Plantas Beneficiosas y Descontaminantes

Para la salud y el medio ambiente

Rachel Frély


Hoy en día se admite que, junto al aire exterior, la calidad del aire interior de los edificios es un factor determinante para nuestra salud y calidad de vida.

El modo de vida contemporáneo nos lleva a pasar la mayor parte del tiempo en espacios cerrados, donde hay muchas fuentes contaminantes: el humo del tabaco, los aparatos de calefacción y de combustión, los materiales de construcción, el mobiliario y la decoración, los productos de mantenimiento y limpieza, de cosmética y de higiene personal… Sin olvidar los contaminantes biológicos y fisicoquímicos.

Sin embargo, existe una solución a la vez simple, viva y decorativa: recurrir a las plantas descontaminantes para depurar el aire que respiramos.

El objetivo de esta obra (el libro Plantas Beneficiosas y Decorativas de Rachel Frély) es ayudarte a elegirlas bien en función de tus necesidades: cómo identificarlas, cómo cuidarlas, conocer su utilidad exacta y saber dónde colocarlas para que tengan la mayor eficacia posible.

¡Ahora te toca a ti jugar… y transformar tu hogar en un espacio de serenidad y bienestar!

Rachel Frély dirige la revista Plantes et Nature. Periodista especializada en salud, nutrición, homeopatía y plantas medicinales, ha escrito numerosos libros y también es autora, junto al biólogo Oliver de La Roque, de obras relacionadas con la jardinería natural y las plantas afrodisiacas.



Plantas descontaminantes




Anexos


Anexo 1: Las plantas descontaminantes pueden ser alergénicas y/o irritantes


Las plantas descontaminantes tienen propiedades asombrosas, pero pueden resultar peligrosas. Ten cuidado, porque numerosas plantas descontaminantes son tóxicas, algunas de ellas son irritantes y pueden provocar irritaciones cutáneas (eczema), y otras pueden resultar alergénicas y pueden causar problemas respiratorios, alergias u otros trastornos más o menos graves.

¿Qué es una planta alergénica?


Una planta alergénica es la que desencadena una reacción fisiológica anormal como consecuencia del contacto con un alérgeno que la planta produce. Esta reacción se traduce principalmente en manifestaciones cutáneas (rojeces, picores o pápula, etcétera) o respiratorias (rinitis, congestión pulmonar, asma, etcétera).

En un primer momento se produce una fase que se llama de sensibilización, que corresponde al momento en que el organismo entra en contacto con el alérgeno. En esta primera fase, el sujeto no manifiesta ninguna respuesta anormal. Más tarde, la segunda fase se corresponde con una verdadera reacción alérgica. Se trata de una reacción desproporcionada del sistema inmunitario cuando el organismo entra de nuevo (o continúa) en contacto con el alérgeno.

Una alergia es una reacción que se puede considerar extraordinaria (en el sentido etimológico del término) frente a una alérgeno al cual el organismo ya está sensibilizado. Al producirse el segundo contacto con este alérgeno, la reacción inmunitaria es tan violenta que se convierte en nociva para el organismo. Ahora bien, en la actualidad, cada día estamos en contacto con cada vez más alérgenos, lo que nos hace más vulnerables y más sensibles a ellos. De hecho, en el 84% de los casos de alergias en adultos, los alérgenos son de origen vegetal. Pueden provocar manifestaciones cutáneas (eczema, urticarias, rojeces, etcétera) o respiratorias (asma, fiebre del heno, etcétera).

¿Qué es una planta irritante?


Una planta irritante provoca lo que se llama una dermitis irritante, es decir, una reacción inmediata de la piel tras el contacto con la zona irritante de la planta (flor, hoja, tallo, bulbo). Este tipo de reacciones no es, por tanto, de origen alérgico.

La irritación puede ser mecánica (pelos, espinas, ganchos, etcétera). Es lo que ocurre, por ejemplo, con la chumbera, cuyos pequeños aguijones especialmente finos situados en la superficie de los tallos penetran en la piel al menor contacto y desencadenan una reacción inflamatoria, así como la formación de micropápulas pruriginosas.

Otra posible fuente de irritación puede ser una sustancia química contenida en la planta a la cual la piel reacciona de inmediato. Algunos vegetales contienen, por ejemplo, cristales de oxalato de calcio. Presentes sobre todo en el bulbo y las raíces, estos últimos provocan rojeces y eczema.

Finalmente, la irritación puede provenir del jugo lechoso (o látex) contenido en las hojas o el tallo de la planta. El ficus (Ficus benjamina), por ejemplo, una planta descontaminante muy habitual en nuestros hogares, puede ser muy irritante si se entra en contacto con la savia lechosa de su tallo o sus hojas. Los componentes tóxicos de este látex son, en efecto, sustancias vesicantes y corrosivas para la piel y las mucosas. Lo mismo ocurre con los vegetales de la familia de las Euforbiáceas como el crotón.

Precauciones que hay que tomar


Utiliza guantes protectores para manipular las plantas, en especial cuando las cambies de maceta. No emplees la esponja que usas para limpiar y sacar brillo a las hojas para ninguna otra finalidad. En caso de alergia conocida a una planta, sobre todo no la tengas en tu casa.

Anexo 2: Tabla de las principales fuentes de contaminantes





Anexo 3: Tabla de las plantas más descontaminantes



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