruda. “Tienes razón, puede ser oro. Es pesado.” Lo movió en el aire, analizando su peso. “Pero se parece mucho a un disco óptico.”

“¿Qué haremos con los artefactos?” preguntó Neruda.

“No estamos preparados para llevarlos de regreso con nosotros. Traje un rango de seguridad de nivel diez, así que podemos mantener esto en secreto indefinidamente,” contestó Evans.

“¿Por qué no traerlo con nosotros?” preguntó Neruda sosteniendo el disco. “Tengo el presentimiento de que es la llave de todo este misterio. Mientras más profundo podamos acceder a él, mejor”.

“Está fuera de los parámetros de nuestra misión,” empezó Evans, “pero estoy de acuerdo contigo. No creo que Quince tenga inconveniente si ambos estamos de acuerdo.”

“¿Han visto a Samanta?” preguntó Emily, entrando a la cámara y mirando alrededor.

“No, pensamos que estaba contigo,” contestó alarmado Evans.

“Estaba,” dijo Collin, “pero luego se fue caminando.”

“¿Sin una lámpara?” preguntó Neruda.

“Demonios,” exclamó Andrews cuando entró a la cámara veintitrés. “Apuesto que en este cuarto vivió un adolescente.”

“Sí, dejaron esta cámara hecha un desastre,” agregó Collin.

Neruda apuntó a la pintura con su lámpara. “Si tenían tanta prisa, ¿por qué se tomaron el tiempo para pulir la pared donde está la pintura? Creo que dejaron sin terminar el resto a propósito.”

“¿Y qué propósito sería?” preguntó Collin.

“No sé, pero al menos podemos encontrar algunas respuestas en esto.” Apuntó al disco dorado.

“Bien, ahora sí hablamos,” dijo Andrews. “Ellos hablan mi lenguaje. Déjenme verlo.”

Andrews tomó el disco, poniéndolo en la palma de su mano izquierda. “Dirige la luz justo aquí en este ángulo,” su mano derecha estaba ladeada en un ángulo indicando cómo quería que posicionaran la luz. Neruda obedeció. “Tiene líneas guías, pero son extremadamente sutiles” dijo triunfantemente. Lo volteó con sumo cuidado. “Quizás ya supusieron que tiene oro.”

“Sí, parece una mezcla o posiblemente un recubrimiento, pero quién sabe, sin resultados de laboratorio.” Neruda se encogió de hombros.

“Nos llevaremos esto, ¿verdad?” preguntó Andrews.

“Sí, pero dejaremos aquí el resto hasta que juntemos al equipo de excavación,” dijo Evans.

“Bien,” murmuró Andrews, observando el disco. “Tiene líneas guías en ambos lados por todo el disco. Tal vez hay una cantidad inmensurable de información en esta cosa.” Su dedo empezó a moverse por el disco como si estuviera contando algo. Volteó de nuevo el disco, pasando suavemente su dedo en la superficie.

“Hay veinticuatro secciones, doce de cada lado.”

“Es interesante, dado que encontramos veintitrés cámaras.” Dijo Neruda.

“Son veinticuatro si cuentas la antecámara,” le recordó Emily. “Voy a buscar a Samanta, ¿alguien quiere acompañarme, de preferencia con una lámpara?”

“Yo iré a buscarla,” dijo Neruda. “prefiero que tú y Collin trabajen en el reporte de vídeo, ah, y por cierto, el resumen, al menos como lo veo, debe incluir el término CTE, o Cápsula del Tiempo Extraterrestre.”

Neruda se retiró entre una cantidad de preguntas de Emily, Collin y Andrews. “Tenemos poco tiempo, así que no puedo explicar mi teoría. Evans les dirá tanto como yo sé. Sólo hagan lo mejor posible y no se preocupen.”

Neruda bajó por el corredor consciente de la discusión que había provocado. La acústica de la estructura hizo inútil escuchar. Hizo algunos cálculos mentales y estimó que toda la estructura, desde la antecámara hasta la cámara veintitrés, medía 45 metros de alto y 30 de ancho. Era surreal bajar por el corredor en espiral con cámaras que surgían hacia fuera como capullos, conteniendo regalos de una antigua civilización extraterrestre.

La estructura era completamente desconcertante para él. Su mente creaba escenarios y teorías una y otra vez, esperando darle algún sentido. “Samanta, ¿dónde estás?” llamó.

“En la cámara cinco,” la voz de Samanta se infiltró por el corredor como un fantasma.

“¿Todo está bien?” Neruda siguió caminando, inseguro de la cámara en que estaba ella. “Estoy bien,” dijo Samanta, su voz era más silenciosa aunque Neruda se acercaba a ella.

Sus rodillas aún estaban entumecidas y se dio cuenta de cuánto le dolían al acelerar. Se detuvo a un paso modesto; ella estaba bien, se recordó a sí mismo.

“¿Samanta?” le llamó. “No estoy seguro de cuál es la quinta cámara, así que háblame, debo estar cerca.”

“¿Encontraron la cima?” preguntó ella.

“Sí, la encontramos, pero no es lo que esperabas.”

“Está sin acabar, ¿verdad?”

Neruda se detuvo. “Sí, pero ¿cómo supiste?”

“¿Se han dado cuenta de lo similar de esta estructura a un hilo de ADN? Hay veintitrés cámaras extendidas en un corredor en forma de hélice. Veintitrés pares
de cromosomas en cada célula de nuestro cuerpo...”

“Sí, pero no contestaste mi pregunta, ¿cómo supiste?” Continuó su camino por el corredor inclinado, siguiendo la voz de Samanta. Pensó que bajar por una fibra de ADN lo entretenía. Bien podría estar en una célula divagando dentro de un cromosoma; tan así estaba apartado del mundo exterior.

“Creo que tratan de decirnos que nuestro ADN está imperfecto o incompleto.”

Neruda siguió su voz y entró a la cámara. Ella estaba sentada con las piernas cruzadas, mirando de frente a la pintura mural en el centro de la cámara. En su mano tenía un encendedor y la flama tembló cuando entró Neruda.

“Es una pintura asombrosa,” dijo Samanta en silencio. “No pude dejarla. Perdón.”

“Está bien,” Neruda se sentó a su lado. “Hoy he estado de pie más de lo normal, sentarme me caerá bien.”

Se encogió de rodillas y las abrazó fuertemente. Tenía un poco de frío y cansancio. “¿Qué tiene la pintura de asombrosa?”

“Se mueve,” contestó ella.

Neruda miró atentamente al muro y apagó su lámpara. Quería verla con la misma luz del encendedor, como Samanta. “¿Se mueve? No sé a qué te refieres. ¿Qué se mueve?” dijo.

La pintura consistía en una serie de óvalos de varios colores sobrepuestos. En el óvalo exterior, había glifos inscritos. El objeto se parecía a la sección transversal de una cebolla y flotaba contra un cielo estrellado con una hoz de luna.

“No sé” contestó dudosa, “tal vez soy yo la que se mueve. Solo sé que siento como que me meto a esta pintura.”

Neruda estudió la pintura, pero no sintió ningún movimiento. Sin embargo, llegó a respetar sus intuiciones y visiones, por lo que continuó observando cuidadosamente para captar algún cambio de perspectiva o sentido de movimiento.

“Entonces qué piensa usted que sea?” preguntó ella.

“¿Esto?” Neruda puso sus brazos en el aire señalando toda la estructura.

“Sí, esto.” los ojos de Samanta miraron hacia arriba como un débil eco de los brazos de Neruda.

“Mi hipótesis actual es que una raza exploradora, originaria de alguna parte de la galaxia M51, vino a la Tierra aproximadamente hace mil años e interactuó con los indios anasazi chacoanos. Ellos construyeron esta... esta estructura para guardar una colección de artefactos que representan su naturaleza artística y técnica. Ellos quisieron que fuera encontrada un tiempo después, así que dejaron un dispositivo guía, que mágicamente apareció y nos guió a este sitio asombroso.” Hizo una pausa para tomar aire. “Creo que es una cápsula del tiempo dejada aquí por esta raza.”

Samanta dejó que sus palabras se disolvieran en el aire antes de hablar. “¿Su teoría incluye alguna especulación sobre el motivo de esta raza exploradora?”

“No, pero encontramos un artefacto interesante en la cámara veintitrés que podría decirnos algo de eso.”

“¿Qué es?”

“Es un disco óptico, o al menos, eso parece. Si lo es, podría tener las respuestas a todas nuestras preguntas.”

“Es una buena señal,” dijo ella. “Hasta ahora todo se ha codificado y encriptado, como si no quisieran que podamos comunicarnos con ellos inmediatamente. Por ejemplo, en su teoría, usted dijo que ellos vinieron a la Tierra con los indios anasazi. Si así fuera, ¿no serían capaces de comunicarse en el idioma anasazi?”

“Probablemente.”

“Y sin embargo, los glifos, pinturas, artefactos, no son fáciles de entender... incluso para usted. Si alguna otra organización encontrara el dispositivo guía, por decir, la CIA o NSA, por ejemplo, ¿cree usted que ellos pudieran pasar más allá de ésto?”

“¿Quién sabe? Tal vez...” dijo Neruda. “Pero, ¿cuál es tu punto?”

“Creo que esta raza ha disfrazado inteligentemente sus intenciones. Esto puede ser una cápsula del tiempo, no sé, pero es más que una colección de artefactos que querían que descubriésemos. Hay un proceso por el que quieren que pasemos. Siento que nos han guiado. Es como si este descubrimiento fuera solo un pequeño paso en un viaje muy largo e intrincado.”

Al encendedor de Samanta se le acabó el combustible y los hundió una oscuridad total. “Ese es mi punto.”

“Entiendo tu razonamiento,” dijo Neruda prendiendo su lámpara y poniéndola en el suelo con la luz hacia arriba como una antorcha. “Es cierto que ninguna raza que hubiera logrado un viaje intergaláctico, especialmente una raza exploradora, hubiera tenido una tecnología de traducción de lenguaje complicada. También es cierto que hubieran tenido muchos puntos de contacto, más que con los anasazi, a menos que hubieran estado aquí por una visita muy corta, lo cual es improbable...”

“... así que pusieron barreras y obstáculos a propósito para asegurar que su mensaje requiriera mucho tiempo y esfuerzo para entenderlo,” dijo Samanta. “Apuesto que no será pan comido acceder al disco y cuando lo hagamos, no estará en inglés o cualquier otro lenguaje conocido para el hombre.”

Neruda estiró las piernas al frente y se inclinó hacia atrás con los brazos detrás de él. “Entonces piensas que son muy concretos sobre quién descubriera su cápsula del tiempo?”

“Eso es lo que siento,” contestó Samanta. “Ya vio que hemos sido probados a cada paso a lo largo del camino.”

“Y la única razón lógica para ser tan concretos es que el mensaje es profundo, o de significativa importancia para un gran número de gente. Y quieren que caiga en las manos correctas. Las nuestras.”

“Eso es lo que creo,” dijo Samanta, poniéndose de pie. “No finjo saber lo que hay aquí, pero es parte de algo masivo... más sofisticado...” hizo una pausa. “Creo que hay más de estas estructuras en otras partes del planeta.”

Cerró los ojos como si recordara su visión. “Si las hay, de alguna manera pueden estar interconectadas.”

Neruda se levantó y le dio un rápido vistazo, y por costumbre se sacudió los pantalones. El suelo estaba perfectamente limpio. “No puedo evitar pensar que estás guardando alguna información, como si tuvieras miedo de compartirla. ¿Verdad?”

“Ellos se hacen llamar los Creadores de Alas,” dijo Samanta con súbito alivio. “De cierta forma están relacionados con nuestros genes. Es como si vivieran en algún nivel dentro de nosotros y también, vivieran a una gran distancia. También dijeron algo sobre la necesidad de defendernos de otra raza de seres. Una raza extraterrestre con una tecnología más avanzada de lo que podemos imaginar. Estos... los Creadores de Alas están envueltos en esto porque, de acuerdo con ellos, son los creadores de nuestros genes.”

Neruda se frotó detrás del cuello. “¿Algo más?”

“No.”

El ruido de una risa agitó el aire silente de la cámara. El equipo venía por el corredor y Andrews estaba contando alguna anécdota divertida.

“Por ahora guárdate esto,” dijo Neruda. “Luego te diré por qué. ¿Bien?”

“Seguro.” Samanta se encogió de hombros con nerviosismo.

Neruda le cedió el paso al corredor con la mano. “Veamos cómo van con el proyecto de la película.” Le echó un último vistazo a la pintura en la cámara cinco, sintiendo un nuevo respeto por el intelecto de esta raza extraterrestre exploradora, los cuales habían logrado tocarlo a través del tiempo y el espacio. Podía sentir que algo cambiaba o se deshacía por dentro, pero no estaba seguro de qué era.



Capítulo 8

ZEMI


Si la entidad está fragmentada en sus partes componentes, su comprensión del libre albedrío está limitada a aquello que la jerarquía circunscribió. Si la entidad es un colectivo consciente, comprendiendo su totalidad soberana, el principio de libre albedrío es una forma de estructura que es inútil, como una fogata en días de verano. Cuando las entidades desconocen su totalidad, la estructura ocurrirá como una forma de seguridad auto impuesta. A través de este continuo desarrollo de un universo estructurado y ordenado, las entidades definieron sus bordes —sus límites— mediante la expresión de su inseguridad. Ellas gradualmente se vuelven piezas de su totalidad, y como pedazos de vidrio de un hermoso florero, albergan poca similitud con su belleza de conjunto.

Extracto de los Modelos Cambiantes de Existencia, Cámara Dos.
Creadores de Alas

Quince estaba un poco incómodo en su silla y se cambió de posición. Los directores congregados hicieron lo mismo, pero sin muecas. “Jamisson, ese fue uno de los mejores reportes que he visto en años.”

“Estoy de acuerdo”, asintió Branson.

Neruda contestó con aprecio con una sonrisa y guardó silencio. Su presentación había estado excepcionalmente bien. Los directores estuvieron atentos y completamente razonables en su línea de preguntas. Neruda tuvo cuidado en no inducir o convencer, sino simplemente reportar los descubrimientos de su equipo. Estaba muy consciente de que los directores no perdonaban cuando detectaban tácticas persuasivas.

“¿Entonces cuál es tu siguiente paso?” preguntó Ortmann.

“Necesitamos hacer una restauración y excavación completas del sitio, lo cual tomará probablemente unos siete o diez días,” contestó Neruda. “Así que necesitaremos instalar un sistema de seguridad perimetral y un campamento de excavación.”

“Y ¿cuál es el estatus del agente sombra de McGavin?” preguntó Ortmann, volteándose a Evans.

Quince entró en acción al oír el nombre de McGavin. “Su nombre es Donavin McAlester,” interrumpió. “Estará con nosotros el lunes. De modo interesante, McGavin sugirió que le reportara a Evans, pero pienso que sería arriesgado obedecer cualquier sugerencia de McGavin. Así que me gustaría que le reportara a Li-Ching, ya que McGavin se queja de nuestra comunicación.”

“¿Entonces quién está a la cabeza del proyecto de la Flecha Antigua?” preguntó Ortmann.

“Lo siento,” dijo Quince disculpándose, “pensé que lo había dejado claro. Jamisson encabezará el proyecto. Dado su buen trabajo hasta la fecha, pensé que sería apropiado permitirle guiar al proyecto hasta su conclusión.” Hizo una pausa por un momento y miró alrededor de la mesa. “¿Están todos de acuerdo con eso?”

Todas las cabezas se movieron en silencio afirmando la pregunta retórica de Quince. Neruda mantuvo la cabeza inmóvil pero sus ojos oscuros se lanzaron furtivamente a leer la respuesta de los directores. Fue unánime.

“Volviendo a McAlester”, continuó Quince, “quisiera que todos lo tratáramos con sumo cuidado. No hay duda en cuanto a su agenda, que es averiguar por qué aseguramos este artefacto sin avisar al SPL. En otras palabras, qué tratamos de esconder.”

“¿Cuánto tiempo se quedará?” preguntó Evans.

“Eso depende,” contestó Quince. Miró rápido hacia arriba y se frotó la nuca. “Si podemos convencerlo de que la información que le damos es legítima, se irá en un mes. Si no, probablemente dos, tal vez tres meses.”

“Que sea uno,” anotó Evans y todos estuvieron de acuerdo.

“De acuerdo” dijo Quince. “¿Alguna otra pregunta antes de terminar?”

El corazón de Neruda empezó a acelerar y sintió cómo se secaba su boca en cuestión de segundos. Atrajo la atención de Quince.

“¿Tenías algo más, Jamisson?” preguntó cortésmente Quince.

“Supongo... creo que sería buena idea…” Neruda hizo una pausa y se repuso lo mejor que pudo. “Samanta tiene unas observaciones interesantes que creo que el Grupo Laberinto por lo menos debe conocer. No digo que sean observaciones basadas en hechos, claramente no lo son. Pero son interesantes...”

“Solo dinos,” interrumpió Quince, “y deja de preocuparte por nuestra reacción. Asumiremos que lo que nos digas es especulación y así lo dejaremos. Entonces, ¿qué es?”

“Samanta tuvo varios encuentros con el dispositivo guía,” comenzó. “En uno de estos, tuvo una visión del planeta cubierto con líneas de división y había al menos tres, tal vez cuatro áreas adicionales que posiblemente eran sitios CTE.”

“¿Quieres decir que Samanta vio una imagen de múltiples sitios?” preguntó Quince.

“¿Y que estas imágenes las recibió del artefacto?”

Neruda vio brillar los ojos de Quince y verse más intensos. “Eso es lo que me dijo.”

“Pero el dispositivo guía está destruido.” Remarcó Whitman.

“¿Cómo tendremos la verificación de múltiples sitios?”

Quince se dirigió a su escritorio y llamó a su asistente.

“Si, señor,” dijo la voz bonita y suave.

“Por favor encuentre a Samanta Folten y tráigala a mi oficina lo más pronto posible.”

“Claro, señor.”

El estómago de Neruda luchó por guardar la calma.

“Bien, veamos lo que podemos aprender de Samanta,” dijo Quince y se recargó en su silla. “No es por falta de respeto, Jamisson, pero la visión es de Samanta y debemos hablar directamente con ella. ¿De acuerdo?”

“Por supuesto,” dijo Neruda dudando. “Es solo que no le he pedido permiso a Samanta para hablar sobre estos asuntos...”

“Estoy seguro de que Samanta entenderá,” contestó Quince. Se volteó a ver a Branson. “Ella es SL-Cinco, ¿correcto?”

“Sí.”

“Pobre chica,” dijo Quince sonriendo e inclinó su cabeza hacia su taza vacía de té.

“Comportémonos lo mejor posible y haz que se sienta completamente confortable.”

“¿La dejaremos en este proyecto?” preguntó Evans.

“¿Qué recomendarías?” contestó Quince.

“Sus contribuciones fueron significativas. Yo la dejaría en el proyecto. Tiene algo que no había visto en nuestros otros Ors.”

“¿Y qué es?” preguntó Ortmann.

“No puedo decirlo con palabras,” dijo Evans pensándolo. “Parece extraerle a la situación más información que nadie más.”

“Lo mismo digo,” dijo Neruda. “Su habilidad para desarrollar un enlace psíquico con el dispositivo guía le puede permitir una comunicación más fácil con los otros artefactos tecnológicos encontrados en el sitio.”

Quince se reclinó en su silla. Cerró los ojos por un momento mientras la habitación se llenaba de silencio. “Parece que esta reunión se llevará otros veinte minutos más o menos, si alguien necesita un descanso, este sería un buen momento para tomarlo.”

Nadie se movió para irse. Luego de un tímido llamado a la puerta, Samanta asomó la cabeza cautelosamente. “¿Me llamó, señor?”

“Sí,” dijo Quince, levantándose difícilmente. “Entra y ven con nosotros, por favor.” Le indicó un asiento vacío al lado de Neruda.

“Jamisson nos estaba dando una excelente introducción de su reciente viaje al Sitio de la Flecha Antigua...” Hizo una pausa, pensando profundamente. “¿Quieres beber algo antes de que empecemos? ¿Un té, quizás?”

Samanta miró brevemente a la mesa y asintió.

Quince inclinó la jarra de té y le pasó a Samanta una intrincada taza china color marfil, con vapor ondulando en su superficie.

“Gracias,” dijo ella, con un temblor en la mano que delataba su nerviosismo por estar en la misma sala que los directores.

“Un viaje sobresaliente, Samanta. El equipo entero merece nuestro mayor reconocimiento por su inventiva e ingenio.” Todos los directores movieron la cabeza en conformidad.

“Gracias, señor.”

“Jamisson fue muy gentil al comentar un poco las experiencias que tuviste con el artefacto. Sintió que deberíamos saber de ellas debido al respeto que tiene de tus visiones y habilidades. Esperaba que nos hicieras el honor de explicarnos, en la manera que te sientas más a gusto, lo que viste y lo que crees que signifique. Te lo agradeceríamos mucho, si no te molesta.”

Quince hizo una pausa, mirando alrededor de la mesa dando a entender que había hablado por todos en la sala. Entonces volteó su mirada a Samanta. “¿Bien?”

Samanta miró rápidamente a Neruda, quien la apoyó sonriendo. “No sé lo que ya saben y no quiero ser redundante y hacerles perder el tiempo...”

“Jamisson mencionó que habías visto una imagen de la Tierra circulada con líneas divisorias que parecían indicar la existencia de muchos sitios con cápsulas de tiempo extraterrestres. ¿Por qué no empiezas por ahí?” sugirió Quince.

Samanta cerró los ojos y suspiró. “Puedo verlo claramente,” dijo, sus ojos se abrían lentamente.

“Había preparado la Reproducción... todos se habían ido a buscar a Neruda y yo trataba de comunicarme con el artefacto. La Reproducción estaba en ciclo por Alfa… y lo siguiente que recuerdo fue... fue ver tres formas geométricas como puertas flotando en el espacio. Momentos después la forma de en medio mostró una imagen de la Tierra, que estaba rodeada con líneas como filamentos de luz, y en la intersección de estas líneas, en ciertas áreas, había puntos luminosos.”

Hizo una pausa, cerrando de nuevo los ojos. “Sentí tres de estos puntos brillantes... eran como marcadores. Yo sabía que significaban áreas donde había cápsulas de tiempo adicionales o artefactos. Solo recuerdo haber visto claramente uno... el de Nuevo México. Los otros no eran distintos, pero diría que eran tres, o tal vez cuatro en total.”

“¿Puedes especificar la localización general de los otros sitios?” preguntó Branson.

“Creo que América del Sur, África, tal vez Europa del Este,” dijo lentamente Samanta. “No estoy segura. Por alguna razón, estaba enfocada en Nuevo México.”

“¿Viste el globo entero, Samanta?” preguntó Quince.

“No, no lo creo,” contestó. “Parece que solo había cuatro continentes visibles... norte y Sudamérica, África y Europa,” cerró los ojos otra vez.

“¿Sentiste si cada una de las marcas en la red significaban otra cápsula del tiempo?” preguntó Quince.

“Eso sentí.”

“¿Y sentiste si había más al otro lado del globo?”

“Quizás… pero no recuerdo haber pensado en eso,” dijo suavemente, casi como un murmullo.

“¿Había Reproducción durante el proceso?” preguntó Ortmann.

“Sí, pero no capturé nada,” contestó Samanta. “Olvidé ajustar la sensibilidad de captura porque tuve una imagen casi instantáneamente y asumí que la Reproducción estaba ajustada correctamente.”

“¿Así que nada se grabó?” preguntó Quince.

"No."

“¿Por qué no nos dices sobre las otras imágenes que viste?” sugirió Quince. Samanta carraspeó y se tomó otro sorbo de té. “Durante este mismo episodio, vi una imagen de lo que parecía un hombre alto, barbado, tipo humano. Sus ojos eran únicos, de ahí en fuera, podría pasar por la calle como un humano.”

“¿Qué tenían de raro sus ojos?” preguntó Quince.

“Tenían una mezcla de colores raros, y eran muy grandes. Muy penetrantes.”

“¿Te comunicaste con este ser?”

“Sí.”

“Cuéntanos de eso,” dijo Quince.

“Este ser me dijo que ellos eran los genetistas que crearon nuestro ADN. Que trataban de activar algo dentro de nuestro ADN que nos permitiría soportar una especie de cambio... un cambio genético. Y que esto era necesario porque necesitábamos defender nuestro planeta...”

“¿De qué?” Quince casi gritó, levantándose de su asiento.

Samanta se volvió vacilante. “De una raza extraterrestre.”

El salón se volvió incómodamente silencioso. Samanta quería tomar un trago de té, pero temía que se le derramara si lo hacía. Sus manos temblaban visiblemente.

“Quizás quieras mencionar por qué crees que el descubrimiento de la cápsula del tiempo fue un evento orquestado.” Se aventuró a decir Neruda, esperando llevar sus comentarios a otro tema.

Samanta se volteó a Neruda, consciente de que estaba bajo una presión para justificar su presencia en la junta. “Como ya consideraron probablemente,” comenzó, “el artefacto era muy selectivo. Nos probó a ambos,” se volteó de nuevo a Neruda, “a nuestra estructura molecular... o al menos así se sintió. Fue como si este artefacto hubiera sido programado para acceder a nuestros motivos y establecer nuestra aptitud para el descubrimiento. Afortunadamente, decidió en nuestro favor... aunque no estoy segura por qué.” Hizo una breve sonrisa que dio a conocer su nerviosismo.

“Sentí, y aun siento, incluso ahora, que cápsula del tiempo no es exactamente la descripción correcta de lo que hemos descubierto. Es mucho más grande que eso y sus creadores han codificado su verdadero propósito detrás de los glifos, el arte, los artefactos... detrás de todo. Estos son gesticulaciones, no la verdadera esencia de lo que tratan de comunicar.”

“¿Gesticulaciones?” repitió Quince.

“Quiero decir que son como aspectos exteriores,” respondió rápidamente Samanta, dándose cuenta de la naturaleza enigmática de su afirmación. “No creo que podamos decodificar algo, creo que ellos tienen un significado completamente diferente.”

“¿Y cuál crees qué es?” preguntó Quince.

“Siento que los artefactos, incluyendo el disco óptico… si eso es lo que es... serán imposibles de analizar, tal como el primer artefacto. Las pinturas no revelarán nada significativo. Y los glifos serán imposibles de decodificar.”

“¿Y por qué razón crees que hicieron esto?” preguntó Quince.

“Porque en el proceso de tratar de entender estos artefactos, hay algo más importante que lo qué son o qué hacen. Eso es lo único que tiene sentido para mí.”

“Bueno, en una cosa tienes razón,” dijo Quince, “Ellos decidieron ser enigmáticos por razones que no son obvias.” Se puso de pie y le dio más té a Samanta antes de que pudiera rehusarse.

“Samanta, has sido muy útil y agradecemos tu honestidad. ¿Por qué crees que el artefacto te haya escogido de la manera en que lo hizo?”

“¿A qué se refiere, señor?”

“Me parece que tú fuiste su contacto principal. Y sin embargo, no hay cintas de Reproducción o esfuerzos aparentes de tu parte para hacer contacto con él. En otras palabras, parece haberte escogido. ¿Por qué crees?”

“Supongo que por mis habilidades psíquicas..."

“¿Nada más?” preguntó con un tono amistoso.

“Eso creo.”

“Pero ¿cómo te sientes?”

Samanta hizo una pausa, preparando sus palabras antes de pronunciarlas. Su mirada se alzó al techo, como si buscara ayuda. “Nunca tuve oportunidad de usar la Reproducción. Me contactó antes de haber podido... quizás... no quería que nadie más viera estas imágenes.”

“¿Cuál crees que es el propósito de la Cápsula de Tiempo Extraterrestre?” preguntó Quince, mirándola intensamente como si leyera simultáneamente su cuerpo y mente.

“Tiene algo que ver con genes,” dijo Samanta con súbita convicción. “Es algo
importante y es algo que impacta a un gran número de personas.”

“¿Por qué un gran número de personas?” preguntó Branson.

Samanta miró directamente a su supervisor, sus ojos verdes intensos y vivos.

“¿Por qué más serían ellos tan cuidadosos sobre quién descubriría el sitio?” El salón se llenó de silencio. Por unos segundos, nadie dijo nada, como si ellos revisaran sus pensamientos a la luz de lo que había dicho Samanta.

Quince miró fijamente a Samanta. “¿Hay algo más que pienses que pueda sernos
útil saber?”

Samanta movió la cabeza. “No, no lo creo.”

Neruda carraspeó. “¿Su nombre?”

“Oh, sí,” dijo Samanta, “Ellos se hacen llamar Creadores de Alas.”

Nuevamente, el salón se llenó de silencio.

Quince golpeaba la mesa con los dedos. “Los WingMakers...” dejó suspendidas las
palabras en el aire y luego miró a Samanta. “¿Qué crees que significa?”

“No sé, señor,” contestó Samanta, viéndose un poco sorprendida de que le preguntara su opinión.

“¿Jamisson?”

“Me suena familiar en realidad, pero no sé por qué.”

“¿Ya hicimos una búsqueda?” preguntó Quince.

Neruda movió la cabeza lentamente y miró sus manos hacia abajo. “Me he concentrado en el disco óptico y el equipo de excavación. Lo siento.”

Quince sacó la consola por debajo de la mesa y presionó unas teclas. Tecleó la palabra WINGMAKERS con gran velocidad e hizo clic en buscar. Momentos después movió la cabeza y regresó la consola a su posición debajo de la mesa. “No hay nada en nuestra base de datos o en la red.”

Quince continuó golpeteando la mesa. “Jamisson, tú tienes una memoria tan perfecta como cualquiera que conozco, ¿cómo te puede sonar conocido este nombre y no recordarlo?”

“Tal vez fue almacenado en su subconsciente por el artefacto,” dijo Samanta, contestando por él.

"Hmmm" dijo Quince, asintiendo lentamente. “¿Nada más?”
Samanta miró a Neruda rápidamente y luego movió la cabeza. “No, señor.”

“Bien, te agradecemos mucho tu tiempo e información, Samanta. Puedes regresar a tu trabajo. Gracias.”

Quince se dirigió a la puerta al terminar de hablar y la vio irse rápidamente del salón.

Quince se quitó su suéter y lo puso con cuidado en el respaldo de su asiento y luego se sentó con cuidadoso estilo.

“¿Le crees?” preguntó Li-Ching.

“Creo que es honesta,” contestó Quince, evadiendo ligeramente la pregunta. “Estamos hablando de un encuentro con lo que podría ser un auténtico representante de la Raza Central.”

“¿Quieres decir, por la referencia de que son supuestamente los creadores de nuestro ADN, que son de la Raza Central?” preguntó Whitman.

“Eso, y el hecho de que depositaron una estructura dentro de nuestro planeta que parece más sofisticado que cualquier cosa que jamás hayamos visto... por un considerable margen, debo agregar. Quiero que nuestras contrapartes de Corteum estén enterados de este descubrimiento” dijo Quince, dirigiéndose a Whitman.

“¿Revelación completa?”

“Sí, están mejor informados que nosotros sobre la mitología de la Raza Central, tal vez ellos puedan detectar algo en todo esto que corrobore o exponga lo que hemos visto y escuchado hoy.”

Quince se dirigió a Branson. “Quiero que ella tenga un ascenso. ¿Está bien?”

“¿SL-Seis?”

“SL-Siete,” dijo Quince. “Necesitamos su lealtad reforzada. Ella es muy buena. Me gusta... pero tiene una debilidad en su lealtad. Es leal a su corazón, más que a nuestros ideales y misión. Lo que me parece interesante es que también teme a su deslealtad potencial y esto la hará más propensa a compensar en formas indeseables. Hazlo retroactivo al día primero del mes.”

“Hecho.”

“Ahora,” dijo Quince, volteándose al grupo con la taza en mano. “Quisiera escuchar sus ideas, teorías y opiniones.”

El salón se llenó con el sonido de los cuerpos cambiando de posición en los asientos de piel.
Neruda habló primero. “Quienquiera que sean, parecen saber sobre la profecía de 2011. Solo con eso, se da credibilidad a la historia de Samanta.”

“Si lo que dice Samanta es preciso, que debemos defender a la Tierra de extraterrestres, no significa necesariamente que se refieran a la profecía de invasión de 2011”. Dijo Ortmann.

Li-Ching se acomodó en su silla. “Tal vez una sesión de OR estaría en el orden.”

“Sobre los Creadores de Alas” Evans preguntó.

“¿Por qué no?” contestó.

“Dejaré que Neruda decida los protocolos de OR para el proyecto,” anunció Quince. “Pero no lleguemos a ninguna conclusión sobre la identidad de los Creadores de Alas y asegurémonos de mantener sesiones de OR a niveles uno dos. No quiero ningún otro contacto con esta raza, más de lo que sea absolutamente necesario. ¿De acuerdo?”

Todos asintieron obedientemente a su pregunta. “¿Qué más?” preguntó Quince.

“Si tiene razón sobre la importancia a gran escala de este descubrimiento,” ofreció Li-Ching,

“entonces tendremos presión interna para dar a conocer este descubrimiento al exterior. La implicación es que necesitaremos reforzar la seguridad y monitorear al personal más cuidadosamente. Yo sugeriría que limitemos el acceso al archivo de la Flecha Antigua a los miembros del Grupo Laberinto.”

“Hecho. Excepto por Samanta, quiero que continúe en este proyecto,” dijo Quince. “Se le permitirá el acceso al archivo sustituto, pero no a la versión del Grupo Laberinto.”

Quince tomó un largo trago de té y lo tragó con exuberancia. “Whitman, sé que te gustaría tener este proyecto bajo tu supervisión, pero en este momento no tenemos un entendimiento dinámico de esta especie y sus intenciones para justificar el liderazgo del PTT. Sin embargo, quisiera que supervisaras la dirección de base de datos sustituta y la creación del archivo, incluyendo todos los enlaces de conocimiento LAN/WAN. ¿Está bien?”

“Sí, entiendo completamente,” contestó Whitman sin sorpresa en su voz.

“¿Qué más?” dijo Quince. “Deben tener más que ofrecer, aparte de los aspectos de seguridad.”

Ortman carraspeó. “Ahora que vamos a recuperar veintidós artefactos adicionales de origen, valor y función desconocidos, ¿no sería necesario re-evaluar nuestras medidas de seguridad con el profesor Stevens y los estudiantes?”

“¿Qué sugieres?” preguntó Evans.

“El valor de este proyecto, al menos en mi mente, se ha disparado a un factor de diez con el descubrimiento de este sitio CTE. Tal vez este es el equivalente tecnológico del TPB... diablos, podría ser TPB. ¿Quién sabe? Solo digo que debemos asegurar su confidencialidad y tenemos tres cabos sueltos en Nuevo México que podrían crearnos problemas.”

“¿Qué estás sugiriendo?” preguntó de nuevo Evans, esperando forzar a Ortmann a ser específico.

“Sé que hemos puesto nuestras mejores barreras de seguridad alrededor de estas personas, pero hay variables que no pueden controlar ni nuestras mejores tecnologías.”

“¿Entonces qué quieres que hagamos?” preguntó Evans, empezando a mostrar frustración.

“Pienso que se debe ejecutar un encubrimiento de accidente para cada uno de los tres, te dejo a ti las especificaciones.”

Quince había estado escuchando intensamente. “Leonard, suena como que quieres liberarte de estos riesgos, pero quitarlos del camino, ¿no crearía más riesgos? Recuerda los recientes alegatos de McGavin”.

“Si me permiten agregar,” dijo Evans, “creo que los estudiantes representan más riesgo que Stevens. En el caso de Stevens, lo peor que puede hacer ya está hecho y nosotros manejaremos la discusión. No me preocupa. Los estudiantes son punto y aparte.”

“¿Cómo?” preguntó Quince.

“Hasta ahora han cooperado,” contestó Evans. “Pero solo por la influencia de Stevens. Y eso parece estar inseguro más y más debido a su reciente interacción con los matones de McGavin. Yo diría que podrían irse si obtienen algún apoyo de Stevens.”

“Entonces ¿por qué no matar a los estudiantes?” preguntó Li-Ching. “Puedo manejar todos los aspectos de comunicación con una ventaja de dos días”.

“La ventaja de un encubrimiento de accidente con los estudiantes,” continuó Evans, “es que sería un buen mensaje para Stevens. También podemos aprovechar la ventaja de plantar una ligera evidencia relacionándolos con sus muertes”.

Quince bajó su taza y cerró los ojos; nadie sabía si estaba aburrido o cansado. “¿Pueden traerme algunas recomendaciones específicas a mi oficina a las dieciocho horas?” hizo una pausa solo para un breve respiro, enfatizando la retórica naturaleza de su pregunta. “Quisiera un mínimo de tres escenarios, con orden de prioridad y quisiera definidas las implicaciones más probables. Oh, una cosa más. No estamos en el negocio de matar personas solo por el bienestar de la seguridad de este proyecto o cualquier otro. ¿Quedó claro?”

Li-Ching y Evans confirmaron su entendimiento silenciosamente. Todos los demás solo miraron.

“Autorizaré excepciones solo como última opción y sólo si claramente pone en riesgo nuestra agenda mayor. Estoy seguro de una cosa; la seguridad no será nuestro problema en este proyecto. Nuestro problema será la lealtad.” Se volteó a Neruda al terminar de hablar. “Por favor ten preparada la lista del equipo de excavación mañana al mediodía en mi oficina. Y quiero que esté incluido Evans. Trabaja con Whitaker y Ortmann para escoger al resto. ¿Está bien?”

“Sí, está bien, señor.”

“Muy bien,” dijo Quince y se levantó. “Supongo que no hay más preguntas o comentarios por ahora. Una vez más, gracias a Jamisson por el brillante reporte y pasar nuestros comentarios al equipo. Todos ellos merecen nuestra admiración por su excepcional trabajo.”

Neruda tomó torpemente sus materiales de presentación mientras todos salían en fila de la oficina de Quince, incluyendo Li-Ching. El sonido de la puerta cerrándose sobresaltó a Neruda al cerrar los broches de su maletín. “Hablé con Jeremy esta mañana,” dijo Quince, caminando a su escritorio con una sonrisa especial. “Estaba placenteramente sorprendido de escuchar sobre tus descubrimientos en Nuevo México. Le dije que quería que tú guiaras este proyecto hasta su conclusión. También le dije que quería que fueras promovido a SL-Trece.”

Hizo una pausa con una amable sonrisa. “Si estás de acuerdo, por supuesto.”

Neruda solo pudo asentir, confundido por el súbito honor.

“Esperaremos el cambio de estatus oficial hasta que Jeremy regrese de vacaciones, pero esta tarde informaré a los otros directores sobre tu aceptación. Evans te tendrá una nueva clave esta mañana. ¿Está bien?”

“Sí… lo que tú creas es mejor,” exclamó Neruda.

“Una última cosa, Jamisson. Lo que acabo de decir sobre la lealtad… quiero que mantengas relacionada a Samanta en este proyecto, pero obsérvala con cuidado. Tenemos mucho en riesgo en este proyecto para dejar que ella, o cualquier otro, pierda de vista los objetivos de la misión.”

“Estoy de acuerdo y lo haré, señor,” dijo Neruda. “La estaré observando.”

“Bien. Sé que harás tu mejor esfuerzo,” dijo Quince.

“Si no te molesta mi pregunta,” dijo Neruda, “¿qué dijo Jeremy?”

“¿Sobre tu ascenso?”

“Sí.”

“Algo acerca de que estás muy joven para ser un SL-Trece. Creo que dijo algo sobre de que él tenía cincuenta y dos años cuando alcanzó esa elevada responsabilidad,” dijo Quince con un guiño. “Pero también estuvo complacido de aceptar mi sugerencia, y ya conoces a Jeremy, de no estarlo, no hubiera dicho eso.”

Neruda sonrió y movió la cabeza en acuerdo. Su superior definitivamente era tan independiente como brillante. Era el director que podía y se hubiera resistido a Quince si estaba en completo desacuerdo con él.

“Gracias por tu confianza en mí,” dijo Neruda al dirigirse a la puerta. “De veras te lo agradezco.”

“De nada.”

Neruda abandonó la oficina de Quince con un extraño sentimiento de que la advertencia sobre Samanta también se refería a él. Pero a pesar de su sentido intuitivo, estaba optimista por su ascenso. Solo deseaba que hubiera alguien más a quien pudiera decirle, aparte de su personal.

* * * *

El laboratorio de la ACIO estaba bañado en luz de alógeno proveniente de un arreglo de focos que colgaban del techo. Dentro de cada instalación había una cámara de vídeo de circuito cerrado en miniatura. Las luces estaban posicionadas estratégicamente para que se pudiera observar cada centímetro cuadrado del laboratorio, una realidad que siembre disgustó a Neruda.

En el ojo electrónico de cada cámara estaban establecidos Sistemas de Detección de Patrón Cuadriculado, que podían detectar actividad anómala y alertar a seguridad. Por eso Neruda tenía que contactar a Seguridad para entrar al laboratorio después de las 8:00 p.m.

El laboratorio fue confinado con el más rígido perímetro de seguridad que tenía la ACIO. En las mejores circunstancias, tomaba mucho tiempo entrar, pero esta noche, Neruda estaba perdiendo la paciencia porque Seguridad no contestaba el teléfono.

Luego del tercer intento, decidió rendirse. Tomó el elevador del laboratorio, la cual era la única forma de entrar al laboratorio. El perímetro de seguridad podía detectar Huellas Corporales y determinar su rango de seguridad. No había escudriñador de retina o tarjetas de seguridad.

Al abrirse las puertas del elevador en el decimosexto piso, el cual albergaba al gigantesco laboratorio, Neruda se empezaba a preguntar si debía intentar llamar una vez más. Decidió no hacerlo. Él era un SL-13. Al diablo, concluyó.

La puerta del perímetro exterior se abrió sin vacilar, por lo que entró con similar confianza. Quince era un admirador de las artes y virtualmente había demandado que se adornara cada pared y rincón inusual con pinturas y esculturas. Ver originales de Gauguin, Kandinsky y Miro era un contraste estimulante como compañía de las tecnologías más avanzadas del mundo.

a la puerta principal y se abrió con el silencioso sonido de hidráulicos de aire comprimido. La puerta misma era a prueba de fuego, balas, bombas y resistente a los abridores de candados hasta de los estilos más sofisticados.

Neruda caminó rápidamente a través de una antesala iluminada intensamente. Estaba impaciente de ir con Andrews y ver los resultados de las pruebas iniciales del artefacto encontrado en la cámara 23. Otra puerta le esperaba hacia un pequeño corredor que tenía el acceso a los baños y al comedor.

"Dr. Neruda," sonó una voz en el pasillo directamente sobre su cabeza vía el sistema PA, “no tenemos registro de solicitud de permiso para visitar el laboratorio después de horas de trabajo. Verifique por favor.”

Neruda se detuvo con frustración e hizo una mueca descortés a la bocina del techo. “Traté de llamarles tres veces hace sólo quince minutos. Nadie contestó el teléfono. ¿Hay algún problema?”

“No hay problema, señor,” contestó la voz. “Solo verificando las entradas para el registro. Que tenga buenas noches, señor.”

“Ustedes también," dijo Neruda con un suspiro de frustración. Odiaba la naturaleza entrometida de la seguridad.

De nuevo, Neruda fue saludado por el sonido de la apertura automática de la puerta al acercarse. Una cámara examinó la entrada al laboratorio, pero no era visible. Neruda no sabía dónde estaba escondida, pero sabía que estaba en la mira, aunque sospechaba que nadie observaba.

Entró al Laboratorio de Análisis por Computadora (CAL), el cual era el más grande de los salones del laboratorio principal. Al CAL se le conocía como el hogar del sistema computacional más poderosa de la ACIO, ZEMI, el cual se había creado conjuntamente entre el núcleo científico de la ACIO y los Corteum, una raza extraterrestre que había tenido un programa de transferencia de tecnología secreto con la ACIO durante los últimos 27 años.

Los procesadores del ZEMI eran aproximadamente 400 veces más poderosos que las mejores supercomputadoras de la Tierra. Su sistema operativo estaba ajustado a cuatro individuos, cada uno con rangos de seguridad de diez o más. Estos cuatro operadores eran los operadores exclusivos de ZEMI, y hasta Quince tenía que depender de uno de estos tipos para interactuar con ZEMI, si decidía usarlo.

"Hola," dijo Andrews.

“¿Cómo van las cosas?”

“Podrían estar mejor,” contestó Andrews, hurgando unos papeles. “Podría estar sentado en casa viendo Golden Eyes, ahogándome en margaritas y comiendo alguna exótica pizza con pimiento rojo de Chile."

“En comparación, suena aburrido,” comentó Neruda. “Diablos, no puedo sacar nada de este reporte," se quejó Andrews. Se volteó a un panel de monitor frente a él. En la pantalla estaba la imagen de un hombre cerca de sesenta años, sentado en una silla de piel de respaldo alto. El monitor era el único medio de comunicación con los operadores de ZEMI, que estaban aislados en cuartos de control especiales que los protegían de frecuencias electromagnéticas y trastornos síquicos.

“David, ¿podrías intentar algo inusual?”

“¿Qué tienes en mente?” preguntó la cara en el monitor.

“Trata de variar el ángulo del láser lector en una secuencia arbitraria y simultáneamente variar la velocidad de giro.”

“¿Qué estás buscando?”

“¡Un maldito punto de acceso! Necesitamos encontrar la correlación de ángulo y velocidad. Está fuera de nuestro rango estándar. Así que necesitamos expandir nuestro rango. ¿Puedes hacerlo?”

“Sólo dame los parámetros,” dijo la cara.

“Todo ángulo y velocidad de giro concebible fuera de nuestro rango estándar,” dijo Andrews. “¿Basta con esa especificación?”

"No."

“¿Entonces puedes calcular los parámetros?”

“Sí.”

“¿Cuánto tiempo tomará?”

“Están en monitor ahora,” dijo la cara.

“Quiero decir, ¿cuánto tiempo se necesitará para las pruebas aleatorias?”

“¿Quieres que las correlaciones de ángulo y velocidad de giro se prueben exhaustivamente o arbitrariamente?”

“Exhaustivamente. ¿Hay alguna otra forma?”

“¿Requerimientos para prueba de ciclo?”

“En esta primera ronda, probemos dos segundos.”

“Tomará al menos dos horas,” dijo la cara.

“Bueno, andando,” ordenó Andrews. “Estoy cansado.”

El hombre en el monitor cerró los ojos. Siete filamentos delgados de cristal salieron hacia una banda negra en su cabeza que iba de la parte central de la nuca al centro de la frente, sobre la base de la nariz. Estaba completamente calvo, uno de los sacrificios que tenían que hacer los operadores de ZEMI. La banda de la cabeza se llamaba Bolómetro Neural, y traducía la energía radiante de la actividad cerebral del operador a la estructura de comando del sistema operativo de ZEMI – conectándolo efectivamente al poder computacional de ZEMI a través del pensamiento y visualización.

“Entonces, ¿nada que reportar?” preguntó Neruda, esperando sacarle algo a Andrews.

"Zippo."

“Me gusta el enfoque que estás tomando,” dijo Neruda. “Es completamente lógico.”

Hizo una pausa y sonrió. “Estoy seguro de que algo ocurrirá en los datos de prueba.”

“Yo no.”, Andrews se encogió de hombros. "¿Por qué el pesimismo?" “Si es un disco óptico y quisieran que lo leamos, creerías que lo hubieran hecho más similar a nuestros estándares.”

“Recuerda que esta cosa la dejaron hace mil años, un poco antes...”

“Diablos, ya lo sé,” se quejó Andrews. “Pero estoy cansado de que estos malditos artefactos sean tan invulnerables a nuestras pruebas. No puedo pensar otra cosa sino que nos hacen perder el tiempo solo porque pueden hacerlo.”

“Tenemos solo un día con esta cosa en el laboratorio. Recuerda que te tomó tres días penetrar en el dispositivo guía. Espera uno o dos días más. Ya cantará. Lo verás.”

Andrews oprimió de nuevo el botón de comunicación. “David, ¿puedes hacerme un favor?”

“¿Sí?”

“Cuando tengas los resultados de la primer ronda, si resultan negativos, prueba tiempos de ciclo de diez segundos. Cuando esté completo, agreguemos una tercera variable, el diámetro del láser. Haz variaciones a los menores incrementos posibles y el rango más ancho posible. ¿Está bien?”

“Correcto.”

Andrews cambió el botón a la posición de apagado y volteó a ver a Neruda. “Me voy a casa. Disculpe que tenga este estado de ánimo de tontos, Jefe. Estoy frustrado de que esta cosa sea tan callada.”

“Ve a casa y relájate,” lo animó Neruda. “Pronto abrirá la boca, y cuando lo haga, serás de los primeros que lo oiga cantar.” “Espero que tengas razón, pero tengo el firme presentimiento de que esta porquería no va a cantar pronto.”

“Ya veremos,” dijo Neruda. “Saldré contigo.”

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